renueva una temporada con nacional

Recoba, el 'chino' que fue el mejor pagado del mundo, lucirá su zurda mágica otro año

Hay futbolistas que fueron tocados por una barita mágica, nombrados descendientes de la Divina Providencia y herederos de los dioses del fútbol. Unos pudieron demostrar sus

Foto: El 'Chino' celebra la obtención del título del Apertura de 2011 con Nacional (EFE).
El 'Chino' celebra la obtención del título del Apertura de 2011 con Nacional (EFE).

Hay futbolistas que fueron tocados por una barita mágica, nombrados descendientes de la Divina Providencia y herederos de los dioses del fútbol. Unos pudieron demostrar sus dotes celestiales sobre el verde durante un periodo de tiempo amplio, a lo largo de varios lustros de exquisitez futbolística; otros, sin embargo, se vieron obligados a dejar por el camino sus cautivadoras capacidades con un balón en los pies, como le pasó a Álvaro Recoba. Predestinado para ser uno de los más grandes jugadores que ha dado Uruguay, a la altura de Enzo Francescoli, el Chino no pasará a la historia y pocos lo apuntarán en sus onces ideales de siempre. Pero Recoba fue un grande y lo seguirá siendo, al menos para Nacional de Montevideo.

Tiene 38 años pero sigue con la misma ilusión de cuando salió del Bolso hace 17 años camino de Milán. Sigue empeñado en conseguir algo grande con Nacional y es por eso que ha ampliado su relación con su equipo del alma durante una temporada más. Nunca ha sido campeón absoluto de un continente, y qué mejor que serlo del suyo propio. Ganó la Copa de la UEFA con el Inter de Ronaldo, Zamorano y Simeone en 1998, y ahora quiere llevar la Copa Libertadores al Templo Tricolor. Misma ilusión que la de un viejo rockero del fútbol español, como es Iván Alonso, también en Nacional.

Pero aunque consiga ese título suramericano tan ansiado por el Chino, a Recoba siempre se le recordará por sus temporadas en el Inter. Era el chico de oro, un absoluto diamante en bruto del que se adueñó el club nerazzurro antes que cualquier otro equipo europeo. Había sido un ídolo en Nacional antes de llegar incluso a los 20 años y su marcha a un grande del viejo continente era algo asumido y casi obligado. Una leyenda interista, Sandro Mazzola, lo descubrió en un partido con el equipo capitalino. Esa temporada, Recoba haría 30 goles en 27 partidos de liga, una cifra descomunal que descolocó a Mazzola.

El mítico delantero del Inter de Helenio Herrera se puso en contacto rápidamente con Massimo Moratti y casi lo obligó a llevar a cabo el traspaso. Mazzola vio en él a un fuera de serie, a Maradona hecho uruguayo y al jugador que iba a marcar una época en el Giuseppe Meazza. Las cualidades de Recoba que enamoraron a Mazzola eran evidentes: tenía una capacidad indudable para el dribling, un descaro impropio para su edad y el virtuosismo hecho pie izquierdo. Seguro que el que fuera presidente habló con Mazzola poco después del primer partido como nerazzurro de Recoba, y seguro que querría darle las gracias. Dos goles lo encumbraron como el futuro ídolo de San Siro.

Pero por alguna razón, Luigi Simoni no confió en él prácticamente nunca. Era joven y por entonces sólo una promesa. El Inter no se caracteriza precisamente por la paciencia con los jugadores todavía inexpertos y durante su primera temporada apenas jugó. Pero creían en él y quisieron retenerlo en su equipo… pero con condiciones. Y la primera de ellas era que dejara de ocupar plaza de extracomunitario de la forma más rápida posible. Luis Suárez fue a buscarle un familiar lejano español en Tenerife como si fuese un investigador privado, y cuando se lo encontró, Álvaro Recoba empezó a ser español además de charrúa. Pero la jugada le salió mal al Inter y en especial al jugador. Un tiempo después, la Serie A determinó la falsedad del pasaporte y sancionó a Recoba con un año sin jugar, castigo que se redujo finalmente a cuatro meses.

Recoba no encajaba en el juego físico de la Serie A. Era y es pequeño y delgado y con un tren inferior considerable pero insuficiente para el choque contra los zagueros italianos. O eso se le suponía cuando se marchó del Inter cedido al Venezia. En la Piazza San Marco, Recoba dejó en mal lugar a los que le auguraban un mal futuro en Italia y con sus once goles fue la pieza clave del equipo véneto para conseguir la salvación. Por fin había explotado el genio interista. Lo que tanto se había esperado había aparecido. El Inter reaccionó inmediatamente después de su exitosa cesión. Recoba se quedaría en la primera plantilla y, no solo eso, sino que se convertiría en el jugador mejor pagado del mundo, siendo el primero en superar la barrera de los 1.000 millones de pesetas.

Entonces llegó Héctor Cúper y la carrera de Recoba como nerazzurro empezó su cuesta abajo. De hecho, uno de los principales motivos que impulsaron a Moratti a destituir en 2003 al técnico argentino fue su negativa a hacer jugar al Chino, de no encontrarle un sitio importante en el esquema defensivo que proponía el extécnico del Valencia. Entre su incompatibilidad con el sistema de Cúper y la sucesión de lesiones musculares de un cuerpo más débil de lo supuesto, el uruguayo fue perdiendo importancia en el Inter hasta el punto de bajarse el salario voluntariamente. Desde entonces, Recoba nunca volvió a ser el mismo, y el astro que creyó Mazzola se quedó en una prolongada espera con destellos esporádicos, eso sí, brillantes como el sol.  

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