Los 25 años de Lendoiro: de la gloria a la ruina en el Deportivo de la Coruña
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SE VA ENTRE LUCES Y SOMBRA DEL CLUB DE SU VIDA

Los 25 años de Lendoiro: de la gloria a la ruina en el Deportivo de la Coruña

Augusto César Lendoiro ha dejado la presidencia del Deportivo de la Coruña después de ser el único presidente capaz de conseguir lo mejor y lo peor

Foto: Lendoiro se despide del Deportivo en la Junta (Efe).
Lendoiro se despide del Deportivo en la Junta (Efe).

Era 1988 y el Deportivo vagaba por Segunda División. Entonces, Augusto César Lendoiro (Corcubión, 1945) llegó al Deportivo de la Coruña con una premisa, convertirlo en una referencia del fútbol español. Y lo consiguió. El Depor ganó dos Copas del Rey, una Liga y tres Supercopas, rozó una final de Liga de Campeones, en la que participó durante sus mejores años. Y en el camino, dejó también dos descensos, 160 millones de euros de deuda y el equipo casi en quiebra teniendo que recurrir a la Ley Concursal. Lendoiro pasó de la gloria a la ruina.

Lendoiro quedará en la historia del Deportivo como un vendaval, como un presidente que fue capaz de lo mejor y lo peor para un equipo. La ciudad gallega siempre estará agradecida a un mandatario que propició que toda Europa supiese lo que era La Coruña, pero la afición deportivista también estará aliviada de que después de 25 años Lendoiro haya abandonado el barco, obligado en cierto modo por las circunstancias. Sentimientos divididos.

Y es que en 1988, con la llegada de Lendoiro, el Depor comenzó a despegar para convertirse en uno de los equipos más respetados del panorama nacional. Primero con la creación del ‘Súperdepor’, un equipo que conquistó a toda España con su juego y con el fatídico penalti de Djukic que les privó de la Liga. Ese equipo histórico liderado por Mauro Silva vería como con tiempo y paciencia finalmente la historia sería justa con el Dépor yle daría su primera, y única, Liga en la temporada 99-00. Antes, una Copa del Rey en la 94-95 y la mítica del ‘centenariazo’ al Real Madrid en el Santiago Bernabéu, fue en 2002.

En esa época el club vivió su mejor momento, con una semifinal de Champions League incluida y una remontada histórica a toda una leyenda como el Milan. Después de los años dorados, el Depor tuvo que acostumbrarse a vivir acomodado en Primera, hasta que llegaron dos descensos seguidos a la división de plata y una inestabilidad económica y social por culpa de haber intentado competir con los más grandes durante dos décadas. Las estrellas jugaron a la sombra de la Torre de Hércules y trajeron éxitos, pero el precio fue demasiado caro. Ese es el gran debe de Lendoiro, un presidente que salvó a un equipo, le hizo grande, y le deja en una situación delicada pero con vida.

placeholder Lendoiro, junto al nuevo presidente Tino Fernández (Efe).

El ya expresidente se retiró de la candidatura para volver a ser presidente, ni siquiera se presentó y se mostró en todo momento dispuesto a una salida amistosa del club. Se despidió de la afición en el partido que el Deportivo disputó ante Las Palmas el pasado domingo y desde las gradas recibió cariño y aplausos. "Era una situación complicada para el club, un momento para estar todos unidos y mejor es difícil que pudieran salir las cosas”, reconocía Lendoiro después de que Tino Fernández saliera elegido como su sucesor en la Junta de Accionistas del pasado martes y quien aseguró que llega a “una empresa de sentimiento”.

El nuevo presidente salió elegido con un 72,09% de los apoyos y el de Corcubión lo describía así “Se producía un cambio y todo el mundo quería salir ganador, pero el que salió ganando fue el Deportivo". Lendoiro tiene claro cómo será su vida ahora que deja el Deportivo de la Coruña: "Ahora, a descansar un poquito y después ver qué cosas se pueden hacer. Desde ya soy un jubilado, pero estoy convencido de que voy a seguir trabajando", agregó Lendoiro, quien dijo que seguirá "vinculado seguro" al fútbol.

Como anécdota, en la Junta de Accionistas se debatió también otro punto, el del estadio. Parte de los allí presentes llegó a pedir que Riazor se bautice con el nombre de Lendoiro. Otro síntoma del sentimiento contrario que existe en torno a la figura de un presidente que quedará grabado en la historia del deportivismo.

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