LAS INSTALACIONES SON LAS MEJORES DE RUSIA

España se aísla en Krasnodar, un infierno de coches y calor sin atractivo turístico

La federación ha primado las instalaciones deportivas sobre la ciudad, demasiado industrial para acoger un evento como el Mundial de fútbol

Foto: Krasnodar, a vista de pájaro. (Krasnodar)
Krasnodar, a vista de pájaro. (Krasnodar)

Ya sabemos que las apariencias engañan, pero en esta ocasión se trata de una estafa cometida con alevosía. Si observan la imagen superior de Krasnodar, sede de la Selección española para la primera fase del Mundial, verán un colorido paisaje con el río Kubán en todo su esplendor y las nuevas construcciones orientadas al turismo. Los registros rusos dicen que esta es la segunda ciudad con mayor calidad de vida del país, pero a pie de calle la realidad es bien distinta, al menos para un occidental.

La ciudad que se va a encontrar el equipo nacional, que aterrizó anoche en un vuelo privado de Air Europa, es un enjambre de coches y polución que supera los 30 grados en esta época del año con facilidad. Olvídense de las calles adoquinadas con tiendas de marcas conocidas y de las terrazas en placitas. El centro de Krasnodar, capital de los cosacos, son cinco calles surcadas por el tranvía. Un ciudadano en silla de ruedas no puede cruzar la calle porque las vías se lo impiden, tan sencillo como eso. Hay un parque, una noria y alguna plaza de aspecto soviético. El resto, las calles de acceso, son autopistas de ocho carriles permanentemente atascadas por las que el viandante solo puede avanzar cabizbajo tapándose las vías respiratorias. Una de esas ciudades que Google Maps te dice once minutos en coche y una hora y ocho minutos andando (esto es literal). En resumidas cuentas, coja todas las tendencias de urbanismo occidentales de las últimas dos décadas, interprételas al revés y tendrá una imagen aproximada de Krasnodar.

La avenida Ulitsa Severnaya, uno de los accesos al centro. (A. P.)
La avenida Ulitsa Severnaya, uno de los accesos al centro. (A. P.)

Las estrechas aceras a menudo están truncadas por árboles, anuncios e incluso postes de alta tensión. No hablo de postes de madera, sino de esos enormes que se pueden ver en las carreteras españolas; aquí están en mitad del paso, a pocos metros de los edificios de oficinas, delimitados por unos minúsculos setos, como si tocar esas instalaciones no fuera increíblemente peligroso. Los trabajadores, impávidos, bajan a fumar justo debajo, alentados por el zumbido del discurrir eléctrico. "No pasa nada, no conozco a nadie que haya enfermado por estos cables", dice un trabajador de Sun City, una potente empresa local de persianas.

España se aísla en Krasnodar, un infierno de coches y calor sin atractivo turístico

Sí, de persianas. Krasnodar es prolija en comercios que en España hace tiempo que no vemos, como las tiendas de motosierras, los cibercafés o las de fundas para el móvil, un negocio en la cresta de la ola para los rusos. El choque cultural se percibe en todos los aspectos, desde los dibujos para niños -quienes, por cierto, caminan solos entre autopistas con cinco o seis años- hasta la publicidad: el anuncio más popular ahora muestra a una mujer de mediana edad, con cara dolor, mientras de fondo se escucha una ópera sobria, quizá de Wagner, hasta que entra en el cuarto de baño. Entonces sale un fulgor rosáceo tras la puerta y reaparece la señora bailando salsa al ritmo de 'Chihuahua'. Cada vez que la ponen en un videowall callejero, un puñado de gente se arranca a danzar. Es de un laxante, claro.

Una torre de alta tensión en mitad de la acera. (A. P.)
Una torre de alta tensión en mitad de la acera. (A. P.)

Otra sorpresa que se encontrará la delegación española es que aquí nadie habla otro idioma que no sea el ruso. "¡Esta no es Moskva, amigo!", dice un taxista a través del traductor del móvil. No hay un cartel, menú o aviso que no esté en cirílico. Krasnodar es conocida por ser el centro de negocios del sur de Rusia, pero del turismo se sabe aún poco. "Aquí no viene nadie extranjero. Ahora, con España, vendrán más", continúa enseñándome la pantalla del teléfono. La ciudad está engalanada con banderas de España y anuncios del España-Túnez amistoso del sábado, el último antes del torneo, ya que es lo más cerca que la ciudad va a estar del Mundial. Con la entrada más barata a siete euros —el salario medio aquí es de 280 euros—, se espera un estadio a rebosar.

Porque Krasnodar no es sede oficial. Aquí solo está la Selección; también llegó ayer Túnez, pero esto no le importa a nadie. "¡Isco! ¡Iniesta! ¡España ganará el Mundial!", dicen unos chavales en la calle Krasnaya, arteria principal de la ciudad. Incluso unos grafiteros han pintado un edificio entero con la efigie de Sergio Ramos, o eso dicen, como muestra de su aprecio por el equipo nacional. Llevan un mes con el encargo, financiado por el Gobierno ruso, y ayer a última hora seguían dándole los últimos retoques: "Me encantan sus tatuajes, pero tiene un montón y son difíciles de dibujar", dice uno de ellos.

Perfil de la ciudad con la pintada de Sergio Ramos al fondo. (FIFA)
Perfil de la ciudad con la pintada de Sergio Ramos al fondo. (FIFA)

El fútbol de alto nivel es una cosa nueva para los krasnodenses (¿se dice así?). El F.C. Krasnodar, creado por el millonario local Sergey Galitsky, solo lleva siete años en la máxima categoría. Su estrella está en el banquillo: Igor Shalimov, el legendario centrocampista de la selección rusa, ha llevado al equipo hasta el 'playoff' de la liga, aunque estos días los medios locales adelantan su fuga al Khimki. El F.C. Krasnodar coexiste con el Kuban Krasnodar, este con más solera y mucho menos presupuesto, que ha sido abandonado por los aficionados más jóvenes. "No es aquí, es en las afueras, mucho más rico que esto", dicen los guardias de seguridad del Kuban Stadium. Más allá, a los locales les interesa lo mismo que les interesa a los que no les gusta el fútbol: Cristiano Ronaldo, Messi, Real Madrid y Barcelona. Varios gritaban "¡Barça, Barça!" cuando España llegó al aeropuerto, siendo respondidos por aficionados al otro lado de la calle que animaban al Real Madrid. Diego Costa y Saúl les miraban a través de las ventanas del autobús como quien mira a los leones del zoo.

España, junto a Brasil, es de las pocas selecciones que no se alojan en Moscú o San Petersburgo

Entonces, ¿por qué Krasnodar? La ciudad solo está cerca —relativamente— de Sochi, la sede del primer partido contra Portugal, pero endiabladamente lejos de Kaliningrado (2.000 kilómetros) y Kazán (1.600), donde jugaremos contra Marruecos e Irán respectivamente. Será el equipo que más viaje del campeonato. La respuesta está en la Krasnodar Academy, unas instalaciones financiadas por Galitsky, e inspiradas en Lezama, que presumen de ser las más sofisticadas del continente. Después de visitar 12 ciudades, Fernando Hierro, director deportivo de la federación, se decantó por Krasnodar porque cumplía todos sus requisitos: buen clima, instalaciones de primer nivel, privacidad y cercanía al aeropuerto. Lo cierto es que el complejo apabulla al visitante, con varios campos de entrenamiento, un estadio y una suerte de minibungalós donde se alojarán los jugadores. Se trata, sin mucho margen de error, del mejor lugar de Krasnodar, a varios kilómetros del centro de la ciudad.

La Krasnodar Academy, vista desde un dron. (Krasnodar F.C.)
La Krasnodar Academy, vista desde un dron. (Krasnodar F.C.)

Si Lopetegui quería mantener a la tropa centrada en el trabajo, la elección de Krasnodar ha sido brillante. Los jugadores tendrán pocas distracciones, por no decir ninguna, en una ciudad enfocada en la construcción y la metalurgia. Se trata de una apuesta arriesgada, en tanto que solo España y Brasil, localizada en Sochi, se han decantado por una ciudad que no es Moscú ni San Petersburgo, con todos los transportes y la oferta de ocio que uno pueda imaginar. Si quieren pensar mal, la presencia de España en la ciudad cuadra con los planes del magnate Galitsky, un enamorado de nuestro fútbol para el que la exposición de su complejo será beneficiosa a todos los niveles. Nunca se hablará tanto de Krasnodar como estos días.

Lo cierto es que tampoco será una concentración tan larga como en otras ocasiones: mañana comienzan los entrenamientos, vespertinos, por aquello de la temperatura subtropical de la ciudad, el sábado el último amistoso, y seis días después el debut contra la Portugal de Cristiano Ronaldo. Para los krasnodenses somos los favoritos, y también para Putin, omnipresente en la televisión estos días.

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