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Ocaña, Delgado, Beloki, Valverde y Contador, esperanzas rotas en el Tour
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ÍDOLOS CAÍDOS EN SU MEJOR MOMENTO

Ocaña, Delgado, Beloki, Valverde y Contador, esperanzas rotas en el Tour

Once maillots amarillos españoles se han visto en los Campos Elíseos. Si la fatalidad no se hubiera cruzado el ciclismo nacional podría presumir de más victorias

Foto: Alberto Contador durante la presente edición del Tour de Francia (AP).
Alberto Contador durante la presente edición del Tour de Francia (AP).

Desde que, en 1959, Federico Martín Bahamontes conquistara el primer Tour de Francia para el ciclismo español, el mes de julio y París han sido sinónimos de algunos de los mejores momentos del deporte nacional. Después del triunfo del ‘Águila de Toledo’, llegaron las victorias de Ocaña, Delgado, los cinco Tours de Indurain, el de Pereiro, Sastre y los dos -después de que fuera desposeído de su entorchado en 2010- de Contador. Nada más y nada menos que once maillots amarillos españoles en lo más alto del podio de los Campos Elíseos. Sin embargo, si la fatalidad no se hubiera cruzado en el camino de los nuestros, el ciclismo nacional podría presumir de unas cuantas victorias más.

Quizás el momento de mayor desgracia que recuerde la afición española lo protagonizó Luis Ocaña en 1971. Los duelos del ‘Héroe trágico’ con Eddy Merckx son historia y leyenda de este deporte. Ese año el conquense se presentó en la ronda gala con el convencimiento de que había llegado el momento de pararle los pies al belga, quien ya se había ganado el apelativo de ‘El Canibal’ por su hambre atroz de triunfos. Ocaña se exhibió en la etapa entre Grenoble y Orcieres Merlette. Se vistió de amarillo y distanció a Merckx a más de nueve minutos. Nunca antes el belga había estado tan entre las cuerdas, llegando a reconocer la superioridad del español.

Sin embargo, el drama y la proeza que viajaban siempre con Ocaña volvieron a alternarse y en el fatídico descenso del Col de Menté la ilusiones de ver a Ocaña ganar el Tour en París quedaron desperdigadas en la cuneta. El español seguía a todas partes a su gran rival y cuando este se salió en una curva tras no poder controlar su bici, Ocaña fue también fue tras él. La mala fortuna se cebó con el conquense que fue embestido por Zoetemelk y no pudo levantarse para reemprender la marcha. Luis fue evacuado en helicóptero al hospital y, en su mejor momento, la oportunidad de ganar el Tour de Francia se esfumó con la batida de las hélices de ese helicóptero.

Sin embargo y lamentablemente, la mala fortuna no se dio por satisfecha con el ciclismo español y en la época más reciente de la ronda gala visitó a nuestros ciclistas en más de una ocasión para dejarnos con las ganas de seguir sumando victorias en la ‘Grande Boucle’. Corría el año 1984. El Reynolds de Arroyo y Pedro Delgado había roto con la tendencia de malas actuaciones en Francia para el ciclismo nacional. ‘Perico’, el ‘loco de los Pirineos’, bajaba con su peculiar estilo camino de Morzine cuando perdió el control de su bicicleta y se estrelló contra una valla. Posteriormente pudo llegar a la meta, pero con una clavícula rota que le mandó de vuelta a Segovia y con él las ilusiones de encontrar un sucesor a Ocaña y su victoria del 73. Hubo que esperar cuatro años para que esto sucediera.

En plena dictadura de Lance Armstrong, Joseba Beloki se erige en seria alternativa para derrocar al estadounidense. El potente bloque del Once y el estado de forma del vitoriano hacen albergar esperanzas en las primeras etapas del Tour del 2003. Sin embargo, en el descenso del Col de La Rochette, Beloki perdió el control de su bicicleta y se golpeó violentamente contra el asfalto. Lance tuvo la suerte de cara y pudo escapar por pleno campo. Joseba no fue tan afortunado y se fracturaba el cubito, el radio y el trocánter de la cadera. Otra historia más para la lista de desgracias españolas en el Tour de Francia.

Tres años después, sin Armstrong en carrera y con la general más abierta que nunca, Alejandro Valverde es la gran baza nacional para coronarse en los Campos Elíseos. No obstante, otra vez una caída frustró el sueño de los españoles. El 3 de julio del 2006 el Tour de Francia sitúa la meta en Valkenburg. Un final de dulce para el murciano del Caisse d’Epargne. Pero los caprichos de la diosa fortuna llevaron a Alejandro al suelo y con una clavícula rota tuvo que volver a España en uno de sus mejores momentos para asaltar la ronda gala. Ese año, sin embargo, la victoria fue para otro español -el gallego Óscar Pereiro-.

Alguien podría pensar que el cupo de mala suerte para los españoles estaba más que cubierto, pero no. El lunes, cuando muchos soñaban con una exhibición de Alberto Contador en la subida a La Planche des belles filles, el Tour de Francia se volvió a indigestar a parte de la afición española -todavía queda la baza firme de Valverde, ahora tercero en la general-. Contador se iba al suelo en el descenso del Petit Ballon a más de 70 km/h y el golpe no pudo ser más doloroso, tanto física como mentalmente. En este 2014 el madrileño ha vuelto a encontrar ese golpe de pedal que le granjeó el título honorifico de mejor ciclista para grandes vueltas, pero la fatalidad ha decidido que este no debía ser el año de su tercera victoria oficial en París. Con una microfractura en la tibia y magullado por todo el cuerpo, Alberto intentó reponerse y desafió a la desgracia durante 18 kilómetros, pero fue imposible.

En el descenso del Platzerwasel el madrileño dijo basta con lágrimas en los ojos y puso punto y final a una edición del Tour de Francia que pintaba muy bien para él. “Ha sido el que más he preparado. Había tanto trabajo hecho que tenía que intentar seguir en carrera”, reconoció después el español, que roto físicamente y tocado en su moral viajó ayer a Madrid en el avión privado del manager de su equipo, Oleg Tinkov, para saber que no tendrá que pasar por el quirófano y tratar de estar en la salida de la Vuelta en Jerez el próximo 23 de agosto. Mientras, los españoles fiamos todas las esperanzas a Alejandro Valverde y cruzamos los dedos para que la rueda de la ruleta de la fortuna se olvide de los nuestros y permita que el himno español vuelva a sonar en los Campos Elíseos de París.

Desde que, en 1959, Federico Martín Bahamontes conquistara el primer Tour de Francia para el ciclismo español, el mes de julio y París han sido sinónimos de algunos de los mejores momentos del deporte nacional. Después del triunfo del ‘Águila de Toledo’, llegaron las victorias de Ocaña, Delgado, los cinco Tours de Indurain, el de Pereiro, Sastre y los dos -después de que fuera desposeído de su entorchado en 2010- de Contador. Nada más y nada menos que once maillots amarillos españoles en lo más alto del podio de los Campos Elíseos. Sin embargo, si la fatalidad no se hubiera cruzado en el camino de los nuestros, el ciclismo nacional podría presumir de unas cuantas victorias más.

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