una caída le imposibilita luchar por la victoria

La mala suerte se ceba con Mikel Landa, que aún no pudo demostrar sus dotes de líder

Desde que en enero de 2016 fichara por Sky, el corredor de Murguía no ha podido disfrutar en las grandes vueltas del poderío que supone ser jefe de filas del mejor equipo del planeta

Foto: Mikel Landa, en el inicio de este Giro. (EFE)
Mikel Landa, en el inicio de este Giro. (EFE)

El Giro ha sobrepasado ya su primer tercio y cuando todavía queda lo mejor por delante, la única verdadera esperanza española, Mikel Landa, ya no tiene opciones de victoria final. No se debió, como pudiera pensarse, a un desfallecimiento, a que le reventaran las piernas en la persecución de un grupo de cabeza. Fue un incidente de carrera, ajeno incluso a la organización del Giro, el que ha acabado con las ilusiones del ciclista de Murguía de un plumazo. Una moto de la Polizia Stradale estaba en el lateral de una carretera estrecha, donde no había arcén. El pelotón se aproximó adonde estaba situada y un ciclista de Sunweb no pudo evitarla, chocó contra ella y al irse al suelo se llevó con él a varios corredores del Sky, que ha perdido todas sus opciones en la general. Su líder, Mikel Landa, llegó a más de 20 minutos de Quintana, ganador y 'maglia' rosa. "He tenido que subir el puerto con una pierna", indicó tras cruzar la meta el ciclista español.

Han pasado ya dos años desde que un desconocido ciclista español acompañase a Alberto Contador y Fabio Aru en el podio del Giro de Italia. Nadie esperaba a ese gregario llegando tan arriba. Nadie esperaba, directamente, que pudiera ganar dos etapas en una grande. Mikel Landa tenía potencial para ser un fantástico escalador, pero no se podía aventurar que fuera a ser capaz de unirse a la cúpula del pelotón internacional, pues dentro de la cantera española no había muchas esperanzas para tal fin y esa selección natural no incluye a cualquiera. Sin embargo, Landa fue tercero en aquel Giro, y no fue segundo porque sus jefes en Astana le ordenaron que parase para ayudar a su líder, Aru, en su persecución sobre Alberto. Esa decisión quemó mucho al corredor vasco.

"Como deportista a mí me gusta ganar, y cuando me mandan parar para trabajar para otro no me gusta. Pero bueno, esto es el deporte también, cuando formas parte de un equipo las decisiones a veces te favorecen y a veces no. Pero me dolió", dijo meses después en una entrevista con El Confidencial. Después de esto, tenía claro que necesitaba dar un paso adelante en su carrera. "Sí, -ser líder de un equipo- ha sido lo más importante al tomar una decisión de cara al año que viene para firmar por un equipo u otro. Quiero probar lo que es tener un equipo a mi disposición en una gran carrera por etapas". No se veía ni él mismo en esa posición antes del Giro, pero todo cambió entonces.

Landa, junto al director de Sky, Dave Brailsford. (Reuters)
Landa, junto al director de Sky, Dave Brailsford. (Reuters)

Sin Froome, Landa es el líder

El Sky, el mejor equipo del mundo, llamó a su puerta y no se lo pensó. Cómo negarse a compartir estructura con Christopher Froome, con Dave Brailsford, con todas las facilidades disponibles. No iba para volver a ser un secundario, para tener que parar que fuera otro el que mandase. Cuando no fuera Froome el que llevase el dorsal '1' del equipo, lo llevaría él. Si el keniata no era el líder, lo sería él. Pasó de ser un chico de Murguía sin expectativas a 'colíder' del Sky.

Han pasado ya tres grandes y esta semana del Giro y todavía no ha demostrado tener esa madera de jefe de filas que le llevó a aventurarse a Gran Bretaña y a abandonar Kazajistán. Por unos motivos o por otros, a Landa no se le ha dado bien la responsabilidad que ha tenido sobre sus hombros. A su primera gran vuelta, el Giro 2016, acudió con las expectativas altísimas. Había mucho contra lo que competir, con Nibali, Valverde, Chaves... pero Landa no los miraba desde abajo, sino de igual a igual. Pero su estómago no le permitió lucirse. Una gastroenteritis le eliminó de la lucha. Se tuvo que retirar justo antes de que empezara la alta montaña, es decir, donde él se podía lucir. No fue a la Vuelta, sino al Tour. Le tocaba ayudar a Froome y lo hizo sin rechistar. Tenía en la mirilla la centenaria 'corsa rosa'.

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Con el paso de los meses, su nombre se había perdido entre el ruido de todos los favoritos. En el momento en que se supo que Quintana elegía correr el Giro, se apuntaba como un duelo a dos bandas entre el colombiano y Vincenzo Nibali, más si no podía acudir finalmente Fabio Aru por una lesión. ¿Landa, quién? No sonaba en ninguna quiniela. Había etapas que llevaban su nombre, claro, pero no se le esperaba en el podio de Milán. ¿Por qué? Porque en todo su año en Sky apenas ganó el Giro del Trentino. No volvió a lucir las capacidades que le llevaron a cambiar su posición de gregario por la de 'suplente' de Froome. Esta vez, otra desgracia le ha apartado de toda pelea. Necesita, como mínimo, un poco de suerte. Luego la carretera decidirá si está preparado para mandar.

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