GANÓ 2-1 Y CONQUISTÓ SU SEXTO TÍTULO

A Zidane no le hace falta la palabrería de Mourinho para llenar de copas al Madrid

Eran pocos los que creían en el técnico francés cuando Florentino le dio las riendas del equipo, pero en año y medio ha dejado por los suelos el legado del entrenador del United

Foto: Zidane ha ganado su sexto título en año y medio. (Reuters)
Zidane ha ganado su sexto título en año y medio. (Reuters)

Zinédine Zidane es entrenador profesional desde hace poco más de año y medio. Se han sucedido tantos éxitos y tantas copas bajo su mando que la realidad, esto es, su cortísima experiencia en el primer nivel, se antoja imposible de creer. Desde enero de 2016, Zidane no ha levantado la voz jamás, su compostura digna de galán de Hollywood se ha mantenido intacta en todos los momentos que le ha tocado vivir, que por increíble que parezca, no han sido todos buenísimos. Ha perdido un derbi, un Clásico, ha sido eliminado en Copa, le han criticado, le han insistido una y otra vez por lo mismo... y sigue impertérrito pero sonriente. Inalterable en su virtud social. Los títulos, como esta Supercopa de Europa tras ganar 2-1 al United, le otorgan un crédito cada vez mayor, cada vez más complicado de corromper.

El primero de los seis títulos a los que aspira de aquí a poco antes del Mundial de Rusia se lo ha ganado a Mourinho. Nunca antes se habían enfrentado en igualdad de condiciones, los dos como entrenadores de grandes equipos, luchando por el mismo objetivo. Encarados como dos polos opuestos en absolutamente todos los sentidos posibles, salvo en uno: la voluntad de ganar. El camino hacia esa meta es contrario. Poco o nada tienen que ver en cuanto al desempeño de sus funciones. Y los resultados no son iguales, por lo que un camino es, al menos con los números en la mano, más agradecido que el otro.

Algo más de 24 horas antes de la final, Mourinho empezó su partido. Él siempre ha mantenido que el encuentro no son solo los 90 minutos reglamentarios, sino que todos los detalles que anteceden a la propia práctica del fútbol son igualmente determinantes para obtener el resultado deseado. El terreno donde se maneja con mayor soltura es en la rueda de prensa, delante de los medios de comunicación, a los que suele embaucar no con su encanto, sino con sus ideas, que penetran en la mente de los periodistas y, por tanto, de los consumidores de información, como un mantra. Pensó en un pequeño punto débil del excelente arsenal blanco y visualizó al galés solitario, a Bale. Atacó con toda su artillería: "Si juega el partido, entenderé que quiere seguir en el Real Madrid. Pero si no juega, iré a por él". El mensaje estaba lanzado, esperando el efecto.

El plan de desestabilizar al Madrid y a Bale era, cuanto menos, jugoso. Y habría surtido efecto si Zidane no hubiera creado desde hace 19 meses una barrera infranqueable contra los mensajes engañosos. No ha habido un solo comentario interno o externo que haya roto el equilibrio del vestuario madridista. No sucedió cuando James anunció tras ganar el Mundial de Clubes que estudiaría ofertas. Tampoco cuando Isco pidió más protagonismo. No hubo respuesta a palabras de Simeone o Luis Enrique. No la iba a haber con Mourinho. Sin embargo, Zidane quería cortar de cuajo cualquier atisbo de polémica. Le molestó que Susana Guasch le insistiese por ello. Entendió que no solo trata Mou de desestabilizar, también la prensa. Y en ese caso, acertó.

Mourinho nunca ha ganado al Real Madrid. (Reuters)
Mourinho nunca ha ganado al Real Madrid. (Reuters)

Por supuesto jugó Bale. Y sin palabrería, sin una palabra más alta que la otra, Zidane ganó su sexto título como entrenador profesional, es decir, en año y medio. Dos Copas de Europa, dos Supercopas de Europa, una Liga y un Mundial que se han ganado desde la sincera humildad del que ha sido el más grande como jugador y que pretende trasladar esa magnificencia también a su labor como entrenador.

Nunca hay que olvidar lo que Mourinho hizo por el Real Madrid. Con el paso del tiempo y el constante crecimiento del Real Madrid la época del portugués en el banquillo blanco ha quedado para el recuerdo, y no precisamente uno positivo. Cuando dice que antes de él el Madrid no pasaba de octavos de Champions ni era cabeza de serie, no se equivoca, remarca un detalle histórico significativo y lamentable que, con su trabajo, volcó. Fue Mourinho el que devolvió el hambre al Madrid, que había empezado a creer que podía vivir sin comer. Una Copa y una Liga contra el mejor Barça de la historia tienen un valor enorme que quedó machado por las formas en las que se consiguieron.

A Zidane no le ha sido necesario insistir a sus futbolistas en hacer faltas contundentes para parar el juego, en entrar al combate retórico con el enemigo, a pisar la mano del mejor contrario, ni a meter ningún dedo en ningún ojo. También se puede ganar a través de la sencillez de un discurso cordial que cala entre la afición y, lo más importante, en el vestuario, con mucha facilidad.

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