Pidcock nació para esto, Valero cumple su sueño: el MTB nos da un bronce en Tokio
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Van der Poel protagonizó una fea caída

Pidcock nació para esto, Valero cumple su sueño: el MTB nos da un bronce en Tokio

Pidcock triunfó en la prueba de bicicleta de montaña, aunque el español David Valero fue la sorpresa de la jornada en los Juegos Olímpicos logrando la segunda medalla de nuestro país

placeholder Foto: Tom Pidcock, Mathias Fluckiger y David Valero, en la entrega de medallas. (Reuters)
Tom Pidcock, Mathias Fluckiger y David Valero, en la entrega de medallas. (Reuters)

Tom Pidcock es pequeñajo, talentoso y suda chulería barata cada vez que sale a entrenar. Si viviese en 'Trainspotting', sería Francis Begbie. ¿Mafioso? Pues Thomas Shelby. ¿'Harry Potter'? Vamos, no me jodas, qué pinto yo en 'Harry Potter', oiga...

Y eso, que Pidcock tiene sus cosillas, pero también es bueno. Muy bueno. Buenísimo. Tanto como para ganar dos veces la París-Roubaix en categorías inferiores midiendo, a ojo, lo mismo que Martín Farfán. O el Giro de Italia atacando como un Aston Martin cuesta arriba. Tanto como para casi ventilarse la Amstel este año, destacar en CX, en MTB, por la ruta. No me lo pierdan de vista durante la próxima Vuelta a España... Igual el chico se nos descubre aún más.

placeholder  Tom Pidcock, medalla de oro en MTB. (Reuters)
Tom Pidcock, medalla de oro en MTB. (Reuters)

Ah, desde hoy Tom Pidcock, a punto de cumplir los 22 añucos, natural de Leeds, es medalla de oro en MTB. Medalla de oro olímpica. Menudo botín.

La carrera venía mediatizada por un nombre. Mathieu van der Poel. Ocurre siempre que está el holandés por medio, ya sea máximo favorito (como en un montón de pruebas), animador de hotel (como en el Tour) o tipo que pasa por ahí (esto no ocurre casi nunca). El mozuco está empeñado por hacer cosas imposibles (o, al menos, inéditas). Campeón del mundo en tres disciplinas del ciclismo (le faltaría velódromo, BMX y robo mediante procedimiento del tirón). Medalla olímpica en aquella que, 'a priori', le parece más ajena. Miss Universo, portador del Anillo Único, reunir las seis gemas del infinito. Todo eso.

Digamos que esta vez su elección parecía menos estrambótica que en otras ocasiones, porque sus posibilidades en ruta eran escasas (aunque vaya usted a saber) y para crono no mucho más (aunque vaya usted a saber). Así que los ojillos puestos en él, porque lo de ser 'vedette' hay que llevarlo con orgullo, como Norma Duval.

Foto: Dura caída de Van der Poel en Tokio

Duró poco el asunto. Caída. Muy dura, muy fea. Error de principiante, pensamos todos. Hay que montar tija telescópica, macho. Hay que tirar de manillar, colega. Hay que ir más atento, guaje. Luego la cosa se nos fue atenuando, porque salieron unas fotos de ese mismo punto en días previos, y allí había rampa de bajada en lugar de abismo nietzscheano. “Era solo para los entrenos”, dicen desde la organización. “Nos dijeron que lo iban a quitar cuando se hiciese la carrera”, cuentan todos los demás participantes. Entonces le pueden buscar ustedes todas las explicaciones que quieran. Falta de concentración, exceso de confianza. Déficit técnico no, porque el chico ha demostrado ampliamente estar más que preparado para estas cosas (vamos, que no tiene relación alguna con el esperpento de Sagan un lustro atrás). Pero eso... No va ni una vuelta y descartado para todo. Luego acabaría abandonando. Nos vemos en París.

(Ojo, no somos ventajistas... A Van der Poel le queremos por cómo es y por intentar estas cosas. A veces le salen... Muchas veces le salen, muchas más de lo que sería normal en un tío normal... Solo que él resulta extraordinario. Hoy iba con tijera y le sacaron piedra. Aplauso y nos mediremos en otras parecidas).

Por delante, las habichuelas entre grandes nombres. Dos que se destacan pronto. Tom Pidcock, Mathias Flückiger. Británico y suizo, Ineos y Thömus RN. Ambos hacen camino por un circuito que, a ratitos, parecía lleno de trampas para osos, lazos de cazar caimanes y hasta dos o tres francotiradores disparando ardillas. Curvas con tierra muy suelta, rocas por doquier, subidas asfixiantes y bajadas donde técnica y gónadas sumaban casi por igual. En una de ellas precisamente es donde puso distancia Pidcock. 'Oh, yeah', qué bien me va a quedar la medalla en casa. Oro él, plata el suizo.

Foto: David Valero celebra entre lágrimas su medalla de bronce. (Reuters)

Por detrás... sorpresas. El MTB es una actividad reciente. Dicen que si fue a finales de los setenta cuando unos 'hippies' californianos (de hecho, son 'hippies' por californianos, en Valderredible se les llama “raritos que huelen siempre a porro”) empezaron a meter bicis por caminos sin asfaltar cada vez más y más salvajes. Como sus máquinas no eran válidas para eso, hicieron dos o tres arreglos aquí, una soldadura allá, ten cuidado que no me salten chinas a los ojos. De ahí a la competición... un paso. Deporte juvenil, adrenalínico, 'cool'. Debut olímpico en Atlanta, dónde si no. Memoria tierna.

Que ha dado mitos, claro. Uno de los mayores (quizás el magno, junto con Absalon) es Nino Schurter. Suizo, inabordable durante dos décadas. Tres medallas olímpicas (las tiene de todos los colores), 12 veces campeón del mundo, ocho visitas más al podio. Hubo un tiempo en que nadie podía seguir a Schurter. Todos los circuitos parecían ser perfectos para él (que es lo que pasa con los superclase), cada tipo de carrera se le adaptaba perfectamente (que es lo que pasa con los superclase). Ahora llevaba una temporadita más apagado, pero nadie se fía del campeón... Quizá está preparando el día D y la hora H. Son tan jugosos unos Juegos Olímpicos...

Y pam... Schurter delante. ¿Qué os dije? Por allí pululan también Cooper y Koretzky. Ellos tres se van a jugar el tercer puesto del podio, que siempre da gustito un bronce.

Solo que no. Que igual no. A lo mejor hay otro en la arena. Viene remontando de manera alucinante, pasando tipos como si fuesen colillas que los urbanitas van dejando por el bosque. Todos medio cadáver entre el calor, la humedad y ese recinto tan puñetero. Pero él no.

placeholder David Valero celebra su bronce en los Juegos Olímpicos. (Reuters)
David Valero celebra su bronce en los Juegos Olímpicos. (Reuters)

Él se llama David Valero, tiene 32 años y es de Baza. Vamos, que se tira media existencia allá por Sierra Nevada, buscando metros de altitud y pistas donde machacarse. Alto, delgadito, perfil discreto en un deporte donde los perfiles discretos son bastante raros. Bien curtido en el circuito nacional, apariciones esporádicas entre los mejores del mundo. Noveno en Río, bronce europeo en Glasgow. Nadie contaba con él, para qué engañarnos. Pero es que aprieta que da gusto. Hasta los mecánicos de la selección lo notan, y animan a David con palabras petrarquianas (bendito sonido ambiente). “Vamos, David, recuerda el Canto XV de la Ilíada que tanto hemos repetido”, escuché con claridad (otros, malintencionados, traducen los gritos por un más escueto “dale, mecagüendios”, pero yo mantengo mi tesis).

El caso es que el tío llega donde los tres que persiguen a los dos ya dentro de la última vuelta. Y los pasa, porque a estas alturas Valero va en MotoGP y los demás participantes llevan Vespa con flores y una barra de pan en la cestita. A su rueda se pega Nino Schurter, que es un mito, pero hasta los mitos tienen límites, y el suyo estaba muy cerca esta mañana. Esprint que no es ni esprint y medalla. Valero, que llegó a ir vigesimosegundo en la primera vuelta, se sube al cajón. Entró llorando, como es menester en estas situaciones.

Enhorabuena a todos ellos. A los jóvenes, a los menos jóvenes. A quienes salieron bien, a los que remontaron. Premio excelso. Si no pudieron lograr el objetivo... bueno...

Siempre nos quedará París.

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