"Es discriminatoria, pero necesaria"

La discriminación a Semenya, la atleta acusada de 'trampas' que nunca cometió

El Alto Tribunal se muestra favorable a la IAAF y obliga a Semenya a medicarse para bajar su nivel de testosterona. Ambas instituciones no aceptan su superioridad física natural

Foto: Caster Semenya, durante una prueba de la Diamong League en Suiza. (Reuters)
Caster Semenya, durante una prueba de la Diamong League en Suiza. (Reuters)

El caso Semenya ha tocado a su fin. Finalmente, y tras un año de polémica, el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) dio la razón a la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) en una de sus decisiones más controvertidas. Desestimó las demandas de la doble campeona olímpica y tricampeona del mundo de 800 metros y estipuló que tendrá que reducir sus niveles de testosterona a cinco nanomoles por litro de sangre (hasta ahora eran diez) durante seis meses para seguir compitiendo en categoría femenina. La sudafricana se verá obligada a cumplir esta norma si quiere participar en los próximos Mundiales de Doha (del 27 de septiembre al 6 de octubre). De no hacerlo tendrá que correr con chicos, pues sus resultados no serán válidos. A Semenya le han manchado su imagen para siempre...y no es la primera vez.

La IAAF, que ya anunció en abril del 2018 que aplicaría esta medida para las atletas DSD (Desarrollo Sexual Diferente), se ve ahora avalada tras la resolución del Alto Tribunal. El veredicto se pospuso en varias ocasiones ante la dificultad del mismo y ha sido este uno de mayo cuando se ha llegado a una decisión firme. “A veces es mejor reaccionar sin reacción”, ha comentado la afectada por redes sociales tras conocer el resultado. Tanto ella como la federación de su país, que le ha apoyado justamente en todo este proceso, tienen 30 días para apelaciones. La campeona cuenta también con el empuje del gobierno sudafricano, que se tomó el tema como una cuestión de estado y aportó un millón de dólares a su defensa, e incluso de la ONU, que considera esta norma discriminatoria.

"El panel de expertos encuentra la normativa para las atletas (DSD) discriminatoria, pero también, por las evidencias que han mostrado las partes, se considera que esa discriminación es necesaria, razonable y proporcional para preservar la integridad del atletismo femenino en determinadas pruebas", ha explicado el TAS en su resolución. Pese a todo, el tribunal reconoce la dificultad para encontrar evidencias que justifiquen esa ventaja competitiva real de las mujeres con hiperandrogenismo respecto a otras. El hecho de medicarse para seguir disfrutando del deporte profesional puede acarrearle a Semenya problemas de salud.

Semenya, a su llegada al TAS junto a su abogado. (Reuters)
Semenya, a su llegada al TAS junto a su abogado. (Reuters)

La citada norma no es extensible a todas las pruebas del atletismo, solo a las que comprenden desde los 400 metros hasta la milla, justo la distancia en la que se mueve Caster Semenya. Para lograr mantenerse por debajo del umbral que ha determinado la IAAF, la deportista tiene que hacer uso de, por ejemplo, anticonceptivos. El órgano del atletismo mundial justificó su causa como una forma de “garantizar la igualdad de condiciones”. Para la institución se trata de que el éxito lo ampare ”el talento, la dedicación y el trabajo”, como si Semenya trabajara menos que el resto. En cambio, la sudafricana basó su defensa en que la regulación era “discriminatoria, irracional e injustificable”. La IAAF quiso hacer prevalecer un supuesto interés general frente al derecho de una persona a participar con unos niveles hormonales que su cuerpo produce de forma natural. “Las mujeres con hiperandrogenismo aumentan un 4,4% su masa muscular, entre un 12 y un 26% su fuerza y un 7,8% la hemoglobina”, consideró en sus conclusiones.

El 'contradopaje' contra Semenya

La realidad es que Semenya no ha incumplido ninguna norma y, por supuesto, no es culpable de su excelente naturaleza. Sus medallas no están bajo cuestión porque durante su extraordinaria carrera jamás dio positivo por ninguna sustancia dopante, como sí hicieron otras competidoras a las que se enfrentó. La IAAF acepta que un hombre genere de forma natural más testosterona de lo normal, pues tan solo le obliga a obtener un permiso especial, pero no sucede lo mismo con la mujer. En lugar de aceptar la superioridad física de Semenya, le obliga a tomar medicación. Una especie de ‘contradopaje’ que, como toda sustancia química, puede provocar efectos secundarios que atenten contra su salud.

En 2009, y tras el Mundial de Berlín, la IAAF impidió competir a Semenya al cuestionar su femenidad por su musculatura, vello facial y “apariencia general”. Tras someterse a unas pruebas de sexo, el órgano le levantó el veto una temporada después con la condición de que mantuviera los niveles de testosterona por debajo de los diez nanomoles por litro de sangre. A pesar de las dificultades y de todo lo que tuvo que leer y escuchar, la sudafricana siguió ganando, por lo que ahora la IAAF, apoyada por el TAS, estrecha ese límite aún más. No parece coherente.

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