UN PARTIDO PARA OLVIDAR DEL ARGENTINO

El día que Messi se borró (otra vez) del Barcelona: los números que le desnudan

El delantero argentino volvió a ofrecer su peor versión en Champions, esta vez en un partido para el olvido ante el Liverpool que supuso su eliminación tras la amplia renta de la ida

Foto: Leo Messi, cabizbajo tras la eliminación del Barcelona en Anfield. (EFE)
Leo Messi, cabizbajo tras la eliminación del Barcelona en Anfield. (EFE)

A Leo Messi no hace falta presentarle. El argentino es, sin ningún género de dudas, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, uno de esos futbolistas desequilibrantes que es capaz de cambiar el sino de un partido en una jugada aislada... pero al que sus detractores le achacan una gran pega: desaparece en los partidos importantes. Ante el Liverpool, el delantero del Barcelona volvió a mostrar su peor versión sobre el césped.

Después del festival de fútbol ofrecido en el partido de ida en el Camp Nou, donde un excelso Messi dejaba a los 'reds' con una rodilla en la lona, el partido de vuelta fue una historia completamente diferente. Tanto que el Liverpool consiguió dar la vuelta a la balanza para meterse a la final de la Champions pese al 3-0 con el que partía. Todo el Barça estuvo mal, pocas excepciones se salvan de un partido catastrófico, pero sin duda se esperaba mucho más de alguien como Messi.

Los noventa minutos del argentino estuvieron al mismo nivel que los del resto de sus compañeros: con pocas ganas, sin querer el balón y más pendientes de que el reloj marcara el minuto 90 que de tratar de tener el control. Messi vivió un partido para el olvido, en el que las frías estadísticas desnudan su desastroso encuentro: sin peso en ataque, completamente desaparecido en defensa y sin participación que metiera el miedo en el cuerpo al Liverpool.

Su desconexión durante el partido se evidencia en un escalofriante dato: fue el segundo jugador que más balones perdió en todo el partido, con un total de 17. Pero otro más es aún mucho más significativo: solo recibió una falta en todo el encuentro. O, lo que es lo mismo, la presión asfixiante del conjunto de Anfield fue suficiente para desactivar a un jugador al que ni siquiera hubo que parar a base de duras entradas, pues la mayor intensidad de los rivales era suficiente.

Si a la enorme cantidad de balones perdidos se le suma su poco contacto con el esférico, el cóctel es explosivo: Messi solo dio 35 pases buenos en todo el partido, además de otros seis que no fueron a parar a ningún compañero. En noventa minutos, solo disparó tres veces, con dos lanzamientos alejados de la portería de Allison, que solo tuvo que intervenir en una ocasión para detener un disparo. Su mejor dato, los balones recuperados: dos en todo el encuentro.

Una crítica recurrente

Una de las grandes críticas que recibe Messi de manera habitual es que, en los partidos más importantes, no suele aparecer. Estamos acostumbrados a ver al argentino hacer verdadera diabluras con el balón, en enormes arrancadas desde lejos, plagadas de regates eléctricos que terminan por convertirse en vídeos dignos de los mejores highlights de cada jornada deportiva. Pero sus detractores aseguran que, cuando llega la hora de la verdad, se apaga por completo.

Es una crítica muy habitual con la selección argentina, donde se le achaca cierta falta de liderazgo. Con el Barcelona, es cierto que está situación es menos habitual, salvo en algunos grandes partidos donde pasa completamente desapercibido: la misma reprobación que recibió tras la remontada de la Roma de la pasada temporada es la que ha recibido ahora tras lo sucedido ante el Liverpool. De 112 goles que lleva en Champions, solo ha marcado seis en 'semis', dos de ellos, en el partido de ida.

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