competirán bajo la bandera olímpica y una propia

Las historias de los diez refugiados que participarán en los Juegos de Río

Por primera vez en la historia de los Juegos Olímpicos, un equipo de refugiados de todo el mundo formarán equipo bajo una bandera que servirá como símbolo de la unión de los pueblos

La guerra en Siria, Sudán o Congo ha obligado a millones de personas a buscar refugio en países de paz durante años. En zonas donde no caen bombas a diario, donde poder tener una vida tranquila sin miedo a perderla en cualquier instante. Entre todas esas almas, hay policías, bomberos, albañiles,... y también deportistas de élite que tienen, como objetivo, participar en unos Juegos Olímpicos.

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Algunos de ellos han logrado el sueño. Diez deportistas refugiados estarán en Río de Janeiro, pero sin pasear bajo las banderas de sus países, que no cuentan con representación oficial. Esta decena de personas caminará en la jornada inaugural bajo la bandera olímpica, pero también al lado de una bandera negra y naranja que simboliza la unión de todos aquellos que han tenido que marcharse de su país movidos por el instinto más básico: sobrevivir. "The Refugee Nation", se llamará su 'país', un proyecto promovido Amnistía Internacional.

Desde este organismo señalan que dar una bandera y un himno a personas que han huido de sus países sirve para reivindicar que cada ser humano "tiene el derecho de tener un sitio al que llamar hogar". Una bonita idea que también tiene como fin mostrar el terror que sufren los refugiados en un evento tan importante como unos Juegos Olímpicos.

El equipo de refugiados ya está en Río (UNHRC)
El equipo de refugiados ya está en Río (UNHRC)

La bandera bajo la que caminarán tiene los colores de un chaleco salvavidas y ha sido diseñado por la artista Yara Said, una refugiada siria que se ha instalado en Holanda para poder proseguir con su trabajo. Una prenda que ella misma tuvo que utilizar para cruzar el mar. "Es un símbolo de solidaridad con esas almas valientes que se han jugado la vida para sobrevivir", dice la artista sobre su creación.

Desde Amnistía Internacional quieren que el COI reconozca como oficial tanto la bandera como el himno, sin eliminar bajo ningún concepto los símbolos olímpicos. "Queremos que nuestra bandera se vea junto a la bandera olímpica como mensaje de unidad", dicen desde Amnistía Internacional.

“Su participación en los Juegos es un tributo al valor y la perseverancia de todos los refugiados para superar la adversidad y construir un futuro mejor para ellos y sus familias”, asegura el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi. 

¿Quiénes son los atletas refugiados?

Detrás de cada uno de los diez deportistas refugiados que participarán en los Juegos Olímpicos hay una gran historia que contar. Una vida repleta de superación y de momentos verdaderamente duros que no han servido como obstáculo para cumplir su sueño de vivir del deporte. En Río 2016 tendrán el mejor escaparate posible para hacerse conocidos y poder firmar con marcas que les permita ganar dinero y salir de la situación de pobreza en la que algunos viven.

James Nyang Chiengjiek (Atletismo, Sudán del Sur): perdió a su padre con 11 años, un soldado que luchó en la Segunda Guerra Civil del país. Dos años más tarde, abandonó su tierra y fue a Kenia para evitar ser reclutado como niño soldado. Comenzó a correr descalzo o pidiendo zapatillas prestadas para hacerlo. "Tenía muchas heridas por llevar un calzado inadecuado"

Yiech Pur Biel (atletismo, Sudán del Sur): Huyó de la guerra de su país en 2005 y se instaló en un campo de refugiados al norte de Kenia, donde entrenó sin zapatos durante años. Por supuesto, tampoco había gimnasio para potenciar sus cualidades. Además, la complicada climatología del país hace que entrenar durante las horas de sol sea una odisea. Correrá los 800 metros para "demostrar a los refugiados que hay oportunidades y esperanza en la vida".

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Anjelina Nadai Lohalith (atletismo, Sudán del Sur):  competirá en los 1.500 metros después de huir a Kenia desde Sudán del Sur. Lleva sin saber de sus padres desde que huyó de su casa hace quince años. Quiere ayudar a sus progenitores, que siguen vivos según las noticias que le llegan. Será un escaparate para ella, que quiere competir a nivel internacional y ganar dinero. Tiene a su padre en la mente: "Quiero ganar premios para construir a mi padre una casa mejor".

Paulo Amotun (atletismo, Sudán del Sur): era un joven pastor en Bentiu cuando la guerra se hizo dueña del país de forma definitiva. Por ello huyó a un campo de refugiados en Kenia, donde vive y entrena actualmente. "Antes de venir aquí, ni siquiera tenía zapatos", dice el atleta, que competirá en los 1.500 metros en Río de Janeiro. Su objetivo es muy claro: conseguir "un buen resultado" para poder "mantener a su familia".

Ramis Anis (natación, Siria): "La natación es mi vida y la piscina es mi hogar", dice. Palabras suficientes para saber la importancia que tiene el deporte para este joven sirio de 25 años. Debido a la guerra, sus padres le mandaron a Estambul con su hermano mayor, donde entrenó en el club Galatasaray. Pero al no tener la nacionalidad turca, no pudo competir. Por eso decidió huir hacia occidente: se montó en un bote hinchable y acabó en Samos (Grecia). Después, viajó a Gante donde se entrenó con Carine Verbauwen, nadadora olímpica.

Nyang Chiengjiek durante un entrenamiento (UNHRC)
Nyang Chiengjiek durante un entrenamiento (UNHRC)

Yolande Mabika (judo, Congo): Esta deportista vive en Brasil después de una vida repleta de abusos. Fue separada de su familia durante los combates en el este del país y estuvo sola hasta que un helicóptero de rescate la llevó a Kinshasa, la capital. Se hizo judoca profesional y compitió a nivel internacional representando al Congo, pero los abusivos métodos de su entrenador le hicieron huir durante el Mundial de Brasil sin papeles y sin dinero. Cuando perdía, la enjaulaban durante días y su entrenador le limitaba el acceso a comida. “Espero que mi historia sea un ejemplo para todo el mundo. Quizás mi familia me verá y podamos volver a reunirnos”.

Yusra Mardini (natación, Siria): Huyó de la guerra por mar hacia Turquía cuando su embarcación, en la que viajaban otras veinte personas, comenzó a llenarse de agua. En ese momento, la ahora nadadora olímpica no se lo pensó dos veces: se lanzó al mar junto a su hermana Sarah y arrastraron la embarcación hasta la isla de Lesbos (Grecia). Ella representó a Siria en el Mundial de Natación de 2012, por lo que para ella "hubiese sido vergonzoso que se hubiese ahogado alguien" del bote en el que viajaba. Llegó a Alemania en septiembre de 2015, donde entrena en un club de Berlín. Con apenas 18 años, participará en los 200 metros libres.

Rose Nathike Lokonyen (atletismo, Sudán del Sur): Terminó en un campo de refugiados después de huir de su país natal. Tiene un talento natural para el atletismo: hace un año ni competía y durante sus primeras carreras, lo hizo sin zapatillas. Sus enormes cualidades hicieron que fuese llevada a Nairobi, donde hay un campo de entrenamiento para preparar los Juegos Olímpicos. Además de ganar dinero, cree que la cita de Río sirve para inspirar a los demás. "Si logro mi objetivo, quizás pueda regresar y organizar una carrera para promover la paz y unir a la gente". Correrá los 800 metros.

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Popole Misenga (judo, Congo): Después de separarse de su familia durante la guerra en Kisingani, fue rescatado después de haber estado ocho días escondido en un bosque. "El judo me lo ha dado todo y me ayudó a tener serenidad, disciplina y compromiso", dice el deportista. Se hizo atleta profesional, pero su entrenador le dejaba encerrado en una caja durante días sin más comida que pan y café. De ahí que en los mundiales de Río en 2013 presentase una solicitud de asilo. "Pensé que podía quedarme en Brasil para mejorar mi vida".

Yonas Kinde (maratón, Etiopía): “Normalmente, me entreno cada día, pero cuando escuché que habría un equipo de refugiados, comencé a entrenar dos veces al día, todos los días, teniendo los Juegos Olímpicos como objetivo. Es una gran motivación”. Huyó de su país, aunque no cuenta los motivos. Le resulta demasiado difícil: "Para mí es imposible vivir allí... es muy peligroso". Vive en Luxemburgo y combina sus entrenamientos con la profesión que le permite vivir: la de taxista. 

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