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Cuando San Sebastián era el centro del automovilismo mundial antes de la guerra
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LA ANTIGUA FÓRMULA 1 EN ESPAÑA

Cuando San Sebastián era el centro del automovilismo mundial antes de la guerra

Hubo una época donde el circuito de Lasarte, a las afueras de la capital guipuzcoana, reunía a lo más granado de las carreras de coches. Todo acabó con el comienzo de la guerra civil

Foto: Cartel del 'Grand Prix' de San Sebastían.
Cartel del 'Grand Prix' de San Sebastían.

Antes de que comenzara la Fórmula 1 en 1950, lo máximo que existía en el deporte del motor eran las carreras de 'Grand Prix', que bajo complicadas fórmulas de equivalencia conformaban parrillas de salida con los mejores de competición de la época. Las carreras que se disputaron en San Sebastián entre 1923 y 1935, fueron configurando el tipo de competición que conocemos hoy día y que comenzó su andadura una vez recuperada Europa de los desastres de la guerra mundial.

En la década de los 20 y los 30, San Sebastián era el centro absoluto del turismo de alto poder adquisitivo, arrastrado por la presencia de la Familia Real. Se daba la circunstancia, además, de que el rey Alfonso XIII era un gran aficionado a los coches de competición, así como promotor de la industria automovilística. Era un proceso de lo más natural que las autoridades locales, cuando querían estirar al máximo en septiembre la temporada veraniega, así como promocionar internacionalmente su ciudad, pensaran en la realización de un Gran Premio Automovilístico.

Una jugada audaz y visionaria

A pesar de que la localidad catalana de Sitges, contaba desde 1923 con uno de los primeros autódromos permanentes del mundo, San Sebastián fue la que se llevó el gato al agua del Gran Premio a las autoridades deportivas internacionales de la época, lo que era el embrión de la actual FIA (Federación Internacional de Automovilismo). Como o era norma en la época, el circuito se hacía a base de unir distintas carreteras que estuvieran en razonable buen estado. El trazado de 18 kilómetros recibía el nombre de Lasarte, por ser la localidad donde estaba situada la línea de salida y meta, así como los boxes y las tribunas principales.

El circuito seguía por lo que era la antigua carretera Madrid-Irun hasta Andoain, para girar en dirección a Urnieta y al llegar a Hernani al girar de nuevo hacia donde está hoy situado el museo de Eduardo Chillida y desde ahí bajar de nuevo a la línea de meta en Lasarte, muy cerca de donde tiene situado su restaurante el afamado chef Martín Berasategui. La mayor parte del trazado hoy día es transitable y exceptuando las típicas rotondas, podemos hacernos una idea muy aproximada de la valentía que tenían que tener los pilotos para rodar si ningún tipo de protección y medidas de seguridad por aquellas carreteras. Aún queda incluso en la propia Lasarte, la llamada ‘Avenida del Circuito’ que discurre exactamente por donde se daba la salida a aquellos Grandes Premios.

Las instalaciones del circuito fueron mejorando de año en año y en sus últimas ediciones, contaba con un edificio de boxes y un marcador que indicaba al público las posiciones de los pilotos, sin parangón en la época por Europa. Se desarrolló un curioso sistema de cronometraje, que se activaba cuando un coche llegaba a Lasarte. El mecanismo consistía en un aviso por teléfono que activaba un claxon junto al reloj oficial. Este aviso encendían unas bombillas eléctricas que iluminaban unos carteles para llamar la atención de los cronometradores y el público, indicando el nombre del automóvil que iba a pasar, su número y nombre del conductor.

La guerra acabó con todo

La llegada de la Guerra Civil y, posteriormente, de la Guerra Mundial dio al traste con aquel gran evento, porque una vez terminados los conflictos bélicos había necesidades mucho más acuciantes que la de organizar carreras automovilísticas y también porque, con el exilio de la Familia Real, San Sebastián dejó de ser el punto de encuentro de la alta sociedad. Sin embargo, aquellas carreras en Lasarte ni mucho menos eran eventos reservados a una pequeña élite, sino que, de hecho, fue en su momento la carrera de coches de Europa que más público atraía, superando cada vez con más frecuencia los 100.000 espectadores. El éxito colosal de aquellas carreras culminó en su última edición en septiembre de 1935 cuando albergó más de 150.000 espectadores en sus laderas y 20.000 coches aparcados por un recorrido de diecisiete kilómetros. Por poner perspectiva, en toda la provincia de Guipúzcoa apenas llegaban a 6.000 los coches matriculados.

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Por aquellos Grandes Premios pasaron todos los grandes constructores de la época, comenzando con el dominio de Bugatti en la década de los 20, cediendo luego el testigo a los Alfa-Romeo y finalmente al poderío alemán de los Mercedes y los Auto-Union, que como vehículo propagandístico de la gran Alemania que quería proyectar Adolf Hitler, dieron un salto adelante en prestaciones que además de dejar obsoleta a toda su competencia, empezó a despertar serias preocupaciones por la seguridad ante las espeluznantes velocidades que alcanzaban los coches alemanes.

Una carrera de despedida a lo grande

Para hacernos idea del nivel técnico que se alcanzó en dicha época, la victoria de 1935 le correspondió al alemán Rudi Caracciola con un Mercedes que rodó a una velocidad media de 164 km/h, tardando 3 horas y 9 minutos en recorrer los 520 km. Pero fue Achille Varzi quien dejó registrado el récord definitivo del circuito con una media de 173,8 km/h. La marca de velocidad punta la registró Hans Stuck con Auto-Union a nada menos que ¡238 kilómetros por hora!, al paso por línea de meta. Quizá también, por aquella lucha fratricida entre los titanes alemanes tan importante para el devenir posterior del deporte automovilístico, el último Gran Premio de España en San Sebastián es también un referente histórico de primer nivel en las carreras automovilísticas.

Adolf Hitler decidió repartir las ayudas económicas entre Mercedes y Auto-Union (que es el germen de la actual Audi). La particularidad es que Ferdinand Porsche, que había ganado su fama como genio de la mecánica y diseñó por encargo del propio Hitler el primer Volkswagen, dejó Mercedes para pasarse a la marca rival. Más allá del dinero llegado como medio de la propaganda nazi, lo cierto es que la rivalidad entre ambas marcas pesó aún más para que se produjera un avance tecnológico sin precedentes, con unas prestaciones que no pudieron ser igualadas hasta prácticamente dos décadas después.

Ya ven, casi un siglo después de aquello, en breve volverán a coincidir en la Fórmula 1 los nombres de Mercedes, Porsche y Audi. Quién sabe si no sería una buena idea rescatar aquellas míticas carreras con un circuito urbano en San Sebastián. A belleza paisajística, arquitectónica y oferta gastronómica no hay muchos sitios a nivel mundial que puedan igualar a la ciudad donostiarra. Así que, así por dar ideas, sería bueno que Stefano Domenicali, como jefe de la Fórmula 1 se viniera dar una vuelta por aquí. No iba a irse decepcionado.

Antes de que comenzara la Fórmula 1 en 1950, lo máximo que existía en el deporte del motor eran las carreras de 'Grand Prix', que bajo complicadas fórmulas de equivalencia conformaban parrillas de salida con los mejores de competición de la época. Las carreras que se disputaron en San Sebastián entre 1923 y 1935, fueron configurando el tipo de competición que conocemos hoy día y que comenzó su andadura una vez recuperada Europa de los desastres de la guerra mundial.

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