nuevo entrenador de los cleveland cavaliers

David Blatt aterriza en los 'Cavs' y rompe el 'veto' europeo en los banquillos de la NBA

Tres décadas después de dejar Boston y lograr la gloria en Europa, firma por la franquicia de Ohio y ve cumplido su sueño de ser entrenador jefe en la NBA

Foto: David Blatt divisa el horizonte en la final de la Euroliga ante el Real Madrid, un símil de la nueva etapa que le aguarda en la NBA. (Reuters)
David Blatt divisa el horizonte en la final de la Euroliga ante el Real Madrid, un símil de la nueva etapa que le aguarda en la NBA. (Reuters)

El pasado jueves en Israel no se hablaba de otra cosa. La boda del base de Maccabi Tel-Aviv, Yogev Ohayon, quedó sepultada en un discreto segundo plano. Los Cleveland Cavaliers hacían oficial la contratación de David Blatt, hasta esta temporada entrenador del equipo macabeo. "Desde casi siempre he soñado con trabajar en la NBA. Ojalá lo hubiera hecho como jugador, pero no era lo suficientemente bueno. Ahora quizá tenga la oportunidad como entrenador y espero contribuir al equipo al que vaya de la misma forma que he sido tan afortunado de hacerlo aquí". Conquistada su primera Euroliga como entrenador (en 2004 la ganó con Maccabi pero como asistente del mítico Pini Gershon), el 12 de junio, en una emotiva rueda de prensa, Blatt cerraba una prolífica etapa de más de dos décadas en los banquillos europeos para convertirse en el primer entrenador jefe en la NBA que, a pesar de haber nacido en Boston y con permiso de Mike D'Antoni (jugó y entrenó en Milán y Treviso durante 20 años), ha desarrollado su carrera íntegramente en Europa.

Después de completar en 1981 su ciclo universitario en Princeton a la órdenes del legendario Pete Carril, sus orígenes judíos le llevaron a participar en los Juegos Macabeos donde ganó el  con la selección estadounidense. Fue el inicio de un fructuoso viaje que le llevó a jugar en Israel en seis equipos (Maccabi Haifa, Hapoel Jerusalén, Maccabi Netanya, Hapoel Galil Elyon, Ironi Nahariya y Maccabi Hederra) durante 12 años. Como entrenador su periplo arranca en el modesto Hapoel Galil Elyon. De ahí al Maccabi, Italia (Treviso), Turquía (Efes Pilsen), Rusia (Dinamo de Moscú) y Grecia (Aris Salónica), además de sus destacadas incursiones como ayudante de la selección de Israel (1997-2001) y seleccionador ruso (2006-2012).

Su aterrizaje en la NBA derriba una puerta que otros grandes de los banquillos del viejo continente trataron tumbar. Lo intento Messina, quien pasó la temporada 2011/2012 como asistente de Mike Brown en los Lakers tras su abrupta salida del Real Madrid. Por su parte, el mítico Zeljko Obradovic compartió ideas con el cuerpo técnico de los Pistons el pasado verano. Aventuras de aprendizaje que no llegaron al puesto de entrenador jefe a partir de ahora ostentará Blatt. Un paso más en favor del intenso fenómeno globalizador (en su vertiente enriquecedora, se sobreentiende) que vive el baloncesto.  

Conscientemente o no, Blatt esperó a que el club a quien tanto debe nombrara a Guy Goodes, su lugarteniente durante las últimas cuatro temporadas, como nuevo técnico macabeo para oficializar su fichaje. Porque hasta para decir adiós hay que saber cómo hacerlo, más si cabe en una de las instituciones con más solera del sionismo a quienes hace poco más de un convirtió en las personas más felices del mundo. Aunque dijo no abandonar Israel por motivos económicos, sus emolumentos crecerán de forma exponencial. Firma por tres años y un cuarto opcional a razón de 20 millones de dólares, cuando, al cambio, este último curso en su nómina figuraban unos nada desdeñables 600.000 euros. Echen cuentas.

Su llegada era cuestión de tiempo. Tras conseguir una meritoria medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres su nombre se vinculó a un puesto como asistente en los Atlanta Hawks. Un año después, en 2013, se perfiló como ayudante de Jason Kidd en los Brooklyn Nets bajo el influjo de su propietario, el magnate ruso de origen judío Mikhail Prokhorov. A pesar de las ofertas en firme del CSKA, a la tercera fue la vencida. La Euroliga conquistada con el Maccabi Tel-Aviv ha supuesto la llave definitiva para derribar la puerta y cumplir uno de sus sueños. Parecía claro que su próxima parada estaba en el país que le vio nacer hace 55 años. Sólo había que definir el destino. Los Timberwolves y los Warriors de Steve Keer, con quien Blatt comparte representante, le pusieron sobre la mesa un puesto como asistente. Nada que hacer ante la determinación de los Cavaliers quienes, tras tantear a los ayudantes de Doc Rivers en Los Angeles Clippers, Alvin Gentry y Tyronn Lue, no duraron en confiar en él como entrenador jefe.

En medio del revuelo y la excitación, Blatt no cabía en sí de gozo y declaraba su ilusión para afrontar el reto: "No podría estar más emocionado con la oportunidad de venir a Cleveland y ser el entrenador jefe de los Cavaliers. Vamos a trabajar muy duro para lograr alcanzar los resultados que todos esperamos", adelantaba con optimismo. Desde una de las franquicias con más incógnitas de la NBA, todo son flores hacia el nuevo técnico. El propietario, Dan Gilbert, también judío y éxitoso hombre de negocios, no tiene duda de su valía."Es una de las mentes más innovadoras en todo el mundo del baloncesto y lo ha demostrado en Rusia, Israel y otros banquillos. Es un gran profesor que ha ganado donde ha ido. Es nuestro hombre y estamos orgullosos de poder decir que es nuestro entrenador". Tampoco el general manager David Griffin: "He visto el trabajo de David durante muchos años. Tiene la extraña habilidad de adaptar su sistema para maximizar el talento de su equipo. Por esos estoy seguro de que su transición a la NBA será suave".

En Cleveland le espera un reto complejo. A pesar de que el jueves la franquicia gozará del tercer número uno del draft (Andrew Wiggins o Jabari Parker, he ahí la cuestión) en los últimos cuatro años, sus elecciones no han dado con la tecla en uno de los ataques más perturbados de la NBA. La marcha de LeBron dejó el Quicken Loans Arena como un erial. En constante regeneración y tras un agitado periodo con Mike Brown en el banco, la franquicia tratará de crecer al albor de la pizarra de uno de los mejores. Capaz de proponer un juego fluido y entusiasta en el CSKA hasta dar rienda suelta al uno contra uno, su polivalencia a la hora de adaptarse y maximizar el talento de sus fichas (véase la sorprendente temporada en Tel-Aviv) le avala. “Me resulta casi cómico debatir en torno a la adaptación de David. Es un tipo que ha entrenado durante 20 años y que ya ha sido entrenador jefe. Ha estado en partidos olímpicos y en otras situaciones de máxima presión. Maccabi de hecho representa un puesto de máxima presión. Cierto que no es la NBA, pero no hay nada en términos de presión que le impida ganar. Creo que no va a suponer ningún problema”, reconoce Anthony Parker, ex jugador de los Cavaliers y Maccabi.

Un hombre cercano y gran motivador

En la ciudad del estado de Ohio se reencontrará con Tamir Goodman, el chaval que en los noventa lucía con orgullo el cartel de ‘el Jordan judío’ y al Blatt le hizo mantener viva su pasión por el baloncesto. Considerado uno de los fenómenos emergentes del baloncesto universitario, su prometedora carrera cayó en barrena en la temporada 2001-2002. En su año ‘sophomore’ en la Universidad de Towson, un fuerte altercado con el entrenador Mike Hunt le apartó del equipo. La prensa de la época cuenta cómo el técnico le insultó, cogió una silla y la puso sobre la cabeza de manera amenazante y pateó un banquillo que terminó golpeando en la pierna del muchacho. A sus 32 años y retirado del baloncesto, Goodman recuerda cómo en 2002 Blatt le invitó a probar suerte en el Maccabi. No lo dudó y llegó a firmar un contrato con el equipo israelí. Por desgracia, antes de debutar fue cortado y tuvo que proseguir su carrera en equipos menores. Después de unas cuantas campañas dando tumbos, una lesión en la rodilla y otra en la mano le obligaron a poner punto y final a su carrera. En ese tiempo, Blatt siempre se preocupó por él y mantuvieron cierto contacto. Un detalle inolvidable por el que le estará eternamente agradecido.

En 2006, cuando tomó las riendas del combinado ruso, se encontró con un equipo completamente desorganizado y poco acostumbrado a las prácticas estructuradas, donde los aspectos ofensivos ocupaban una posición marginal. Fue entonces cuando el técnico reunió a la plantilla y les dijo: “Si queréis formar parte de algo especial, vamos a trabajar”. Desde aquel día la dinámica cambió de forma radical: las sesiones de entrenamiento se volvieron mucho más disciplinadas y cada eslabón de la cadena asumió su rol a la perfección. Su octavo puesto en el Eurobasket de Serbia en 2005 les condenó a quedarse fuera del Mundial de Japón. Un año después, con la maquinaria perfectamente engrasada, los rusos llegaron al Eurobasket de España y vencieron a la anfitriona en la final (60-59) después de que Pau Gasol errara una media vuelta en el último suspiro de partido.

A pesar de su aspecto tieso y seco, los que le conocen hablan de un tipo afable, incluso con aquellos que apenas conoce. “No es uno de esos entrenadores con los que nada más salir de la pista dices, ‘me alegro de que no tenga que volver a verte hasta mañana’. Todos hemos dado con este tipo de entrenadores. Él no es así para nada. Es un tío con el que te puedes reír. Te puedes sentar en la primera fila del autobús y hablar sobre cine con él”, confiesa JR Holden, base americano nacionalizado ruso y uno de los principales artífices del éxito cosechado en el Palacio de los Deportes.

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