massimo moratti ya no es presidente honorífico

El clan Moratti deja el Inter tras 60 años: los extranjeros se adueñan de los clubes clásicos

El Inter dejará de tener el apellido Moratti asociado. El hasta ahora presidente honorario dejó su cargo, así como su hijo, que también deja de ser vicepresidente

Foto: Erik Thohir (i) y Massimo Moratti, en el acto del 50º aniversario de la primera Copa de Europa interista.
Erik Thohir (i) y Massimo Moratti, en el acto del 50º aniversario de la primera Copa de Europa interista.

Del éxito al fracaso hay un pequeño paso, y se puede llegar de uno a otro de manera casi inmediata. Hubo un tiempo, no demasiado largo, en el que el Inter fue un ogro para casi cualquier otro equipo en el mundo. Ganó casi todo lo que se podía ganar. Tal fue su preponderancia, que en la maglietta nerazzurra no cabía un parche más: estaba el Scudetto, la Coccarda de la Coppa, y el distintivo de campeón del mundo de clubes. En casi un abrir y cerrar de ojos, no sólo desaparecieron esos méritos de la camiseta, sino que el Inter dejó de ser literalmente candidato a ninguno de ellos. Todo eso ha pasado bajo el mandato de Massimo Moratti, que ya no volverá a unir el nombre de su familia con el del Internazionale Milano.

El penúltimo del clan Moratti dimitió de su puesto de presidente honorífico del Inter, y ese movimiento lo continuó su hijo, Angelomario Moratti, que también dejó su cargo de vicepresidente. Es decir, que después de casi 60 años de amor interista entre los Moratti y el Inter, una de las relaciones más longevas de la historia del fútbol se rompe definitivamente. Con este clan, inmortal (y todopoderoso en Italia), nunca es descartable que en un futuro, otra nueva generación de Morattis decida que ya ha pasado demasiado tiempo sin su otra mitad, el Inter, y vuelva a comprar la mayoría del paquete accionarial. Pero hasta entonces, o al menos durante un tiempo, no habrá un italiano en la silla presidencial del Inter. Y que un extranjero se adueñe de un histórico del fútbol mundial ya ni siquiera sorprende.

En noviembre del año pasado, tras incontables semanas y meses de negociaciones mal ocultadas y miedos razonables de Moratti, el magnate indonesio Erick Thohir desembolsó 300 millones de los 25.000 en los que está calculada su fortuna, para hacerse con el control del 70% del paquete accionarial del Inter de Milán. Un pequeño caprichito de uno de los hombres más ricos de su país. Con 40 años, Thohir conseguía así su sextete de sociedades deportivas. Ya había logrado ser propietario de un porcentaje de los Philadelphia 76ers, del DC United de la MLS, de dos equipos en la liga de baloncesto de Indonesia y de otro de la liga de fútbol del mismo país. Es decir, una colección de trofeos que ha ido acumulando en pocos años, lo que hace perder la esencia de la competitividad global.

El fútbol es un negocio puro y duro ya desde hace mucho, pero cada vez lo es más, convirtiéndose en un caramelo muy goloso para muchos de los bolsillos más acaudalados del planeta. Especialmente en la Premier League hay pocos equipos grandes cuyos propietarios sean ingleses. El Manchester United fue comprado por la familia estadounidense Glazer en 2005; el Manchester City primero pertenecía a Thaksin Shinawatra, exprimer ministro de Tailandia y después pasó a Mansoor bin Zayed Al Nahyan, jeque de uno de los Emiratos Árabes; el Chelsea es de Roman Abramovich y el Liverpool es de un grupo empresarial de Delaware. Pero no sólo en Inglaterra, sino que el PSG también es propiedad de jeques y Dmitry Rybolovlev es dueño del Monaco. Estos son sólo algunos de los ejemplos de que cualquier club es como cualquier empresa.

El Grande Inter queda muy lejos

La solución para Moratti sólo pudo ser vender. Así tenía que ser de acuciante la situación financiera (y así de buena la oferta de Thohir) para que Moratti y su familia, interistas como nadie, decidieran deshacerse del club de su vida de una vez por todas. Quién sabe, incluso puede que simplemente se quitasen el mayor peso de encima que puede tener alguien, aunque por lo visto durante los últimos 60 años, el Inter no parecía molestar a nadie del clan. En 1955, su padre, Angelo Moratti, empezó dio comienzo a una unión que desde entonces parecía indivisible. Tanto el padre como el hijo hicieron, durante un tiempo, grande al Inter. Aunque fue el Inter del padre al que se le llama Grande Inter.

Fue Angelo el que juntó en un mismo terreno de juego a algunos de los mejores jugadores de la historia del Inter, como Sandro Mazzola y Giacinto Fachetti, fue él quien fichó a Luis Suárez del Fútbol Club Barcelona, y fue también Angelo Moratti el que puso a Helenio Herrera en el banquillo del Inter. Con el Mago, el Inter ganó dos Copas de Europa, una de ellas, al Madrid de Di Stéfano, Puskás y Gento; la otra, al Benfica de Eusébio. Un proyecto espectacular que no tenía igual en la época.

45 años después, el Inter de José Mourinho volvió a rememorar éxitos pretéritos con la Champions League que le ganó al Bayern Múnich en el Santiago Bernabéu. Ese triunfo histórico (con el que superaba en títulos de la Copa de Europa al máximo rival, la Juventus) vino precedido de un desembolso económico tremendo que afectó definitivamente a las arcas de Moratti. Desde entonces, el Inter sólo ha fichado a jugadores de segunda o tercera fila, esperando que un milagro los hiciese parecerse a los Eto’o, Cambiasso, Sneijder, Milito o Zanetti. Y no lo han logrado.

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