UNO DE LOS ACCIDENTES MÁS ABSURDOS DE LA F1

Tom Pryce: cuando un extintor no salvaba una vida, sino que la segaba...

5 de marzo, G.P de Sudafrica, 1977. Tom Pryce afrontaba la recta a 270 km/h. El más amargo de los infortunios se cruzó en la vida de dos personas

Foto: Tom Pryce. (imago sportfoto)
Tom Pryce. (imago sportfoto)

5 de marzo, Gran Premio de Sudafrica, 1977. Vuelta 22. El italiano Renzo Zorzi ha dejado aparcado su Shadow a la izquierda de la recta, enfrente de los boxes. De repente, su monoplaza comenzó a arder tras un pequeño fogonazo. Dos comisarios situados al otro lado, junto al muro de la recta, cruzaron la pista. Uno de ellos solo tenía 19 años, se llamaba Jansen van Vuuren

El galés Tom Pryce  había adelantado al Lotus de Gunnar Nilsson y al Ligier de Jacques Laffite. Se disponía a pasar de nuevo por meta con el March de Hans Stuck por delante. Un fallo en la salida le había relegado hasta la última posición y Pryce remontaba furiosamente. La singular recta del circuito sudafricano dibujaba un cambio de rasante que impedía la plena visibilidad de toda ella. De repente, Stuck pega un volantazo y se mueve hacia un lado…

En su primera clasificación estampó su premio

Sus amigos le llamaban ‘Mald’. Tom Maldwyn Pryce había nacido en Ruthin, un pequeño pueblo del norte de Gales. No aprendió a hablar inglés hasta los siete años. Sus padres, Jack –un policia local– y Gwyneth estaban muy unidos a Tom, ya que antes habían perdido a un hijo de tres años. Pero no pudieron evitar que Tom se convirtiera en un loco de la velocidad al llegar a la adolescencia. Mientras muchos amigos jugaban al fútbol, en las pistas forestales locales Tom ‘jugaba’ a los rallies. ¿Cómo desde  un perdido pueblo galés aquel chaval se convirtió en una de las mejores promesas de mediados de los setenta en la Fórmula 1?

TOM PRYCE FATAL CRASH 1977 Kyalami

 Si se atesora talento, la determinación para hacerlo valer era tan necesaria entonces como en el presente. Pero el camino era distinto. El joven Pryce,  dotado con el don de la velocidad, ganó el Motor Racing Stables Crusader Championship, pomposo nombre para un campeonato local, pero cuyo premio era un pequeño monoplaza de la Fórmula Ford. Con él empezó a competir. En su primera clasificación oficial 'Mald' estampó su premio. Así empezó la aventura. Luego, una de sus mayores preocupaciones fue conseguir un turismo para llevar el remolque con su monoplaza por los circuitos británicos y europeos. Logró un MG al que le hizo 15.000 kilómetros en tres meses…

  Pilotar un “hierro” realzaba el talento natural

Pryce comenzó a forjarse como piloto en el mejor yunque del mundo: los circuitos y campeonatos británicos. Ya en la Fórmula 3, en 1972,  ganó la carrera telonera de la ‘Race of Champions’, una prueba  fuera del Campeonato del Mundo que era un clásico de la Fórmula 1. Sacó 15 segundos de ventaja sobre el primero de los que pierden. Sería un anticipo de lo que lograría años después en aquella misma carrera. Aquel año, en Mónaco, su monoplaza se quedó parado en medio de la pista. Otro rival embistió su coche cuando Pryce estaba inspeccionándolo. Fue también otro desgraciado anticipo…

Pero ‘Mald’ era un prodigio de control al límite con el volante. Empezó a destacar en la Formula 3 y la Fórmula 2. Alan Rees era 'team manager' del equipo Shadow de Fórmula 1, y también galés. Le pidió al dueño, Don Nichols, que se fijara en Pryce para el segundo asiento. Debutó en 1974, con un monoplaza de clase media-baja de la parrilla. En su segunda participación, Gran Premio de Francia (Dijon), se clasificó tercero en los entrenamientos.  En una época donde pilotar un 'hierro' realzaba el talento natural, pronto comenzó a poner el suyo en evidencia. Y más cuando llovía.

Un 'Hulkenberg' de la época

Tom Pryce. (imago sportfoto)
Tom Pryce. (imago sportfoto)
Tímido, modesto y muy amable, todo el mundo alababa su sencilla personalidad. Resultaba imposible encontrar alguien que hablara mal de él. Cuando salía con sus amigos, “Mald” les pedía que no fueran diciendo por ahí que estaban con un piloto de Fórmula 1. En la pista, por el contrario, era inevitable ser delatado.  A sus mecánicos les llamaba la atención su temperamento tranquilo y sereno fuera del coche, pero cómo derrochaba agresividad dentro de el, un "real lionheart".

En 1975 dio la campanada cuando Pryce ganó la ‘Race of Champions’. Por el camino se había quitado de en medio a un tal Jacky Ickx y a un don Ronnie Peterson. Pocos meses después logró la pole en el Gran Premio de Gran Bretaña, al año de  debutar en Bélgica. Se salió de la pista cuando iba en cabeza por un charco traicionero. En Mónaco, palabras mayores, se colocó segundo en la parrilla. En Nurburgring corrió encharcado en gasolina por una pérdida de combustible que incluso le saturaba  boca y  ojos. Terminó con ampollas y quemaduras en la piel… Pero cuarto en la meta.

Por su extraordinario control y estilo se le empezó a incluir en la escuela de Jochen Rindt y Ronnie Peterson. En 1976 volvió a subir al podio del Gran Premio de Brasil. Una y otra vez llegaban los destellos y se empezaba a convertir en una suerte de ‘Hulkenberg’ del momento. Su nombre comenzó a sonar para correr con Lotus. Tenía 26 años…

Un monoplaza sin alma recorrió la recta de Kyalami

Corriendo con un extintor en las manos que pesaba más de veinte kilos, el joven Jansen van Vuuren se quedó ligeramente rezagado respecto a su compañero. Hans Stuck le evitó, “por milímetros, ni siquiera supe cómo…” Pero Tom Pryce no pudo e impactó de lleno al joven comisario. A 270 km/h. Su cuerpo desmadejado dio vueltas por los aires y cayó incluso metros por delante del coche aparcado de Zorzi. Un Shadow DN8 sin alma siguió luego recorriendo toda la recta, y al llegar a su final se llevó por delante al Ligier de Jacques Laffite. El extintor había embestido brutalmente contra la cabeza de Tom Pryce con tal violencia que acabó en el parking del circuito por detrás de la tribuna, donde incluso golpeó la puerta de un coche. Obviemos el resto de los dramáticos y horribles detalles…

F1 1977 Tom Pryce Fatal Crash Angle 2

Niki Lauda ganó la carrera con parte del arco de seguridad del Shadow de Pryce metido en sus tomas de refrigeración. Era la primera victoria desde su dramático accidente en Nurburgring de 1976. Pronto le ahogaron la alegría.

En 'Rush' sabían lo que hacían...

“Su control del monoplaza en la Race of Champions de 1975 fue increíble”, recordaba Tony Soughgate, el director técnico de Shadow y testigo a pocos metros del impacto, “según pasaba el tiempo, hubiera estado al nivel de los mejores en todas partes, tenía la velocidad natural para ser campeón del mundo en un Lotus o en un McLaren…”.

El británico Roger Williamson  había fallecido en 1973 ; en 1975 lo hacía Tom Brise;  Tom Pryce en 1977... Gran Bretaña perdía a tres de sus promesas en un breve lapso de tiempo. Alguna que otra 'primadonna' del presente debería revisar la historia y empaparse de cierta humildad. Eran otros tiempos.

Hoy, en Ruthin, una enorme placa con su rostro y dos de sus monoplazas recuerda su nunca olvidada figura, porque fue en 2009 cuando aquélla se desveló en un memorial dedicado al piloto galés. En la pista de Anglesey, una recta lleva el nombre de Tom Pryce Straight.

En 'Rush', la reciente película que recoge el duelo de Niki Lauda y James Hunt, Ron Howard recuperaba en una parrilla de 1976  los sencillos colores del casco y el Shadow de Tom ‘Mald’ Pryce. Sabían bien por qué lo hacían…

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