El Barça pincha en hueso y se tendrá que jugar el pase a octavos contra el Bayern (0-0)
  1. Deportes
  2. Fútbol
Ya no hay margen de maniobra

El Barça pincha en hueso y se tendrá que jugar el pase a octavos contra el Bayern (0-0)

El equipo de Xavi Hernández no pudo pasar del empate frente al Benfica en el Camp Nou y hasta pudo perder el partido en el último minuto. Ahora está obligado a ganar en Múnich

Foto: El árbitro anula el gol ilegal de Ronald Araujo por fuera de juego. (Reuters/Nacho Doce)
El árbitro anula el gol ilegal de Ronald Araujo por fuera de juego. (Reuters/Nacho Doce)

No hay más cera de la que arde. El Barça realizó un partido lo suficientemente bueno como para ganar al Benfica, rival que le había aplastado en Lisboa con un contundente 3-0 en una noche negra en la ida, pero no contó con el talento individual ni la precisión necesaria como para hacerlo. Y hasta pudo perderlo al final si Seferovic no protagoniza una de las pifias de la temporada a puerta vacía. Esto es la Champions League, donde no existe red de seguridad y donde los errores se pagan muy caros. Si los fallos del pasado empujaron al Barça hasta esta situación precaria, la falta de determinación en el área rival contra el conjunto lisboeta ha obligado al inmaduro proyecto de Xavi Hernández a jugarse la vida (deportiva y económica) contra uno de los grandes colosos de la competición en su propia casa, el Bayern de Múnich. Sin gol, no hay paraíso. Ni, de momento, billete a octavos de final.

placeholder Ronald Araujo pudo dar la victoria a su equipo en los minutos finales, pero estaba en fuera de juego. (Reuters/Albert Gea)
Ronald Araujo pudo dar la victoria a su equipo en los minutos finales, pero estaba en fuera de juego. (Reuters/Albert Gea)

Concentración, actitud, recursos y un plan de juego. El Barça se protegía del chaparrón barcelonés con cosas tan elementales sin las que visitó al Benfica en Lisboa para llevarse un varapalo considerable (3-0) y con las que contó en el segundo asalto entre ambos conjuntos. Con Ronald Araujo instalado en una defensa de tres centrales escudado por Gerard Piqué y Clément Lenglet y con Yusuf Demir abriendo el campo por la derecha, el equipo azulgrana tuvo una puesta en escena impactante. La pelota fluía por todo el campo con velocidad e intención, las persecuciones individuales del rival luso se diluían y el cuadro de Jorge Jesus corría sin poder tapar todas las fugas. Era un Barça reconocible y ambicioso. Tan empujado por las circunstancias como por un Camp Nou animoso.

Peleados con el gol, pero reconciliados con el juego, el Barça robaba donde quería y su sala de máquinas funcionaba a la perfección. Nico González, mediocampista todoterreno culé, Gavi y Sergio Busquets combinaban para imponer su versión. Y, sin embargo, la ausencia de pólvora en el último tercio del campo dinamitaba el notable juego exhibido en los primeros compases del partido. Un disparo rozando el palo de Demir, una ocasión perdida por Memphis Depay y una llegada de Jordi Alba tras un gran pase de Nico González. Muchos 'uys' y 'casis' que se quedaban en atisbos de gol.

placeholder Nico González envía un balón medido al hueco. (EFE/Alejandro García)
Nico González envía un balón medido al hueco. (EFE/Alejandro García)

Sin lo más importante coronando el marcador, el Barça se abrazaba a la pelota y a las buenas sensaciones. Y, cuando la perdía, un animal a campo abierto llamado Ronald Araujo se encargaba de anular cualquier contragolpe rival. El uruguayo recuperó su lugar en el equipo titular y sacó a relucir toda su paleta de acciones defensivas para convencer a Xavi Hernández frente a la excesiva fragilidad de Clément Lenglet.

El Barça fue débil en las dos áreas

Superada la media hora, el Benfica tendría la mejor oportunidad de la primera parte cuando Roman Yaremchuk le comió la tostada a Lenglet, remató con un planchazo y ter Stegen la salvó bajo palos como pudo. Acto seguido, el árbitro anularía el gol de Nicolás Otamendi después de otro saque de esquina donde la pelota salió fuera y el argentino la remató sin contemplaciones. Síntoma de la debilidad en las áreas de un Barça al que la calidad individual no le sobra. En el precipicio del descanso, Demir pondría el corazón del Camp Nou en un puño cuando su rosca endiablada se estampó contra la madera. El insuficiente 0-0 para el Barça era el resultado al enfilar el túnel de vestuarios.

placeholder ter Stegen la salvó 'in extremis'. (Reuters/Albert Gea)
ter Stegen la salvó 'in extremis'. (Reuters/Albert Gea)

De más a muchísimo menos, el Barça entró en la segunda parte en estado comatoso. Como si todo el esfuerzo realizado en la primera parte, sin frutos en forma de gol, hubiese agotado al cuadro de Xavi Hernández. Perdió el control del juego, el dominio territorial y la sensación de desequilibrar al rival. Después de la enésima mala decisión tomada por parte de Memphis Depay, el técnico azulgrana tiró de su futbolista más imprevisible para propios y extraños: Ousmane Dembélé. Entonces Xavi reanimó al Barça con su entrada.

El extremo francés encaró a su defensor, estiró el campo al máximo y aportó una serie de características con las que el Barça no contaba en la primera parte. De una jugada individual suya nació la ocasión más clara de color azulgrana en la segunda mitad cuando su carrera por la banda y posterior centro conectó con el intrépido Frenkie de Jong. Su cabezazo, potente pero centrado, se topó con las manos de Vlachodimos. El partido se rompió, con Darwin Núñez sembrando el pánico frente a Piqué y con un Barça ansioso por lograr el gol. Del 1-0 de Piqué con un cabezazo se pasó al posible 0-1, pero Seferovic, solo y con toda la portería a favor tras sortear a ter Stegen, la manó fuera. El Benfica salía con vida del Camp Nou en un final donde cualquiera de los dos conjuntos pudo ganar y el Barça se tendrá que jugar la vida en Múnich.

Benfica Xavi Hernández Gerard Piqué