prueba de un F3, el dallara 312

Ahora entiendo un 1% más el veneno de un piloto de Fórmula 1

Este jueves, en el circuito de Albacete, tuvo lugar una jornada especial de la prensa con el equipo Campos Racing en el que se brindó la posibilidad de pilotar un Fórmula 3

Foto: El monoplaza de Campos Racing en Albacete.
El monoplaza de Campos Racing en Albacete.

Primero, desembragar bien para no calar el coche y no ‘pifiarla’, que hay cámaras y gente viéndote. La salida es correcta y hasta con un par de acelerones para el goce sonoro e ir conociendo a la bestia que se han atrevido a dejarnos a un grupo de periodistas el expiloto de Fórmula 1 Adrián Campos. Qué valor… “Bueno, estos motores tienen ya 14 años… los Toyota. Estos monoplazas son indestructibles”, comenta el propietario de los coches de Campos Racing que brinda valerosamente para la ocasión. Salimos a pista y con el primer acelerón fuerte la adrenalina sube y los nervios comienzan a transformarse en una sonrisa pícara. ¿Esto va en serio?

Es jueves 13 de junio, a unos 25ºC y estamos en el circuito de Albacete. Primera curva a derechas para ir tomándole el pulso al F3 de 245CV y unos 500 kilos de peso, el Dallara 312 de la Euroformula Open que se han utilizado hasta este año (por cambio de normas). Pilotar este ‘cacharro’ para un ser normal es como no pasar de tercera o cuarta en un viaje con un coche normal: al final se llega al destino, pero no se exprime para lo que está concebido el vehículo. Las curvas se suceden -una a derechas y una horquilla también en el mismo sentido- pero la emoción e intensidad de la experiencia no te deja concentrarte al 100% en el pilotaje que está ‘supervisado’ por un Renault Clío CUP X98 (230CV y 1.600cc) que va delante marcando trayrectoria (y, sobre todo velocidad) y que está pilotado por Adrián Campos Jr. Somos gente maja, pero no es difícil que al más responsable de los allí reunidos (en la llamada Goldcar Racing Experience) se le fuera el pie demasiado al fondo del acelerador. Hay a quien la emoción se le va de las manos… pero está justificado.

Dos a la izquierda y llegamos a la recta de atrás del trazado manchego para dar rienda suelta y creerse lo que uno no es. Ojo, que llega una curva de izquierdas y estás en quinta… posiblemente a unos 130 km/h en un coche no sólo desconocido, sino casi extraterrestre para ti. No pasa nada, siempre he escuchado que estos bichos frenan genial y alguna vez debía probarlo. Los pilotos no mienten, y el coche desacelera de una manera más efectiva que yo en reducir las marchas… Volvemos al ataque con un ángulo recto a la derecha y luego la curva diez que precede a otra minirecta.

Venga, enchufa marchas, te dices a ti mismo. Vas gustándote cada vez más, pero el Clio de delante te recuerdas que no eres ni un amateur, sino más bien un peligro en estos momentos si te dejas ir por ti mismo. Te relajas y viene a la mente, como al principio, dónde estás sentado en ese preciso momento y la sensación vertiginosa, y la emoción te hace que te apetezca llorar. Pero de eso ya habrá tiempo: pissa fuerte que después de la curva 14 a derechas vas a cruzar por primera y última vez la recta de 600 metros.

Los 170 km/h más rápidos del mundo

Ahí sí, sexta y unos 170 km/h que a ti te parecen una burrada al ir tu trasero a escasos centímetros del suelo. Dejas de acelerar a unos 100 metros de la primera curva, que ya la tomas con más brío que antes y donde el casco (y, por tanto, tu cabeza) se va a la izquierda mientras tus brazos dicen ‘derecha’. Comienzas a coger confianza y a pedir al de delante que le dé un poquito más de caña. Comenzamos a estar preparados para buscar los límites de un coche que parece ir sobre raíles, es increíble la respuesta que tiene en cada momento a los giros y la sensibilidad cada vez que se usan los pies o los dedos de las manos: las levas son tan suaves que se parecen más a in videojuego que a la realidad. Pese a nuestro aparente control para dar un giro de tuerca más al asunto, (como buen piloto que ha sido) Adrián Campos Jr no acelera mucho más para que nadie salga herido de Albacete.

Sin embargo, ese pequeño margen que uno nota con respecto a la anterior vuelta sirve para pisar más alegremente los pianos y para luchar con más ahínco contra las fuerzas G. “Lo único que no tiene este coche ahora en comparación a cuando va a una carrera es el asiento, que no está hecho a medida”, explicaban en el briefing previo a toda esta jornada. Ahora me doy cuenta que está lejos de ser una pijada tener un asiento que se amolde a cada nalga, sino que es algo obligatorio para no ir bailando en el cockpit. Bastantes problemas tienes ya con sujetar el volante y la cabeza como para que estar pendiente también del cuerpo…

Donde antes metías cuarta, ahora quinta, y en la recta de atrás da tiempo de sobra para la sexta velocidad. Exprimimos un poco más este bicho y esto es como todo: justo cuando te estás aprendiendo las respuestas de la vida te cambian las preguntas… Y debes ir a la calle de boxes con el coche. Eso sí, con la sensación de haber realizado el excelente trabajo de devolver el coche al box sano y salvo, y sin probar la grava ni los límites del circuito. “No dejamos dar la tercera vuelta porque ahí empiezan los disgustos”, comenta Campos dejando ver que ahí la confianza de cada piloto (por un día) en sí mismo derivaría a lidiar con la catástrofe en cada curva sin tener mucha idea de qué se está haciendo.

Freno el coche, creo que se me cala, pero ya todo me da absolutamente igual (lo siento, Adrián). He sobrevivido y creo que he tenido una de las mejores sensaciones de mi vida. En serio, ¿esto se puede convertir en un trabajo? Ahora comprendes mejor el veneno que tiene dentro un piloto de carreras, aunque haya sido a un 1% de la velocidad con la que ellos pilotan estas bestias. Supongo que para experimentar dicha sensación dará igual la categoría o coche, pero lo de un monoplaza… por las diferentes experiencias vividas, es el veneno más mortal que he probado.

Querido Sebas Fernández...

Por cierto, luego el piloto hispano-venezolano Sebas Fernández se encargó de demostrar que tu pilotaje había sido una basura cuando di dos giros con él como copiloto del Radical SR8 RX (motor V8, 2.700 cc y 405CV) capaz de ir a 278 km/h. Sebas tiene 18 años, corre con Campos Racing en la Fórmula 3 -es el español más próximo a la Fórmula 1- y también era su primer día con un coche que no conocía. Él sí sacó lo mejor de esa bestia…

Fórmula 1

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios