CAMPEÓN DE ESPAÑA CONTRARRELOJ

Martín, el niño que iba para Olano y lo dejó todo para estudiar unas oposiciones

El ciclismo español pierde una perla, el cuerpo de funcionarios del Estado gana un contrarrelojista. Falta les hace

Foto: Martín Bouzas, ganador del campeonato de España de CRI sub-23. (RFEC)
Martín Bouzas, ganador del campeonato de España de CRI sub-23. (RFEC)
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Dice André Agassi en sus muy recomendables memorias que tener un don no debe exigir la obligación de explotarlo hasta sus últimas consecuencias. "Si no", escribe el extenista, "puede pasarte como a mí, que nunca hacía lo que me gusta y, sin embargo, dedicaba mis días a hacer cosas que detesto".

Martín Bouzas (Rois, A Coruña, 1997), una de las perlas jóvenes de nuestro ciclismo, sabe bien a qué se refiere Agassi. Ayer anunció que abandona el ciclismo profesional para preparar unas oposiciones públicas, ante la sorpresa de todos, que sabían que no estaba pasando por su mejor momento, pero no tanto como para abandonar una carrera tan prometedora. "Es una decisión que he madurado durante casi un año. No me sentía bien con lo que hacía, no era feliz, así que decidí cambiar de rumbo, dejarlo para siempre", dice el gallego a este periódico.

La suya es una historia más de talento que de vocación. Con 15 años, sin sentir una pasión desmedida por la bici, se presentó en la carrera de su pueblo y quedó entre los primeros. Sorprendido por su buen resultado, se buscó un equipo 'amateur', el Aluminios Cortizo, para ver hasta dónde podía llegar. Lo intentó en el campeonato juvenil de España de contrarreloj... y lo ganó. "Ahí fue cuando me di cuenta de que había motor, que cuando estaba bien iba más rápido que los demás", dice Bouzas. Después se presentó al campeonato gallego de CRI, y también ganó.

Bouzas enfila un pelotón en el que puede verse a Alejandro Valverde con el maillot de campeón del mundo. (Kern Pharma)
Bouzas enfila un pelotón en el que puede verse a Alejandro Valverde con el maillot de campeón del mundo. (Kern Pharma)

En 2016, fichó por el Super Froiz, uno de los equipos 'amateur' más importantes de Galicia, y amplió su palmarés: revalidó como campeón de Galicia y de España en contrarreloj sub-23 y estuvo a punto de ganar etapas en la Vuelta a León y en el GP Cidade Vigo. Al año siguiente, más de lo mismo: "Iba muy bien. Tenía que hacer muchos sacrificios, pero pensaba que era el precio que había que pagar para llegar a profesional", explica Martín. "En 'amateur', corríamos cientos de chicos y los que finalmente llegamos a profesionales fuimos muy, muy pocos, no más de cuatro o cinco".

Por su altura (1,86) y su capacidad para ir rápido contra el crono, los expertos empezaron a compararle con Abraham Olano. Y, como al guipuzcoano, el incremento de la presión le hizo mella: "Un año antes de hacerme profesional, comencé a sentirme mal. El equipo y la familia no me presionaban, pero yo sí. Cuando no iba rápido por la mañana, era incapaz de quitármelo de la cabeza en todo el día. Me ponía a ver una película y, cuando terminaba, no podía decirte ni de qué iba, porque me había pasado dos horas dándole vueltas a la bici. De repente, dejé de disfrutar", dice Bouzas.

Tenía mucha ansiedad y era incapaz de controlar lo que comía, los alimentos prohibidos se me hacían irresistibles

El gallego inició una guerra contra su psique, contra las expectativas que otros habían depositado en sus piernas: "Me martirizaba porque no era capaz de escaparme a cinco kilómetros y gestionar el esfuerzo para ganar una etapa, como hacen los contrarrelojistas. Yo podía desplegar mi potencial cuando corría solo, en la crono, pero me venía abajo cuando sabía que estaba el pelotón persiguiéndome".

Martín Bouzas.
Martín Bouzas.

Sin embargo, los resultados seguían llegando, seguía monopolizando los podios en CRI y el año pasado dio el salto a profesionales con el Kern Pharma. Incluso llegó a compartir pelotón con Egan Bernal, Alejandro Valverde o Bauke Mollema, y a figurar en las listas de grandes promesas del ciclismo europeo, aunque por dentro se estaba viniendo abajo. "Como irrumpí en el ciclismo ganando campeonatos nacionales, todos daban por hecho que lo normal es que ganase. Y ganaba, eh, pero sobrellevar esa presión es muy duro, la tienes todo el día encima. Cuando no ganaba, que por otra parte es lo normal, todo el mundo me pregunta qué me había pasado".

Notaba una presión terrible en los campeonatos de España, porque de mí solo se esperaba una victoria

Lo pagó con la comida: "Es lo que siempre llevé peor. A la mayoría, lo que les molestaba era no poder ir de fiesta, pero a mí eso me da igual, porque no salgo ni ahora que me he retirado. Lo de la comida era distinto: comía el domingo con mis padres y tenía que privarme. Cenaba con mi novia y tenía que privarme. Ya no es que me obligasen, es que esto es vital para un ciclista, porque no importa lo en forma que estés: como no estés en tu peso, los resultados es imposible que lleguen", dice Bouzas. "Tenía mucha ansiedad y era incapaz de controlar lo que comía, los alimentos prohibidos se me hacían irresistibles".

Martín, en una crono con el Kern Pharma. (Kern Pharma)
Martín, en una crono con el Kern Pharma. (Kern Pharma)

Llegó un momento en que solo era feliz entrenando, a su aire, por los senderos coruñeses. "Poco a poco, fui saliéndome mentalmente del equipo. Lo notaron mis entrenadores y lo notaron mis compañeros", afirma. También los resultados: en su primer campeonato de España con los mayores, en agosto, hizo vigesimoséptimo, a más de ocho minutos del ganador, Pello Bilbao. Un puesto a caballo entre lo meritorio y lo decepcionante que, no obstante, a Martín le supo a gloria: "Es el único campeonato de España que he disfrutado. En los demás, tuve siempre una presión terrible, porque solo salía a ganar, la prueba era una tortura psicológica", explica. "Pero en este último me lo pasé en grande la hora que estuve sobre la bicicleta, porque ya no me importaba, tenía la cabeza puesta en dejar todo aquello".

El ciclismo, a diferencia de otros deportes, no perdona la infidelidad: el que se va no vuelve, sobre todo durante los años de formación. Martín lo deja a los 22, con cinco medallas nacionales, y el ciclismo español pierde una de sus joyas de la Corona: "Soy consciente de que no podré volver, me han avisado varias veces. Lo que más me dicen es '¿pero cómo lo dejas ahora, con lo que te ha costado llegar hasta aquí?', pero yo lo tengo clarísimo, ya no soy ciclista profesional. Aprovecho la disciplina que me ha enseñado el ciclismo para estudiar todos los días una oposición. No está siendo ningún drama, ahora soy más feliz".

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