vigésimo aniversario de la brutal matanza

El genocidio que cambió la vida de Ibrahimovic, un apellido que fue masacrado

Su padre, Šefik Ibrahimovic, decidió en 1977 hacer el petate y dejar atrás su Bijeljina natal persiguiendo un sueño, el de labrarse un futuro mejor, que le condujo hasta el puerto de Malmö

Foto: Un joven Zlatan posa junto a su padre, Šefik, cuando militaba en las filas del Ajax
Un joven Zlatan posa junto a su padre, Šefik, cuando militaba en las filas del Ajax

Cuando este sábado dignatarios de todo el mundo se congreguen en el mausoleo de Potoçari para rendir tributo a las más de 8.000 víctimas de la masacre de Srebrenica en el vigésimo aniversario de la brutal matanza perpetrada contra ancianos, mujeres y niños por las fuerzas serbias del general Ratko Mladic, el nombre de una familia estará inevitablemente en boca de todos los presentes: la de los Ibrahimovic. La inmensa mayoría del clan que lleva el apellido del extraordinario delantero del PSG fue literalmente masacrada entre los días 11 y 13 de julio de 1995 en el mayor genocidio acontecido en suelo europeo tras la Segunda Guerra Mundial. El crack sueco tenía por entonces 14 años y sólo la divina providencia le permitió librarse de una muerte más que segura.

Si hoy día podemos disfrutar de las genialidades de ‘Ibracadabra’ es gracias a su padre. Šefik Ibrahimovic decidió en 1977 hacer el petate y dejar atrás su Bijeljina natal persiguiendo un sueño, el de labrarse un futuro mejor, que le condujo hasta el puerto de Malmö. Poco podía imaginar este cantante de medio pelo (desde sus tiempos mozos se destacó como intérprete de música tradicional bajo el remoquete de 'Kinko') que su diáspora escandinava le apartaría, junto a su mujer e hijos, del trágico destino que el viento de la desgracia descargó contra su extenso árbol genealógico en la vecina Srebrenica. "Pensaba irme a Suecia para ganar algo de dinero y regresar a Bosnia, pero ya llevo aquí 37 años". Aunque su trabajo como conserje en un edificio nunca llegó a colmar sus expectativas laborales, Šefik alteró sus planes de regresar a Bosnia Oriental después de una breve visita al terruño familiar junto a su hijo mayor, Zlatan, en 1991. 

El enrarecido clima provocado por los incipientes enfrentamientos étnicos previos a la desintegración de la antigua Yugoslavia convencieron al padre del ex azulgrana, musulmán practicante, de que lo más prudente era aceptar el ofrecimiento del Malmö para que puliera el descomunal talento de su vástago en lugar de ponerlo en manos, cual era su auténtico deseo, de uno de los grandes clubes de la capital bosniaca (Zeljeznicar o FK Sarajevo). Zlatan tenía 10 años y flirteaba con el delito robando bicicletas en el suburbio de Rosengard cuando los paramilitares serbios de Arkan entraron a cuchillo en las calles de Bijeljina el primero de abril de 1992 descargando su furia incontrolada contra la población islámica, mayoritaria en la ciudad natal de su padre. Se calcula que un millar de personas fueron asesinadas en el primero de los múltiples episodios de limpieza étnica que se registraron durante los cuatro años que duró el conflicto armado en los Balcanes. 

Más de 30.000 musulmanes fueron obligados a abandonar sus hogares y refugiarse en Gorazde, Zepa, Tuzla y Srebrenica, importantes núcleos urbanos todos ellos bajo control de la 'armija' (ejército regular) bosnia tras la declaración de independencia de la vieja y desgastada república que había forjado Tito. Fue precisamente en ésta última localidad donde se instaló la inmensa mayor parte del clan de los Ibrahimovic, uno de los apellidos más extendidos por esos territorios colindantes con la frontera serbia. No en vano, la ciudad mártir de la guerra que avergonzó a Europa en los albores del siglo XXI multiplicaría su población después de que la ONU la declarara como 'zona segura' al año de iniciadas las hostilidades, junto a Gorazde y Zepa. 

Pero el parapeto del Dutchbat, la pequeña unidad del ejército holandés que garantizaba la seguridad de la población civil en nombre de la UNPROFOR (Fuerza de Protección de las Naciones Unidas), saltó por los aires a principios del verano de 1995. El ejército de la República Srpska, bajo el mando del general Ratko Mladic, capturó Srebrenica el 11 de julio sin oposición alguna de las tropas neerlandesas y procedió a la deportación de sus vecinos musulmanes. Todo fue, sin embargo, una estratagema, puesto que muchos de ellos no lograron llegar con vida a Tuzla. Las fuerzas de ocupación serbia perpetraron una matanza indiscriminada de hombres, mujeres y niños bosnios en los alrededores, lejos de las miradas indiscretas de los Cascos Azules. 

Un informe publicado el pasado domingo en The Observer por la periodista Florence Hartman responsabiliza, con base en varios documentos desclasificados, a la propia ONU y a los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia de haber ‘sacrificado’ Srebrenica y, por ende, a sus moradores con el fin de allanar el camino hacia un acuerdo que pusiera fin al conflicto, lo que acontecería cuatro meses después en Dayton (Ohio). Especialmente sobrecogedoras son las revelaciones del general holandés Onno Van der Wind, quien aseguraba que “la ONU proporcionó 30.000 litros de gasolina a los serbios, que utilizaron para trasladar en sus camiones a los refugiados hasta los campos donde fueron asesinados".

De las 8.372 víctimas identificadas en las numerosas fosas comunes encontradas entre las localidades de Srebrenica y Potoçari, 158 llevan el ilustre apellido del que Arrigo Sacchi calificó en su día como el mejor 'solista' del planeta fútbol. El más castigado por un genocidio que cambió por completo y para siempre el mapa demográfico de ese terruño regado de tumbas que jalonan la belleza dramática de sus montañas. Un cementario-mausoleo, inaugurado en 2003 por el ex presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, honra en Potoçari a las personas asesinadas en tan brutal matanza y a todas aquellas cuyos restos continúan esparcidos por la zona, a la espera de ser descubiertos e identificados.     

Aunque el internacional sueco no perdió a ningún miembro directo de su familia en aquella masacre, sí que padeció en sus carnes el efecto nocivo de la guerra. El temor constante a la muerte de sus seres queridos y la falta en muchas ocasiones de noticias procedentes de una Bosnia asediada y aislada del mundo por Slobodan Milosevic y Radovan Karadzic, sumió a 'Kinko' en un asiduo estado de embriaguez. No en vano, el internacional sueco explica en su biografía "Yo, Zlatan", publicada a fines de 2011, la frustración y el dolor que le produjo el ver a Šefik enganchado sin remisión a la cerveza por culpa del conflicto que se estaba viviendo en la patria originaria de sus padres. Y es que, a pesar de que siempre se ha dicho que su madre, Jurka, es croata, el jugador aclara que ella nació y se crió en Bosanska Gradiska, localidad sita en pleno corazón de la actual república Serbo-Bosnia, antes de emigrar a tierras nórdicas. Tal vez por todo ello, 'Ibra' no haya querido pisar nunca más suelo bosnio. Y es que el apellido que porta estuvo muy cerca de ser exterminado por culpa de la intransigencia política y religiosa de un conflicto armado del que aún quedan muchas preguntas sin respuesta. 

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