Frank Williams: se fue el último gran 'carrerista' que transformó la Fórmula 1
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FALLECIÓ A LOS 79 AÑOS

Frank Williams: se fue el último gran 'carrerista' que transformó la Fórmula 1

Aunque ya no era propietario del equipo ni tampoco su familia, Williams se distinguió por una pasión incombustible. Llegó a transformar la fisonomía de la F1 de la nada

Foto: Frank Williams
Frank Williams

Frank Williams, quizás la persona más importante de la Fórmula 1 junto a Enzo Ferrari y Bernie Ecclestone. Su importancia no puede medirse por los muchos y fgrandes éxitos deportivos del que fuera su equipo, sino por lo que simbolizó para la Fórmula 1.

Erróneamente se le ha nombrado en muchos obituarios como el último ‘garajista’, término que despectivamente utilizaba Enzo Ferrari para referirse a sus rivales ingleses, que, según el italiano, construían coches competitivos en talleres de medio pelo apoyados en la efectiva plataforma Cosworth-Hewland. Ciertamente, Frank Williams fue en su momento también uno de esos ‘garajistas’. Él pasó también una buena época de su carrera sobreviviendo en la parrilla con la más modesta maquinaria, pero el Williams Grand Prix que todos conocemos, el de los grandes triunfos y títulos mundiales, de ‘garajista’ tenía ya muy poco.

Frank Williams fue el primero que transformó precisamente esa filosofía 'casera' de los Tyrrell, BRM, Lotus, etc en empresas de ingeniería avanzada. Su equipo fue el primero en contar con un túnel de viento propio, con desarrollos tecnológicos no dependientes de proveedores externos, como sus cajas de cambio o las suspensiones activas. Entre él y Ron Dennis con McLaren elevaron a tal nivel la organización y los recursos tecnológicos de sus empresas que, a comienzos de los años 90, era Ferrari el que se había quedado como un ‘garaje’ en comparación con el poderío de los colosos británicos.

placeholder Williams fue junto a McLaren el equipo dominador en los años ochenta y noventa en la Fórmula 1. En 1986-87 con Piquet y Mansell estuvieron en otra galaxia
Williams fue junto a McLaren el equipo dominador en los años ochenta y noventa en la Fórmula 1. En 1986-87 con Piquet y Mansell estuvieron en otra galaxia

Una pasión sin límites

Sería mucho más apropiado por tanto, utilizar con Frank Williams el término ‘carrerista’ en lugar de ‘garajista’. Porque fue precisamente esa pasión por las carreras que mantuvo hasta el final de sus días su principal sello de distinción. Prueba de ello es que a comienzos de siglo pudo haber vendido su equipo a BMW y haberse hecho multimillonario, pero no había dinero en el mundo que pudiera justificar el sacarle de los circuitos. Sólo con una pasión desmedida por este deporte se puede entender también su propia historia de superación personal, como la de su equipo.

Para dar idea de hasta de ese amor por la competición y fe en sus posibilidades, valga una anécdota vivida junto a Emilio de Villota en la temporada de 1977. Desahuciado por el magnate canadiense Walter Wolf, que decidió crear su propio equipo, Williams resolvió alquilar un vehículo March para el piloto belga Patrick Neve, que tenía un pequeño patrocinio de una cervecera de su país. Tal era la precariedad de medios que al llegar a los circuitos le pedía a Giuseppe Risi, (mánager del equipo de Villota) que aparcara su camión enfrente para poder utilizar su rampa mecánica para bajar su coche. Así de justo iba Williams en la época.

placeholder Walter Wolf (izqda) desahució a Frank Williams (dcha), que tuvo que comenzar de cero y cuatro años después acababa como campeón del mundo.
Walter Wolf (izqda) desahució a Frank Williams (dcha), que tuvo que comenzar de cero y cuatro años después acababa como campeón del mundo.

Crecerse ante la dificultad

Pero es en esos momentos de extrema dificultad se produjeron dos hechos claves para la historia de su escudería y de la propia Fórmula 1: La llegada de Patrick Head y del primer patrocinio de Arabia Saudi. La precariedad de medios no permitía resultados de relumbrón, pero la tenacidad de Frank y las dotes de Head mejorando aquel destartalado March convencieron a los jeques para que empezaran a abrir generosamente su monedero. Resultado: En tres años campeones del mundo con Alan Jones.

La travesía del desierto había sido tan dura, que al estilo de ‘Lo que el viento se llevó’ Frank se juró que ‘no volvería a pasar hambre’. En lugar de tirar la casa por la ventana con la llegada de los petrodólares, Frank y su equipo siguieron llevando la misma vida modesta de siempre, pero la escudería empezó a elevar el listón de tal manera que cuando quisieron darse cuenta sus rivales, todos excepto McLaren se habían quedado obsoletos en la primera gran ola tecnológica que supuso la llegada a la Fórmula 1 de la fibra de carbono y los motores turbo.

Pese al accidente de coche que le dejó postrado para siempre en una silla de ruedas, Frank Williams era siempre el primero en llegar y el último en marcharse tanto de la fábrica como del circuito. Al estilo de Enzo Ferrari, Williams no era un técnico ni tampoco fue un piloto con un pasado brillante, sino un motivador en estado puro, alguien con un carisma muy especial que hacía que sus tropas estuvieran siempre dispuestas a hacer ese plus que va más allá de los contratos laborales.

placeholder Junto a su fiel Dickie Stanford, siempre era el primero en llegar al circuito y el último en marcharse. Una pasión sin límites.
Junto a su fiel Dickie Stanford, siempre era el primero en llegar al circuito y el último en marcharse. Una pasión sin límites.

El declive de su gran obra

Esa fue precisamente la razón de la decadencia de Williams como equipo. Desde el momento que su salud le impidió llevar el frenético ritmo de trabajo y compromiso que siempre tuvo, el declive fue inevitable. Sin el genio al frente dando ejemplo todos los días y motivando, los mejores ingenieros y técnicos ya no consideraban a Williams como su primera opción. Porque Williams nunca fue el que más dinero pagó a pilotos o personal de su equipo. Su filosofía era no racanear nunca en medios para hacer el mejor coche posible y el resto llegaría por añadidura en forma de prestigio y satisfacción para todos sus empleados, desde el piloto estrella al que fregaba los suelos en la fábrica. Así le gustaba recalcarlo.

Nunca se entendió que no cediera el mando del equipo a su hijo Jonathan, que había demostrado tener méritos suficientes liderando un equipo muy competitivo en GP2 (la categoría antesala de la F1). Para sorpresa de todos, nombró a su hija Claire como su sucesor, la peor decisión que pudo tomar, porque sin entrar a valorar si Claire tenía o no valía personal para asumir tamaña empresa, era evidente que la hija no tenía ni de lejos el compromiso ‘carrerista’ del padre. Para Frank, Williams Grand Prix era su vida y ese compromiso unido al talento determina el ser no ser de los equipos.

Por ello es tan importante Frank Williams en la historia de la Fórmula 1. No existe nadie que tenga el respeto tan unánime del paddock como el que atesoró hacia su figura. Es el ejemplo de ese gigante que, allí donde la mayoría de nosotros habría tirado la toalla, siempre encontró una razón para que nadie rompiera su historia de amor con las carreras. Descanse en paz.

Emilio de Villota Arabia Saudí
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