Alemania '06: el Mundial de Materazzi

Considerado como uno de los mejores mundiales de la historia, sin duda siempre será recordado por un nombre propio: Zinedine Zidane. El astro francés se despedía del

Foto: Alemania '06: el Mundial de Materazzi

Considerado como uno de los mejores mundiales de la historia, sin duda siempre será recordado por un nombre propio: Zinedine Zidane. El astro francés se despedía del fútbol en activo en este campeonato y lo cierto es que no lo hizo de la manera esperada. El torneo quedó marcado por la agresión del ‘10’ francés sobre Marco Materazzi en la final, en una acción que daría la vuelta al mundo. Zidane no pudo colgar las botas de la manera esperada y su selección se iba a quedar a las puertas de hacerse con un título que se llevaría Italia.

El Mundial de Alemania sería uno de los torneos más importantes de todos los tiempos. Su gran organización, el elevado número de competidores de alto nivel y el hecho de que todos los ‘grandes’ se clasificaran a los octavos de final provocó un torneo de los más emocionantes de la historia. Un total de 197 selecciones disputaron las rondas clasificatorias, siendo la primera vez en la historia que FIFA decidía que la vigente campeona no se clasificara de manera automática, por lo que Brasil tuvo que jugar las eliminatorias. Quien sí evitó estos partidos fue la anfitriona, Alemania, que no convenció demasiado en su país.

Zidane tenía claro que se trataba el Mundial de su vida, la ocasión perfecta para poner un broche de oro a una de las carreras más prolíficas de los últimos años. El capitán francés estaba ante su gran oportunidad, pero los primeros indicios que dejó en el campeonato no fueron nada buenos. De hecho, Francia estuvo a un paso de quedar eliminada en la fase de grupos, pero una victoria en la última jornada ante Togo (0-2) y el triunfo de Suiza ante Corea del Sur (2-0) permitió al combinado de Raymond Domenech meterse a los octavos de final. Eso sí, con un Zidane completamente desaparecido en el torneo.

Pero iba a aparecer en el momento de la verdad. La selección española llegaba al torneo con la vitola de gran favorito, un equipo que sería el germen del exitoso combinado del que presume a día de hoy. Con un brillante paso por la fase de grupos -victorias sobre Ucrania (4-0), Túnez (3-1) y Arabia Saudí (1-0)-, el equipo entrenado por Luis Aragonés llegaba a octavos con la gran vitola de favorito ante una Francia en decadencia: ‘Vamos a jubilar a Zidane’, se decía en la prensa nacional… y el astro galo iba a vengarse.

España se iba adelantar en el marcador, después de que Villa acertara a anotar desde el punto de penalti a los 28 minutos. Pero cuando la primera parte estaba acabando, la mala colocación de la línea defensiva española iba a ser aprovechada por Ribéry que, tras tirar una gran pared con Vieira, iba a regatear a Casillas en su salida para firmar el empate. Ya en la segunda parte, cuando el partido tocaba a su fin, iba a aparecer Zidane para sentenciar a España: primero para botar una falta que Vieira iba a mandar a las redes en el minuto 83 para, ya en el descuento, batir a Casillas para certificar su pase a los cuartos. Zidane había acabado con España.

Esta victoria iba a dotar a Francia de gran confianza para lograr el pase a la final con lo justo. Primero, para derrotar a la gran favorita Brasil con un solitario gol de Henry para, posteriormente, hacer lo propio con Portugal con otro tanto de Zidane desde el punto de penalti. Los ‘bleus’ se habían metido a la final del Mundial de Alemania, donde se iba a medir con Italia. La ‘Azzurra’, con un deambular por el campeonato sin mucho brillo, había sabido aprovechar su pólvora en los metros finales, unido a su solvencia defensiva, para alcanzar el partido por el título.

Los italianos, como suele ser habitual, fueron de menos a más. A un paso de quedar eliminados en la fase de grupos, una pírrica victoria ante la República Checa (0-2) les iba a meter en la segunda fase, donde tampoco iban a brillar. Una victoria sobre Australia con un gol de Totti en el minuto 95 y de penalti (1-0), un gran triunfo sobre Ucrania (3-0) y otro sobre el anfitrión Alemania con dos goles en la prórroga (0-2) -Grosso y Del Piero en los últimos tres minutos- iban a dar a Italia la oportunidad de sumar su cuarto entorchado mundial. Francia-Italia, una final con sabor añejo entre dos equipos en clara línea descendente que podían cerrar de manera gloriosa dos grandes generaciones.

Zidane estaba ante la gran oportunidad de cerrar su carrera de manera brillante y, lo cierto, es que pronto demostró que así quería que fuera. Aquel partido disputado el 9 de julio de 2006, sería el partido del galo, para lo bueno y para lo malo. Sólo se habían disputado 7 minutos de partido cuando el colegiado, Horacio Elizondo decretaba penalti a favor de los galos. ‘Zizou’ cogió el balón, lo plantó en el suelo, miró desafiante a Buffon… y llegó la magia. Con un increíble penalti a lo Panenka, el francés adelantaba a su selección. El Olímpico de Berlín había quedado enmudecido con el disparo del madridista, que traspasaba la red tras pegar en el larguero.

Pero como si de una broma macabra del destino se tratara, el empate iba a llegar con un gol de Materazzi… de cabeza. Ambos equipos iban a gozar de ocasiones para romper la igualada, pero el partido iba a llegar a la prórroga, donde se iba a ‘decidir’ el encuentro. A falta de poco menos de diez minutos para el término del encuentro, los autores de los dos goles se iban a enzarzar en una discusión, que iba acabar con un tremendo cabezazo de Zidane en el pecho de Materazzi. El francés veía la roja, acabando de esta triste forma su carrera deportiva. El choque iba a llegar a la tanda de penaltis, donde un único fallo de Trezeguet iba a dar el título a Italia, que logró anotar los cinco penaltis, el último de Grosso. A día de hoy es una incógnita qué le dijo Materazzi a Zidane, un astro que se apagó cuando más lo necesitaba su equipo.

Mundial
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios