VIVE SU PEOR DÍA COMO CICLISTA AL ABANDONAR

David de la Cruz: del supermercado al Tour de Francia en sólo cuatro años

Este jueves De la Cruz se iba al suelo y se rompía la clavícula, un ciclista que hace cuatro años trabajaba en un supermercado y el Tour le sonaba a chino

Foto: David de la Cruz tras sufrir la caída en la que se rompió la clavícula (Efe).
David de la Cruz tras sufrir la caída en la que se rompió la clavícula (Efe).

El ciclismo español mantiene su prestigio por el caché de la generación irrepetible de los Contador, Valverde, ‘Purito’, Samuel Sánchez… pero empieza a necesitar la llegada de nuevos talentos que tomen el relevo y mantengan al pelotón patrio en el lugar que se merece. Uno de esos jóvenes que más ilusión despierta es David de la Cruz (Sabadell, 1989). El ciclista del Net App debutaba en este Tour de Francia con la intención de curtirse como profesional. Así, sin más presión. Sin embargo, en la maleta de De la Cruz también viajó la idea de liarla en alguna etapa y, por qué no, subir a por el ramo de flores de ganador si la victoria se ponía a tiro. Al segundo día de carrera, el español ya andaba en fuga buscando protagonismo, pero era un amago, la intentona de verdad, la que estaba subrayada en rojo en su libro de ruta, era la etapa 12, la de ayer, y algún día en los Pirineos.

De la Cruz no contaba con otro compañero de viaje: la fatalidad. Esa mala suerte que por lo visto hasta ahora se está cebando con los españoles -Zandio, Jesús Hernández y Contador se fueron a casa antes de lo que debían por duras caídas-. Ayer, esa fortuna adversa se fijó en David, que fugado y en un terreno que le favorecía se iba al suelo y se fracturaba la clavícula. El español tenía que decir adiós cuando estaba a punto de cumplir ese propósito de liarla con el que llegó a su estreno en el Tour.

 

 

La vida ciclista de David de la Cruz es corta y ha transcurrido muy rápido. Hace siete años, cuando Alberto Contador ganaba su primer Tour de Francia, este joven de Sabadell no tenía ni idea de quién era Bernard Hinault, un tal Eddy Merckx o Lance Armstrong. Había oído hablar algo de Miguel Indurain, pero eso del Tour de Francia, el Giro de Italia o la París-Roubaix le sonaba a chino. Él era un chico de Sabadell que trabajaba por las mañanas en un supermercado. Era aplicado y obediente. Lo mismo servía para reponer los estantes que para atender en la caja. A medio día se escapaba para entrenar. Era atleta, pero como casi siempre estaba lesionado su entrenador le mandaba a clases de spinning -ciclismo de salón-, una actividad que le aburría soberanamente. Y por las tardes las empleaba en un curso de grado medio, rodeado de apuntes y compañeros de pupitres. El ciclismo por aquel entonces era ese deporte que echaban por televisión a la hora de la siesta y que pasaba fugazmente por la pantalla de su televisor sin que nuca se detuviera a verlo.

Sin embargo, el destino le tenía reservado varios giros inesperados. Una tarde, en plena clase, su vida cambió para siempre. Contaba el propio De la Cruz en Ciclismo a Fondo que un día tuvo “un corte de cables” en su cabeza y en plena explicación del profesor decidió que él no quería seguir trabajando en un supermercado, ni entrenar para ser atleta, ni coger más apuntes… Necesitaba un cambio de aires y tal cual se levantó y se fue ante el estupor de sus compañeros. Comenzó a caminar y se detuvo en el escaparate de una tienda de bicicletas. Entró y se enamoró de una BH Iseran de carretera. “¿Cuánto cuesta?”, preguntó. “500 euros”, fue la respuesta del dependiente. “Resérvamela que mañana vengo por ella”.

David no quería su bici para competir ni para ser ciclista, la quería para ir a trabajar y moverse por su Sabadell natal. Sin embargo, un día pinchó. Porque aunque él no lo imaginaba por entonces, las bicis se pinchan y la tienda taller de Ciclos Trujillo fue el primer lugar que encontró donde le podían arreglar el pinchazo. Allí, hablando con el mecánico, se cuestionó qué tenía que hacer para ser ciclista. Éste le invitó a que se uniera a su ‘grupeta’, que salía todos los martes y jueves. A la primera oportunidad que tuvo, David se presentó en ese mismo lugar con su bici reparada, un pantalón corto, una camiseta y zapatillas de deportes. Por no llevar, no llevaba ni casco. “¿Este quién es?”, se preguntaban los más veteranos. “Uno que se va a quedar en el primer repecho”, contestó otro. Sin embargo, ese pronóstico fue erróneo y De la Cruz aguantó el fuerte ritmo que le impusieron los que se convertirían en nuevos compañeros de entrenamientos.

David decidió darle una oportunidad a eso del ciclismo que tan raro le sonaba no hacía mucho tiempo. Dejó su puesto en el supermercado, sus entrenamientos de atletismo y sus clases y los cambió por un trabajo de mecánico por las mañanas y horas de bici por la tarde. Se le daba bien y pronto empezó a escalar categorías. Dejándose llevar por ese destino que le situó junto al escaparate de bicis, David conoció a Joaquín ‘Purito’ Rodríguez, quien lo acogió en su regazo y le enseñó de qué va eso de ser ciclista. La alimentación, el descanso, seguir minuciosamente los entrenamientos…

Un día ambos tuvieron una conversación que De la Cruz aún conserva en su memoria. “Cuando me hablaba de cómo había que cuidar la comida, de los pequeños detalles… Le dije que eso eran ‘pijerías’”, contaba en Ciclismo a Fondo. “Él me contestó: mira Armstrong, él lleva el cambio en las manetas de su bicicleta para no perder tiempo subiendo y bajando piñones. ¿Dónde los llevas tú? En el cuadro, conteste. ¿Cuántos Tours ha ganado él y cuántos tú?, me dijo. Fue una enseñanza de humildad y sabiduría que jamás olvidaré”, relataba el catalán, que en este Tour de Francia de su estreno también ha sido guiado por ‘Purito’ en esos primeros días de locura.

Poco después, porque como ya hemos dicho la vida ciclista de David ha ido muy rápido, cuando estaba a las puertas del profesionalismo, el Tour de Francia llegaba a Barcelona, a veinte minutos de su casa. Sin embargo, De la Cruz no quiso acercarse a ver la carrera. Ya sabía de qué se hablaba cuando se mencionaba la palabra Tour. No le sonaba a chino. “Decidí no ir porque quería que mi primera impresión de esta carrera fuera desde dentro, como ciclista”, confesaba el ciclista de Sabadell en su blog sobre la carrera que publica todos los días en A Rueda horas antes de su estreno en la ‘Grande Boucle’.

Tras un buen estreno en el profesionalismo con el Caja Rural, pese a que también ha tenido momentos duros, en el 2013 recaló en el Net App alemán. Equipo con el que ha corrido la Vuelta a España y ha sido de la partida en este Tour de Francia. Su historia en la mejor carrera del mundo también ha ido muy rápida, como el resto de su vida, y al segundo día ya era protagonista en una fuga. Sin embargo, en la etapa 12, la de ayer, cuando iba dispuesto a seguir derribando metas en tiempo record, se topaba con otro giro del destino que le dejaba con una clavícula rota y camino de casa. Esos peligros no los tenía cuando era dependiente en un supermercado de Sabadell hace pocos años.

Tampoco sabía lo que era el Tour de Francia y ahora no sólo lo sabe qué sino que en la propia cita saben quién es David de la Cruz: un antiguo empleado de hipermercado que practicaba atletismo, que estudiaba por las tardes y que no sabía de ciclismo, pero que con pasión y dedicación apunta a ser uno de esos ciclistas jóvenes que abandere el ciclismo español dentro de pocos años. Así, lo que empezó como un paseo para relajarse y volver a colocar ese cable en la cabeza que se había cortado continúa hoy con una parada obligada en los Campos Elíseos de París. Aunque eso no podrá ser este año seguro que David volverá al Tour en no mucho tiempo. Ya se sabe que la vida de este chico va rápida.

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