Atletismo: Racismo, incomprensión y premura: así es la regla de la IAAF para frenar a Semenya
fuerte contestación a la nueva normativa

Racismo, incomprensión y premura: así es la regla de la IAAF para frenar a Semenya

La nueva reglamentación sobre género del atletismo prohibe competir a atletas por encima de cinco nanomoles litro de testosterona en sangre, pero solo en las pruebas de la sudafricana

Foto: Caster Semenya, en los juegos de la Commonwealth. (EFE)
Caster Semenya, en los juegos de la Commonwealth. (EFE)

Caster Semenya podría haber pasado a la historia únicamente como una de las mejores atletas de todos los tiempos, pero para bien o para mal, no será así. Su historial, sus medallas, quedarán, por supuesto, pero es mucho más probable que en el tiempo se la recuerde como el motivo por el que se redefinió el atletismo femenino para siempre. La atleta sudafricana tiene hiperandrogenismo, es decir, produce unas cantidades de testosterona sensiblemente superiores a las habituales. Y eso, que modifica su aspecto y, quizá, su rendimiento, ha sido el centro de una polémica que ya dura años y que probablemente no terminará en futuro cercano.

El último hito en este rosario de normativas, reacciones y tribunales ha sido una nueva regla de elegibilidad para atletas femeninas promovida por la IAAF la pasada semana. En ella se estima que las atletas que compiten entre 400 metros y una milla deberán tener unos niveles de testosterona en sangre por debajo de cinco nanomoles el litro durante los seis meses previos a una prueba internacional o para validar un récord del mundo. La cifra es arbitraria, se estima que las cantidades normales en una mujer son de 0.12 a 1.79 mientras que en un hombre aparecen de 7.7 to 29.4.

Resulta curiosa la selección de pruebas, eso sí. Son únicamente las pruebas de velocidad sostenida y mediofondo, y alega la normativa que un nuevo 'paper' científico, no publicado aún, asegura que son en estas distancias en las que la testosterona juega un papel mayor. Sorprende solo a medias, porque estas son, de hecho, las pruebas en las que compite Semenya. Y es llamativo que las competiciones de 100 y 200 metros no estén incluidas, pues durante mucho tiempo se pensó que en ellas, como en los lanzamientos, también un exceso de testosterona tenía una gran incidencia.

Claro que, en ese sentido, hay puesta una reclamación de una atleta india, Dutee Chand, por un caso similar. El TAS le dio la razón, uno de los motivos por los que la IAAF ha tenido que construir una nueva normativa, y es probable que no quieran pasar de nuevo por los tribunales a sabiendas de que Chand está dispuesta a empezar de nuevo otra riña legal.

Semenya, en los Juegos de la Commonwealth. (EFE)
Semenya, en los Juegos de la Commonwealth. (EFE)

¿Por qué las pruebas de Semenya?

Es más, incluso los que han tenido acceso a esos documentos pretendidamente científicos se llevan las manos a la cabeza al ver la nueva norma. "Las mujeres atletas fueron separadas en tres grupos basándose en sus niveles de testosterona, las mayores diferencias se encontraron en lanzamiento de martillo (4.53%) y salto con pértiga (2,94%), menores diferencias se encontraron en 400 (2,73%) y 800 (1,78%) mientras que en 1.500 ni siquiera se encontró efecto", explicaban esta semana en 'The Guardian' Katrina Karkazis y Rebecca Jordan-Young, investigadoras de Yale y Columbia respectivamente. Y, a pesar de la evidencia científica, que no deja de ser bastante escasa, optaron por imponer el límite de testosterona en aquellas pruebas en las que la incidencia era menor.

El TAS, en su momento, tumbó la normativa de género de la IAAF y les emplazó a dar mayores evidencias científicas de la eficacia de la testosterona. En lugar de eso, el organismo presidido por Seb Coe trató de salvar su posición previa con un cambio completo de la reglamentación, así como con un estudio nuevo que la comunidad científica no termina de ver como válido, aunque como explica la jugadora de balonmano y columnista Hanna Mouncey, lo más probable es que esta regla también saliese escaldada en cualquier tribunal de derechos. La IAAF ha promulgado un texto que va claramente en contra de una atleta concreta, Caster Semenya. Y su caso, el más claro de todos, el más conocido, es probablemente también el más complejo.

"Es duro tener que compararnos con ella", contaba la campeona australiana de 800 Brittany McGowan tras los recientes Juegos de la Commonwealth en los que la sudafricana ganó con autoridad las pruebas de 800 y 1.500. Variaciones de ese mismo comentario han ido apareciendo entre analistas y rivales desde que apareció por primera vez en el circuito. "Si me ponen a Semenya y a diez hombres no sabría decir quién es la mujer", llegó a decir con poco tacto Mayte Martínez. "Tendría que correr en carreras separadas", decía la ucraniana Nataliia Lupu.

¿Por qué es, por lo tanto, diferente Semenya? Pues, básicamente, porque gana. Con Chand hubo problemas legales por su hiperandroginia, pero nunca se montó el circo que hay alrededor de la sudafricana, probablemente porque ella domina con puño de hierro y la india no forma parte de la élite del deporte. Y es por eso también por lo que la IAAF ha realizado una normativa que básicamente obliga a Semenya a un disyuntiva en la que no hay camino bueno, o se medica para bajar sus niveles naturales de testosterona o corre distancias que no son la suya o deja de competir del todo. La sudafricana ya ha avisado que no se medicará, porque le parece vejatorio, y que pasará a correr 5.000 metros, prueba para la que hoy en día no está preparada. Sorprende también la redacción de la nueva norma, muy empeñada en señalar en su articulado que no quieren discriminar a nadie y que en ningún caso piden que nadie se opere para bajar sus niveles naturales de testosterona.

Es cierto, o al menos es posible, que haya aficionados que vean a Semenya y no la perciban como una atleta femenina, pero más allá de sus niveles de testosterona, lo es. "Soy una mujer, cuando hago pis lo hago como una mujer, no entiendo cuando me dicen que soy un hombre o que tengo la voz grave, yo sé que soy una mujer", ha llegado a decir la atleta, que en lo posible intenta no hablar de ese nubarrón que la acompaña siempre en su carrera. Como tal se siente, ha sido educada y ha crecido en su familia, con poca o nada importancia del aspecto físico. Siempre ha competido con mujeres

"Es sexista, racista y homofóbico"

Pero al final, es el aspecto físico de lo que se está hablando. Incluso, si se quiere, de racismo. Lo tienen muy claro en Sudáfrica, país cuyo parlamento ha llegado a crear una nota de repulsa por la nueva reglamentación anti-Semenya. "Es discriminatoria, sexista y deshumanizante, debería ser condenada por todos los que defienden los derechos humanos", explicaba Baleka Mbete, portavoz de la Asamblea. "Los físicos de las mujeres africanas han sufrido y aún sufre una injustificada humillación y escrutinio. Esto tiene que parar", razonaba Moloto Mothapo, también parlamentario. "Esta normativa solo sirve para atemorizar a una generación entera de chicas jóvenes de entornos rurales que se han inspirado en Semenya para romper sus techos de cristal", proseguía Mothapo. "Es sexista, racista y homofóbico", zanjaba Tokozile Xasa, ministro de Deportes.

Es necesario aquí hacer una matización: nadie nunca ha sugerido que Semenya haga trampas. Sus niveles de testosterona son elevados, pero endógenos, es decir, logrados sin necesidad de tomar sustancia alguna. En un deporte carcomido por el dopaje ella, centro de la polémica, no es sospechosa de nada. Lo cual hace de todo este proceso algo un poco más perverso, porque señalar a Semenya es señalar al diferente. Y trazar niveles ficticios de testosterona no es más que exigir una homogeneización de las atletas femeninas. Y el deporte es todo lo contrario a eso.

Cuando Ian Thorpe arrasaba en las piscinas uno de los elementos centrales de todos los reportajes que narraban sus hazañas era el increíble tamaño de sus pies. Calzaba un 52, algo que estaba muy lejos de ser lo normal en su altura y que le servía para dar un mayor impulso a sus patadas en la piscina. De aquello se beneficiaba. Durante años Miguel Indurain fue elogiado porque su corazón latía a una velocidad inferior a la de todos sus competidores, lo que le daba una ventaja competitiva. Del mismo modo que en baloncesto, balonmano o voleibol es muy apreciada la altura, muchas veces muy por encima de los valores normales en la media de la población. Porque el deporte siempre prima la diferencia si esta acerca a la competitividad. Nadie pensó en prohibir los pies grandes, o a los hombres de más de dos metros ni propuso medicar a nadie para que le subiese el ritmo cardíaco.

En esta batalla hay aún capítulos por escribir. Chand le ha ofrecido a Semenya sus abogados, por si quiere entrar en una batalla legal como la que ella luchó y ganó. En principio, en noviembre todas las atletas tendrán que estar dentro de los arbitrarios estándares colocados por la IAAF. Puede ser que se llegue a eso, que antes tengan que repensar todo o que la normativa vuelva a cambiar en no mucho tiempo. En cualquier caso, Semenya, y el curioso interés de los mandos del atletismo por ponerla barreras, es una atleta que cambiará para siempre la percepción del género y la especificidad física en el deporte.

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