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El podio más provocador del Giro: Buitrago gana y Mikel se mete entre los tres mejores
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Hay que creer

El podio más provocador del Giro: Buitrago gana y Mikel se mete entre los tres mejores

Aunque les cueste creerlo, aunque la intención no fuera mala, aunque resulte inimaginable... Mikel Landa vaciló a Carapaz. Además, salió de la etapa con puesto en el podio de la general

Foto: Santiago Buitrago celebra su victoria. (REUTERS)
Santiago Buitrago celebra su victoria. (REUTERS)

Vivir en Ponte di Lengo debe ser cansadísimo.

Tú te despiertas en tu pisuco de Ponte di Legno, subes las persianas, hace sol, joer, qué suerte, aprovecho y salgo un rato con la bici. El maillot, el coulotte, el casco, las zapas... A ver, ¿para dónde tiro? Ummm. Norte, Passo di Gavia. ¿Zona oeste? Mortirolo. Al sur queda Val d´Avio, para el amanecer el Passo Tonale. Vamos, que un coñazo. Eso sí, sacas pierna...

El Giro de Italia decidió poner rumbo al este, porque ir al Gavia así, a palo seco, como que no. Y eso, Tonale. Luego bajando todo el Val di Non, desde Ponte Mostizzolo hasta casi Trento, con los manzanos cubiertos de flores pálidas, y los castillos, y las estampas bucólicas, y la impresión de que, joder, esta gente lo tiene muy bien montao. Y después... más puertos. Passo del Vetriolo, luego Menador, que también vuelve la mirada si le dicen Monterovere o Kaiserjäggerstrasse, un nombre acojonante con sabor a chupitos y malas decisiones. Sí, amigos, estamos en esta zona de Italia donde las cosas tiene su toponimia en varias lenguas, porque la historia es va de capricho en capricho, y a mí estos asuntos me encantan, oye. El Kaiserjäggerstrasse, por seguir con las bicis, es un pepino curiosete, ocho kilómetros al diez, tramo largo superando el doce. Vamos, que pupita a nada que se busque hacer pupita. De la última cima hasta meta hay ocho kilómetros cresteando y bajando un poco, tramos de esos que se hacen rampas al 20 si te has quedado y andas con las patucas regular. Vamos, que terreno. Y ganas. Al menos debería haberlas, que se acerca el final del Giro y alguno se pira para su pueblo sin saber exactamente lo que pudo haber sido y no fue.

Foto: Imagen de la etapa. (REUTERS/Jennifer Lorenzini)

Salen todos pensando en lo de Aprica, también les digo, porque una etapa así deja secuelas. En gemelos, muslos y mentes (el orden puede ser distinto dependiendo del corredor). Por mucho que nos fumásemos el tema a ratos. Secuelas. Pero...

Sí, oh, sí.

Hoy hemos visto el momento trascendental de este Giro de Italia. El que decía Cartier-Bresson (que hizo un montón de fotos a las bicis), el que escogía mejor que ningún otro Roger de Vlaeminck. Antes no existía y... fiu, ahora está. Todo cambia.

Lo veremos más abajo.

Por de pronto... clásica escapada. Que menudo nivel en este Giro, con las escapadas. Anima mucho el cotarro Van der Poel, no vamos a negar evidencias. El tío entra a cualquier pelea como su colega el pequeñajo, ese que llegaba todos los sábados a casa con adrenalina por las nubes y muchas historias por contar. Pues lo mismo, pero en grande. Y mira que no debería ser este su terreno, precisamente por grande. Bueno, es que no lo es, pero anda Mathieu como para que alguien le diga nada sobre guardar fuerzas, seleccionar ataques y zarandajas de esas que hacen llorar a Claudio Chiapucci.

placeholder Van der Poel, tras el esfuerzo. (EFE/EPA/ Maurizio Brambatti)
Van der Poel, tras el esfuerzo. (EFE/EPA/ Maurizio Brambatti)

Así que... escapada. Un montón de tíos, también Van der Poel. Llueve, está la carretera brillante (bajan Tonale hasta Cles, puerto suficientemente serio como para que lo hubiesen puntuado, pero, en fin, yo ya ni me voy a enfadar porque me tomo estos asuntos a broma), todos tiritan un poco. Terrenuco para escarcear, para escarcear de narices. Solo que no. O que igual sí, pero no. Porque aquí entró en escena otro de los grandes protagonistas de la etapa. Y de la Corsa Rosa.

El realizador.

El realizador del Giro estudió Arte y Ensayo en La Sorbona, con Goddard. Entre sus aficiones preferidas cita las elipsis, las novelas de Robbe Grillet y no ver mucho al tiburón en la peli Tiburón. Vamos, que le gusta el suspense. Y la mejor manera de generar suspense es no descubrir la no tan hermosa realidad (por eso usted es más atractivo por Twitter que en persona, alguien tenía que decírselo). Así que el realizador, a quien llamaremos a partir de ahora Truffaut de chichinabo (adoro a Truffaut, ojo, me juego mucho con la comparativa), decide hurtarnos las imágenes del gran grupo. En fin, si los de delante van delante será porque son ellos quienes importan, ¿no?, pregunta, con positivista carga de razón. Así que empezamos a verlos casi coronando el segundo puertazo del día. Hasta entonces... shows.

Van der Poel, especialmente. Que sube ese corpachón que tiene por las rampas como sin esfuerzo. Bueno, a ver, va sufriendo, pero rema. Igual está picado con van Aert por lo del Mont Ventoux, y esta mañana le mando un whatsapp, Wout, colega, no te pierdas hoy el asunto, emoji, emoji, emoji (los millenials usan muchos emojis). Está también en el grupo Jan Hirt (llega a coquetear con el bidonazo, gran año de su escuadra), Hugh Carthy (no va de rosa pero está rosa... convalida), Mauri Vansevenant, Guillaume Martin (que saca hoy libro y debía hacer promo), Santiago Buitrago o Gijs Leemreize, nombre acojonante para chaval con futuro. Y, oye, suben el Vetriolo a hostia limpia, que menudo puerto guapo, este del Vetriolo (Menador, el último, es aun más espectacular... qué ganas de ir para allá con la bici, meterla al coche, sacar una foto en la cima y bajarme a un restaurante). Dureza y estética. También algo de drama, porque había niebla misteriosa (quizá concesión comercial de nuestro Truffaut de chichinabo, quizá el humo que nos habíamos montado todos con ataques de lejos), y el asunto va fenómeno en ese sentido.

Foto: Ciccone celebra su victoria del dominfgo. (EFE/EPA/Maurizio Brambatti)

Bajando hay algunos sustos, hay algunos escarceos, y todo queda para el final, como en las novelas malas. Pero, ojo... está tirando el equipo de Mikel. Están tirando Pello Bilbao y Wout Poels. Wout Poels encuentra a veces patucas de quintuple ganador en París, y tenía hoy el día tonto, y cuando tiene el día tonto... pues daño. A Almeida, por ejemplo. Que el portugués no contaba para la victoria final ya lo dije aquí hace unos días (también dije que ojito con Nibali, así que tablas), pero es que cuando te descuelgas tantas veces y tan lejos... Eso sí, incógnitas, porque el Truffaut de chichinabo no nos dejaba saber diferencias, segundos, minutos, ni una imagen. Te dicen que Almeida subió Menador montado en el Halcón Milenario y, en fin... parece difícil de creer, pero no puedo negarlo.

Y entonces, después de todo esto, después de que Poels sacase a pasear esas piernecitas de alambre que tiene... pam.

Ataca Mikel Landa.

A ver, vamos a ser sinceros... Mikel Landa lleva todo el Giro que tú lo ves atacar y parecen unos higlights a cámara lenta (también es verdad que de Hindley buscas eso y es un not found). A estas alturas de la peli creo que podemos decir, sin miedo a que nos tachen de críticos, que Mikel Landa tiene menos aceleración que un tractor subiendo Alisas. Pero... de una forma u otra... ahí está. Y prueba. Y, oye, esta etapa se cepilló al Olano portugués, mañana será otro día (mañana no, que es llano, y aquí solo hay que librar). Lo de hoy fue aceleración sin reprís (o reprís sin aceleración), vale, pero manteniéndolo algo (algo) en el tiempo. Y sucedió lo de Santa Cristina. Que se fueron los tres más fuertes.

Y ahí... pues cada uno a lo suyo. Hindley perdió un Giro por no probar, y va a por el récord. O su lenguaje sobre la bicicleta es más elegante que el de Oscar Wilde, o es un cagón de cuidado. Y Carapaz anda todo el tiempo soldadito a rueda (salvo el día de Turín, ojo, y aquel fue el ataque más serio de toda la Corsa), y cuando pasa al relevo pone unas caras de estar muriéndose, y de no poder con sus mismísimos antebrazos. Y entonces, quizá por todo eso, sucedió.

El momento preciso.

La imagen más trascendental desde que salimos de Hungría.

Algo que debería cambiar, en una u otra dirección, el rumbo que tome esta carrera.

Mikel Landa bostezó.

Sí, Mikel Landa bostezó. O pareció que bostezaba. A ver, no es algo tan raro, yo bostezaba andando en bici por un problema respiratorio, y a los que salían conmigo les jodía cantidad, mira el cabrón este, se queda clavado en Quijás y luego nos bosteza en el morruco. En fin.

Solo que no.

Que no.

Que Landa no bosteza.

No.

Landa imita a Carapaz.

Repasen, repasen las imágenes.

"Sí, amigos... Landa ha vacilado a Carapaz"

Richard está tirando, y va muy encogido en la bici, y mueve cantidad los hombros, y la cara es así, como de que te visite el sepulturero. Da pena, el hombre, remátenlo, que no siga esto, te rompe el corazón. Pero Landa, vaya usted a saber razones, parece no creérselo. Landa, vaya usted a saber razones, se lo toma a chufla. Landa va a su rueda, niega con la cabeza, le dice algo a Hindley (que no lo entiende, porque lo suyo es hablarle a Hindley en vasco, para desconcertar), señala a Richard, luego pasa mirando de reojo, abriendo mucho la boca, constriñendo expresiones faciales hasta la mismísima mueca. Todo eso mientras adelanta a Carapaz. Después, en cabeza, vuelve al pedaleo sí-pero-no, al mira-qué-poco-sufro...

Sí, amigos... Landa ha vacilado a Carapaz. Que no digo yo que haya sido a mala hostia, ¿eh?, o para mofarse mucho, o con intención de sangre, pero...

Landa ha vacilado a Carapaz. Y, aquí sí, el Truffaut de chichinabo estuvo al quite.

Bien, analicemos la situación. Mejor dicho, quitemos de en medio a Hindley (que parece tan polémico como un capítulo de Los osos amorosos) y quedémonos con los dos que restan. ¿Posibilidades? Un par. Landa va tan sobrado que no le importa chulear a la gente / Carapaz se encabrona y va a por la maglia y a joder. Mira, ambas me ponen tontísimo. Bravo. Merckx bendiga la no corrección política.

Ah, en Lavarone gana Santiago Buitrago, compañero de Mikel, porque cuando salen bien las cosas, pues salen bien las cosas. Hindley y Carapaz prueban un de-mo-le-dor ataque a trescientos metros de la última línea, y le suman seis segundos a Landa. Que, ojo, tiene fama de sprínter malo, pero llega por delante de Van der Poel (casi con el mismo tiempo) así que tan malo no será, tan malo no será. Almeida pierde un minuto y se pone (casi) imposible el rosa. Landa, tercero, le saca menos de ese tiempo, y la historia tiende a repetirse (Bardet, Roglič) así que no le debería valer. Richard y Jay están en tres segundos, y nadie descarta que se jueguen el Giro el lunes por la noche, en una partida al sette e mezzo. Porque ataques... poquitos.

Hasta que el ecuatoriano vea las imágenes. Entonces... ay, entonces.

A mi señal... Ira y fuego.

Frótense las manos.

Vivir en Ponte di Lengo debe ser cansadísimo.

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