Brasil no es país para un Mundial: estadios sin acabar, inseguridad y protestas
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arranca un torneo bajo sospecha

Brasil no es país para un Mundial: estadios sin acabar, inseguridad y protestas

Brasil es el país del fútbol. El balón forma parte de la vida de los brasileños. Todo el mundo lo reconoce así. Los futbolistas reconocen haber

placeholder Foto: Joseph Blatter, presidente de la FIFA, con el trofeo de campeón del mundo (Reuters)
Joseph Blatter, presidente de la FIFA, con el trofeo de campeón del mundo (Reuters)

Brasil es el país del fútbol. El balón forma parte de la vida de los brasileños. Todo el mundo lo reconoce así. Los futbolistas dicen haber soñado con jugar en Maracaná una final de un Mundial. Nadie lo duda. Lo que ya se cuestiona, cada día más, es saber si este país está preparado para organizar un evento así. Lo peor es que el mayor evento del mundo, por lo que mueve a su alrededor y el impacto que tiene en todo el planeta, se inicia mañana en Sao Paulo, un estadio que no está terminado y cuya construcción ha dejado atrás tres vidas humanas. “Es imposible que Brasil esté preparada para el Mundial. Hemos hecho todo lo posible, pero no hemos llegado a tiempo”, comentó días atrás Aldo Ribelo, ministro de deportes.

El mundo entero se va a encontrar un Brasil a medio camino. La delincuencia y la inseguridad siguen siendo los grandes protagonistas de sus calles, pero es precisamente el pueblo el primero en protestar, el que ha decidido salir a la calle ante lo que considera un atropello a sus derechos. La presidenta,Dilma Rouseff, ha pedido públicamente una paz social que no llega. El pueblo se siente engañado y cada partido, cada evento, va a estar envuelto en protestas y disturbios. Sao Paulo lleva seis días sin metro, lo que provocará que el inicio del Mundial sea un caos, tal y como ha reconocido Jerome Valcke, Secretario General de la FIFA.

A la huelga de los trabajadores del Metro de Sao Paulo-ya ha costado 60 despidos por ser considerada ilegal-hay que sumar la del aeropuerto de Río de Janeiro olas reivindicaciones por las promesas incumplidas y que han quedado retratadas por la protestas de los trabajadores sin techo, indígenas del Amazonas que terminaron rodeados por las armas de la Policía. Hospitales que se han quedado en el camino, adecuar zonas para evitar catástrofes naturales como lo sucedido en el estado de Paraná esta misma semana, adecuar las carreteras o intentar dar una vida digna a millones de personas que conviven con la miseria. Por cierto, los grandes clanes que manejan las favelas están tranquilas y sin moverse. Al parecer, el pacto sí que ha llegado a esas zonas deprimidas y manejadas por el negocio de la droga.

20.000 agentes patrullarán Río de Janiero, ciudad que se espera sea el eje de las protestas. La delincuencia ha crecido, multiplicando los sucesos de manera alarmante en los últimos días. Los indignados, los mismos que el año pasado tomaron la calle en todo Brasil durante la Copa de las Confederaciones, todavía no se han dejado ver. Prometen nuevas movilizaciones, con Romario a la cabeza. El ex jugador se ha mostrado crítico al máximo con la clase política, pero no es el único.

Esa crispación popular la resumió a la perfección Joana Havelange, hija del que fuera presidente de FIFA durante dos décadas. “Lo que había que robar en Brasil ya está robado”,ha comentado. Y es que se habla de desviaciones de no menos de 10.000 millones de euros en obras a medio terminar y en estadios por rematar el día en el que se inicia el Mundial.

Según FIFA, el Mundial ha costado 12.000 millones de euros, en los que no figuran fondo público alguno. Los gastos de adecuación de las ciudades, según el máximo organismo del fútbol mundial, son proyectos que nada tienen que ver con el desarrollo de la Copa del Mundo. Hablan de carreteras, aeropuertos y otros servicios. Blatter se sigue defendiendo al afirmar que FIFA no ha obligado a construir estadio alguno y que es el comité organizador el que elige la manera y forma de desarrollar su Mundial.

La defensa a las críticas recibidas continúan por parte de FIFA, alegando que 800 millones de los 1.600 gastados de manera directa por FIFA han ido a parar a empresas brasileñas. Además, habla de los planes y legados que un Mundialdeja en el país que lo organiza, poniendo el ejemplo de Sudáfrica. Argumentos que no son suficientes para el pueblo brasileño, que en su mayoría da la espalda al torneo.

En lo deportivo, la principal novedad que presentará el Mundial será el uso de la tecnología. Por primera vez, un dispositivo decidirá si el balón ha entrado o no. Diferentes cámaras colocadas en los estadios vigilarán y decidirán si el balón ha traspasado o no la línea de gol en una portería. El fútbol es de los pocos deportes que hasta ahora no había aplicado los avances técnicos en la mejora del espectáculo. Hasta en 2.400 ocasiones se ha probado y en todas ha funcionado. Los colegiados llevarán un dispositivo en la muñeca a manera de reloj, el cual emitirá una señal a manera de aviso. El gol de Lampard ante Alemania del pasado Mundial o el de Michel ante Brasil en México, tienen la culpa de esta revolución. Además, y como novedad más visual, los árbitros señalaran con un spray dónde se tienen que colocar las barreras. Si se traspasa esa línea, amarilla.

Los jugadores, en esas charlas que todas las selecciones han recibido, han pedido que los árbitros sean inflexibles con la reiteración en las faltas.Todos reconocen el interés del colectivo arbitral en cortar el juego duro, pero el uso de la falta constante como táctica, piden que sea castigado. La otra gran novedad será la implantación de los tiempos muertos en partidos que superen los 32 grados de temperatura ambiental. Natal, Fortaleza, Recife y Manaos cuenta con posibilidades de asistir a los primeros tiempos muertos de la historia de los mundiales.

FIFA Mundial de Brasil Joseph Blatter
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