Francia '38: el Mundial de Leonidas

El Mundial de Francia 1938 sería el último resquicio de paz entre naciones antes de que se desatara la Segunda Guerra Mundial. La selección organizadora e Italia, campeona del mundo en

Foto: Francia '38: el Mundial de Leonidas

El Mundial de Francia 1938 sería el último resquicio de paz entre naciones antes de que se desatara la Segunda Guerra Mundial. La selección organizadora e Italia, campeona del mundo en ese momento, se clasificaron directamente sin tener que jugar la fase previa, un privilegio que a día de hoy se mantiene. Más de sesenta y cuatro selecciones pidieron su participación en el torneo, pero muchos combinados decidieron no participar: España, por estar inmersa en la Guerra Civil, Austria tras haber sufrido el 'Anchluss' por parte de Alemania o Japón y China por encontrarse en pleno conflicto bélico, concretamente en la Segunda Guerra Sino-japonesa.

Jules Rimet, ante la perspectiva de que ésta fuera la última Copa del Mundo ante el más que probable estallido de una nueva Guerra Mundial, decidió que el campeonato se disputara en su país natal, Francia. Esto fue un mazazo para los equipos sudamericanos, que vieron cómo la política de alternancia establecida antes del primer campeonato no se respetaba, por lo que algunos países como Argentina, Uruguay, Colombia o Costa Rica decidieron no participar en este Mundial.

Este campeonato del mundo se disputó mediante el sistema de eliminatoria directa desde la primera ronda del campeonato. Así, en octavos de final se pudo ver uno de los mejores partidos del torneo, el encuentro que enfrentó a Brasil y Polonia. Leonidas y Wilimowski fueron los mejores del partido, con cuatro goles cada uno. Pero el brasileño, que jugó descalzo buena parte del encuentro, fue más decisivo, pues su peso en el equipo y su participación en el ataque consiguieron dar la clasificación a la 'verdeamarelha'. Leonidas, el 'Diamante Negro', se había convertido en la primera gran estrella de Brasil.

En cuartos de final, Brasil volvió a ser la protagonista, esta vez del partido ante Checoslovaquia, conocido como 'La batalla de Burdeos'. Dos expulsados por parte de la 'seleçao', uno por parte de los europeos e infinidad de lesionados. El partido acabó con empate a uno: el tanto brasileño lo consiguió Leonidas, mientras que el gol del empate checo lo hizo Nejedly de penalti, cuando arrastraba una seria fractura de tobillo tras una dura entrada de Zeze. Este empate obligó a jugar un nuevo partido para conocer al semifinalista.

Tal fue la dureza del primer encuentro entre ambas selecciones que en el partido definitivo, disputado dos días más tarde, sólo dos brasileños pudieron repetir once inicial: el guardameta Walter y el delantero Leonidas. En el desempate, Brasil venció por 2 a 1, gracias a dos tantos del delantero brasileño, apodado 'El diamante negro'. Sin embargo, inexplicablemente no jugó en semifinales ante Italia. Adhemar Pimenta, seleccionador de Brasil, aseguró "que lo reservaba para la final", pero los 'azzurri' se cruzaron en su camino, venciendo a los sudamericanos por 2 a 1, un duro golpe para Brasil.

A pesar del ‘aviso’ de “Ganar o morir” vía telegrama de Benito Mussolini a su equipo antes del partido, la final fue un verdadero repaso italiano sobre Hungría. El conjunto transalpino, comandado a la perfección por Giuseppe Meazza y Giovanni Ferrari, pasó por encima del combinado húngaro, que nada pudo hacer por frenar la avalancha goleadora de Italia, que se llevó la final por 4 a 2. Italia se convertía en la primera selección en ganar el Mundial en dos ocasiones consecutivas, pero la Segunda Guerra Mundial frenaría las expectativas de una gran generación de jugadores, que verían sus alas cortadas por culpa del gran conflicto bélico.

 

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