Es noticia
Menú
Agonía, éxtasis y resaca: un Giro de Italia con disfraz de fiesta (pero como la vida misma)
  1. Deportes
  2. Ciclismo
ESTE LUNES, JORNADA DE DESCANSO

Agonía, éxtasis y resaca: un Giro de Italia con disfraz de fiesta (pero como la vida misma)

Con todo, detallitos. Pero es que detallitos también tienes con su prima la del pueblo, y a la Corsa Rosa se le pide más que una llamada: 'Qué tal todos, ¿hace frío? No, no he bebido'

Foto: Ciccone celebra su victoria del dominfgo. (EFE/EPA/Maurizio Brambatti)
Ciccone celebra su victoria del dominfgo. (EFE/EPA/Maurizio Brambatti)

A veces, el Giro de Italia es como la vida misma. De lunes a viernes aburriéndote, dejando pasar jornadas de la manera más funcionarial. Haces tu trabajo lo mejor que puedes (tu trabajo... no sé, sacar nóminas, manejar un torno, pintar monigotes con palabras), a veces maquillas un poco el asunto porque metes dos esdrújulas en una frase o te sale viento de cola. En fin, para morirse, esos rollos que tiras con ellos por pura costumbre, porque si te paras a pensarlo... Mejor no.

Luego, el sábado... joder, el sábado la quemas. Pero la quemas en serio, la quemas de forma espectacular, la quemas como si tuvieses veintes años en vez de calzar la quinta de Valverde. Oh, sí. Fuegos de artificio, esa agradable sensación de que, coño, mereció el esfuerzo, fue larga la espera pero moló este ratuco. Igual no ocurre nada serio (porque ella tiene novio, porque te echaron aguarrás en los chupitos, porque tu idea para forrarte luce ridícula a las doce del día siguiente) pero quedan remembranzas de batallas añejas, salvajes, divertidas. Hasta la extenuación y un poco más allá. Porque en el Giro, como en la vida misma, también los domingos son horas muertas para penar entre recuerdos, pensar en oportunidades que perdiste y confiar en que ese whatsapp mandado a las seis de la mañana te lo interpreten a modo de broma, jijií, jajá. Ay, los domingos. En fin.

Foto: Giulio Ciccone, a su llegada a meta. (Reuters/Jennifer Lorenzini)

Así que vayamos por orden. Sufrimiento, éxtasis, bajona. Las etapas llanas. Algunas llanas-llanas, otras de esas que llaman llanas-con-cotas, las de más allá tipo ojo-cuidao-con-el-viento. Vamos, que sestear y sprint. A veces, es útil huir de los números (siempre es útil huir de los números si usted aspira a convertirse en escritor, que es el cénit de la sociedad, ejem), porque, de lo contrario, podemos quedar atrapados entre sus zarpas. Como en el Giro. ¿Velocidad? Pues, miren, sí... ¿Desgaste? Cero. Nada. Niet. Las frías medias (título de peli porno) nos cuentan lo contrario, pero es que si juntas algo de aire con un pelotón fresquísimo te salen las cosas así.

Con todo, detallitos. Pero es que detallitos también tiene usted con su prima la del pueblo, y a la Corsa Rosa se le pide algo más que una llamada el 31 de diciembre, qué tal todos, ¿hace frío?, no, aun no he empezado a beber. Destaca lo de Girmay, oigan. Biniam Girmay, que tiene un nombre acojonante (llevábamos un Giro bastante bajo en esto de los nombres, después del 2021 de Remco Evenpoel o Attila Valter) y ganó en Iesi. Patria chica de Federico II Hohenstaufen, colegas. Girmay también parece un poco 'stupor mundi', para qué engañarnos, porque hizo sentarse al mismísimo Mathieu Van der Poel en un sprint larguísimo, agónico, de esos donde las bicis se mueven que da miedo verlas. Espectáculo. Primera victoria de un eritreo en el Giro, primera victoria de un africano negro en las tres Grandes. Marcas, marcas (Iesi está en las Marcas, así que todo muy logrado). Como no hay hecho histórico sin su disparate subsiguiente aquellas pedaladas fueron las últimas de Girmay en la prueba. Que se hizo daño. Con el corcho del champán. Sí, como lo oyen. La verdad es que salió aquello con velocidad como para chapuza gorda, pocas risas aquí. Hay partidos políticos que ya alertan sobre los peligros de esos tapones, y sobre el incremento de la inseguridad por culpa de esos tapones, y sobre la idoneidad de no permitir la entrada de tapones al país, porque nunca hubo nadie con problemas provocados por el corcho del vino español (por el vino sí, por el vino muchos). El debate está en la calle, permanezcan atentos a su opinador canallita de cabecera, ese que no es ni de derechas ni de... bueno, en fin, ya saben.

Eso, que Girmay retirado y casi tuerto (esto hace gracia porque no paso nada más grave, aclaramos), y un atractivo que se marchaba del Giro. No sobraban, ¿eh? Esprint, escapaditas, y ya. Dainese, Oldani (bien resuelta su fuga), Démare. Qué ritmo, qué trenos, qué números, qué bostecera. No hagan caso. Semanita de recuperación, que aquí nadie se chupa el deduco y nos conocemos todos.

"Es útil huir de los números porque, si no, nos quedamos entre sus zarpas. Como en el Giro. ¿Velocidad? Pues, miren, sí... ¿Desgaste? Cero"

Así que... tercer fin de semana y el Giro a estrenar, como el rodillo que se compró usted después del confinamiento, por si acaso. Los favoritos, en segundos, López seguía líder. López no es MAL (ejem), sino Juanpe. Aquí ya advertimos hace unos días que esa 'n' antes de 'p' nos provocaba cierto rechazo, no pocas dudas e incluso ganas de revisitar el Tour 2004, pero es que la cosa se ha ido de madre y hasta la Real Academia de la Lengua dijo que lo correcto era 'Juampe', que nada de 'Juanpe' y que si alguien tenía problemas con eso podían batirse en duelo al amanecer, playa de Cartagena, la hombría como arma principal (sospecho qué académico hizo este dictado, pero omitiré su nombre por pudor). Bueno, que el mozo López lo llevaba bastante bien, y se presentó camino de Turín en su décimo día de líder, y no ganará el Giro (eso ya lo sabía antes de empezar) pero ningún otro ciclista va a sumar más 'maglias rosas' que él en este 2022. No es poco premio, ¿eh? Minutos en las teles, artículos muy leídos en prensa y una intervención directa de la Real Academia. Hay periodistas que se jubilan sin ninguna de las tres cosas

Fue, decíamos, hasta Turín. Porque es también esto el Giro... un crescendo bien lentuco que acaba en despiporre los últimos días. A Turín, por si fuese poco, se llegaba en sábado, y los italianos son los reyes de los sábados, como sabe cualquiera que frecuente pueblos costeros en agosto. Así que eso, recorrido rompepiernas, subidas con rampones y la banda sonora de 'La grande bellezza' sonando bien fuerte (la banda sonora de 'La grande bellezza' es una de las cosas más mamarrachas e imperdibles que hay en este mundo nuestro). Los ciclistas con ganas, poniéndose sus americanas tonos pastel, sacando el pañuelo un poco de los bolsillos, guardando en la cartera un profiláctico más, por si acaso. Y, bum... espectáculo. Por la parte menos esperable, además, que todo empezó con un movimiento ambicioso de Bora, y no suele ser Bora equipo dado a locuras (más allá de hacer anuncios de sus productos que harían llorar a Karlos Arguiñano).

Setenta a meta y Kelderman rompe todo. También algo llamativo, porque Kelderman estaba más o menos bien en la general (escapada mediante), y tampoco ha sido nunca Claudio Chiapucci. Pero, en fin, que eso. Curiosamente los cincuenta paisanos que tenían las mismas fuerzas durante dos semanas desaparecieron en cuanto hubo velocidad seria. Despejamos, al fin, ciertos equilibrios frágiles. A Valverde le llega una avería en el peor momento (con 42 años, quiero decir), y queda lejísimos. El resto... lo esperado. Hay planes de pensiones con patas (Pozzovivo, Nibali que asusta), Hindley saliendo a todo con suficiencia (lo que deja a Tao como clarísimo ganador potencial de este Giro), Almeida muriéndose en cada repecho (yo sigo diciendo que una cosa es ser sufridor, como Escartín, y otra muy distinta es sufrir todo el rato en montaña, como Abraham), Landa sudando a mares, Simon Yates mirando las vistas, sonriendo en selfies con admiradoras y preguntando si el hotel tiene piscina, que llega julio y hay que pillar bronce. Qué tío, Simon, menudo ídolazo.

placeholder FOTO: Reuters/Jennifer Lorenzini.
FOTO: Reuters/Jennifer Lorenzini.

Un ataque de locos

Eso, leña desde lejos, ritmo de verdad (no como el ritmo de-mo-nia-co de días anteriores) y los buenos mirándose ojillos de tú a tú. Ataque de Carapaz. Treinta a meta, redondeando, etapa que no es la más dura de esta edición. Vamos, que el tío quiere repetir lo de Courmayer, porque salió aquello fenómeno, ¿eh, Richi?, pero guay, guay. ¿Conclusiones? No sé... por un lado es quién más expuso, y abrió hueco en nada, y tiene la cabeza dura como el pedernal. Aunque por otro... en fin, lo acabaron cogiendo otros tres ciclistas, y gastó bastante sin premio, y ese era demarraje para hacer distancias y regular ya un cierto margen. Carapaz se vistió de rosa en Turín, lo que siempre es bueno, pero no tengo yo muy claro el sabor de boca que llevó a la cama...

Con él llegaron Hindley (que a ratos parecía el más fuerte), Nibali (que a ratos parecía el más fuerte y... qué coño, es Nibali, dale tú opciones a Nibali, déjale ver una debilidad tuya a Nibali) y Simon Yates, quien apretó para llegar pronto a la habitación y no perderse su programa preferido de la tele (ese de hacer espadas). Ya puestos, ganó la etapa. Ganó la etapa con la misma cara, la misma gestualidad en el pedaleo y parecidas celebraciones que cuando perdió setenta y tres minutos en el Blockhaus. Le tienes que querer, coño, es que le tienes que querer. A unos pocos segundos, Pozzovivo (haciendo llorar a todos aquellos que alguna vez pagaron un estudio biomecánico) junto con nuestro Almeida sufriente y doliente. Luego Landa y Pello Bilbao, porque a los mocetones del norte esto del calentamiento global nos está viniendo malísimo para rendir adecuadamente. Luego Juanpe, que leyó una pintada de 'Vamos Juampe', se bajó de la bici para corregir y ya no pudo pillarlos, porque estaba la cosa muy seria. También tiró la bolsa del avituallamiento con su puntito de mala leche, vaya usted a saber razón, pero este tipo de reacciones sulfurosas son agradecidas por estas líneas (siempre que no supongan peligro para nadie más allá del airado). Tiene algo voeckleriano, Juanpe. En fin, gran Giro el suyo, ahora a remar buscando un 'top ten'.

Jornada grande. De las que quitan máscaras y rompen excusas (no hay terreno, estamos todos muy igualados, tenemos que guardar para lo que queda). Los favoritos siguen en un pañuelo, sí, pero ciertas gradaciones ya se descubrieron. Hay tíos que sonríen y otros que se acostaron con gesto serio, contrito. Gesto muy poco 'Italia-sábado-noche'.

placeholder FOTO: Reuters/Jennifer Lorenzini.
FOTO: Reuters/Jennifer Lorenzini.

Y este domingo... en fin, a ver... es lógico. Que ya tenemos una edad, que no se recupera como antes, que esto no son las fiestas de su pueblo, que salía usted el miércoles y ya volvía a casa el lunes con una camiseta distinta, corte de pelo diferente y dos o tres cosas sobre las que reflexionar mucho. Pero eso era antes. Ahora... Vamos, que resaca. Resaca gordísima, de las de dolerte la testa, las piernas, estómago regular, pocas ganas de extender tus días en el mundo. Y, claro, si eso te toca en pleno Giro... fumadón. Trantrán, ritmillos que no asustarían a Quaranta, el pelotón de charleta, oye, ¿has visto lo de Mbappé?, qué cosas, tú. El recorrido era bueno y bonito (barato no, que en zona de nieve ya sabes). Valle de Aosta, multitud de subidas, el Mont Blanc allí al norte, qué preciosidad todo, qué carreteritas tan cucas, uy, mira, bajadas como para buscar debilidades en quien ya mostró debilidades (ejem, Joao Pedro, ejem). Pero nah, día de recuperación, descanso activo, beber muchos líquidos, comer casi por obligación, tumbadito en el sofá.

Hay escapada de lejos. Sospechosos habituales (Van der Poel debe tener prima por kilómetros tirando), Pedrero (que lleva las gafas puestas de una forma rarísima, y aun no sé si me parece ridículo o genial), Hugh Carthy haciendo muecas, Buitrago preparando el terreno para Landa (mejor tira a ver si cae etapuca, no vaya a ser que...), Arensman para reconducir... En fin, historietas, porque en cualquier fuga de muchos hay relatos breves como para ventilar libros de Monterroso. Ah, también andaba Ciccone, que arrancó con fuerza nada más empezar Cogne (primeros kilómetros duros, finales tendidos) y lo amarró desde el principio. Que metiera tiempo al pelotón durante toda la subida nos cuenta a la perfección cómo de serio, intenso y batallador fue el asunto entre los mejores. Pelín bochorno, por definirlo suavemente. Así que eso, dicho fue, todo igual, última semana con varios paisanos ante oportunidad única, Landa ilusionando a quienes gustan de ilusionarse, Carapaz favorito y Vincenzo Nibali para hacer un Gimondi-1976... Qué malas son las resacas, amigos.

A veces, el Giro de Italia es como la vida misma. De lunes a viernes aburriéndote, dejando pasar jornadas de la manera más funcionarial. Haces tu trabajo lo mejor que puedes (tu trabajo... no sé, sacar nóminas, manejar un torno, pintar monigotes con palabras), a veces maquillas un poco el asunto porque metes dos esdrújulas en una frase o te sale viento de cola. En fin, para morirse, esos rollos que tiras con ellos por pura costumbre, porque si te paras a pensarlo... Mejor no.

Bicicleta
El redactor recomienda