BARTOMEU TIENDE PUENTES CON LAPORTA, CRUYFF...

La soledad de un Sandro Rosell al que el barcelonismo ya ignora

Sandro Rosell ya es historia para el barcelonismo. Dos semanas han bastado para que el entorno azulgrana y sus compañeros de Junta le olviden

Foto: Sandro Rosell durante su despedida como presidente del Barcelona (Reuters).
Sandro Rosell durante su despedida como presidente del Barcelona (Reuters).

Sandro Rosell ya es historia para el barcelonismo. Dos semanas han bastado para que el seguidor azulgrana, para que sus compañeros de Junta y para que una ciudad que vive por y para el Barcelona, olvide el paso de Rosell por el sillón presidencial del Camp Nou. La recomendación familiar de abandonar la poltrona, su padre (fundador de Convergencia) no quería que su hijo siguiera acaparando portadas por temas ajenos a lo deportivo, fue el empujón definitivo para el abandono del presidente más votado de la centenaria historia azulgrana.

Las diferentes causas abiertas en Brasil hacen temer lo peor a la familia, que cree que dando un paso atrás dejará de estar en el punto de mira diario, tanto en España como en el país sudamericano. Se habló de un posible cambio de residencia con destino a Londres, pero será temporal y para estar al lado de su hija. 

Sus compañeros de Junta, con Bartomeu a la cabeza y cada vez más metido en su papel de presidente, intentan derribar la infinidad de muros que Rosell había levantado por todos lados. Si levantara la cabeza, deportivamente hablando, no se creería lo que sus amigos, la mayoría de ellos pertenecen a esa burguesía catalana tan definida, han sido capaces de hacer en poco más de dos semanas. 

Bartomeu se muestra amable y conciliador con la prensa. Organiza desayunos, comidas, visitas a redacciones y todo con tal de dulcificar una tensión que Rosell creó con el paso del tiempo. Nunca tuvo buena prensa. Jamás. Y su sucesor ha intentado terminar con esa distancia desde el primer día. Incluso dicen que se ha acercado a Johan Cruyff con la promesa de restablecer los puentes demolidos al poco de llegar su amigo a la presidencia. 

Incluso se habla de un posible pacto con Jordi Cases y la intención de terminar con la acción de responsabilidad contra Joan Laporta, cuando Bartomeu votó en su día a favor de ella. Solo falta una llamada a Baviera para intentar terminar con todas las fobias personales del ya expresidente. Guardiola espera. 

La duda llega en este punto. ¿Qué hacían los directivos cuando Rosell decidía? ¿Miraban para otro lado pese a no estar de acuerdo en nada? Parece ser que así es, porque es imposible hacer más en menos tiempo. Exactamente dos semanas y dos días.

Dicen que todas esas visitas programadas a los medios de comunicación tienen un afán electoralista. Bartomeu busca un posicionamiento ante lo que en Barcelona se da por seguras elecciones en verano. Teme los movimientos de Joan Laporta y, a la distancia, de lo que pueda llegar a hacer Ferrán Soriano desde su cargo de máximo responsable del Manchester City. Cuestión de estrategia. Y es que el ya expolítico y el CEO del equipo inglés eran las otras dos patas en las que se apoyó la entidad azulgrana para construir ese gran Barcelona que dibujó Guardiola y con el que la sociedad civil catalana disfrutó tanto.

Laporta ya ha pedido públicamente las elecciones, aparcando por ahora su posible presencia en los comicios. No es el único, pero todo el mundo sabe en Barcelona, especialmente todos aquellos que se reúnen a diario planeando no se sabe muy bien el qué, que como el que fuera presidente de un paso, el clamor va a ser total y absoluto.

Bartomeu y su ¿equipo? de directivos saben que dependen de la pelota y del verdadero equipo que viste la camiseta azulgrana cada semana. Freixa, otrora portavoz, colgó un mensaje en las redes sociales nada más terminar el partido ante la Real Sociedad, criticando el juego del equipo. Mensaje borrado diez minutos después.  Eso sí, llegó al peor sitio posible, a un vestuario que se mueve sin referencia alguna. El equipo no conecta con Martino y su manera de entender el fútbol. Además, hay jugadores que no están, que se ausentan y no se sabe si volverán. Curiosamente, la actual Junta necesita buenos resultados deportivos para que el Camp Nou, cada día más grande por la ausencia de aficionados, no saque el pañuelo exigiendo elecciones. 

La asistencia se ha venido abajo en el último mes. La afición azulgrana no es ajena a todo lo que sucede en el club. Ni una pancarta a favor de Rosell. Ni un guiño cómplice. Nada de nada. Saben que el expresidente echó por tierra todo lo hecho por Guardiola, auténtico gurú para el barcelonismo de calle por mucho que Rosell no lo soportara. 

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