LA DISCRIMINACIÓN EN EL DEPORTE

Cuando no te la pasan por ser homosexual: clubes que luchan contra la discriminación

Varios equipos LGTB se dedican a la lucha contra la discriminación que sufre esta gente. Algunos equipos de Madrid, Barcelona y Valencia nos cuentan cómo luchan contra ella

Foto: Los nadadores de los Panteres Grogues. (Foto: Twitter/@PanteresGrogues)
Los nadadores de los Panteres Grogues. (Foto: Twitter/@PanteresGrogues)

Hace unos años, Roberto destacaba en su equipo de baloncesto. Era el jugador de más edad y uno de los más decisivos. Un día fue visto paseando con su pareja. En el siguiente entrenamiento un compañero hizo una broma a la que no dio mayor importancia. Pero los comentarios fueron aumentando en número a la par que perdían en cordialidad. El resto del equipo los reía o guardaba silencio. Roberto confrontó cara a cara a su compañero pero no obtuvo por respuesta más que nuevas risas. La situación llegó al punto de que, en un entrenamiento, el técnico tuvo que detener la sesión porque solo le habían pasado el balón a Roberto un par de veces en una hora. Una importante lesión en la espalda poco después puso el punto final a su trayectoria en el equipo.

Roberto prefiere que no revelemos su identidad completa pero nos brinda su historia al otro lado del teléfono y recalca que la discriminación que sufrió -“leve, más que superada”- no fue el detonante de que se marchara del equipo, sino la lesión, que le privó de competir durante dos años. No obstante, su experiencia se suma a tantas otras que demuestran que la LGTBfobia sigue enquistada en el mundo del deporte.

En su informe sobre los incidentes relacionados con los delitos de odio, el Ministerio del Interior registró en 2016 (último año con datos disponibles) un total de 230 casos referidos a orientación o identidad sexual, que es un 36% más que en 2015.

Con ese objetivo, combatir la discriminación por razones de orientación o de género, nació en Barcelona en 1994 Panteres Grogues, el primer club deportivo LGTB de España. A diferencia de lo que muchos pueden pensar, Panteres y el resto de agrupaciones en España (en torno a la treintena aunque es complicado saberlo con exactitud) no están formadas solo por gente del colectivo LGTB que quedan para jugar pachangas.

Aunque el primer objetivo sea luchar contra la lacra de la discriminación y disfrutar del deporte en un entorno inclusivo, la competición no se deja en un segundo plano. Se acepta a gente de todas las orientaciones sexuales -también heterosexuales, realmente nunca se les pregunta por ello- y participan hasta en competiciones federadas.

“Ahora mismo tenemos 30 secciones”, explica al teléfono Toni Travieso, presidente de Panteres Grogues, “y la mayoría son deportivas”, pues también hay coral, teatro, danza, yoga etc. Esa es una de las principales características de estos clubes: la mayoría no están centrados únicamente en un solo deporte, lo que hace posible que gente a la que no le gusta el fútbol pero que comparte sus valores pueda formar parte de ellos.

Panteres, en su condición de decano y club con más socios -1200-, es quien más secciones acumula pero el resto logra reunir números cercanos o superiores a la decena, incluso hay un equipo de quidditch (el deporte rey del universo Harry Potter) en el club valenciano Samarucs.

Respuesta positiva

En los más de 20 años que han pasado desde que Panteres Grogues inaugurara este tipo de escuadras en España, la sociedad ha evolucionado mucho. Los clubes aseguran que, en líneas generales, la reacción tanto de la gente como de las instituciones es favorable.

“No tenemos queja en cuanto a instituciones públicas”, expone Aitor Bullón, del club GMadrid, porque en las “últimas ediciones del evento más grande que organizamos -los Juegos del Orgullo, torneo multideportivo anual- contamos con los patrocinios tanto de la Comunidad de Madrid [gobernada por el PP con el apoyo de Ciudadanos] como del Ayuntamiento [Ahora Madrid, coalición de partidos de izquierda, con el respaldo del PSOE], que nos dieron unos pequeños fondos. Nos tienen bastante en cuenta.”

En Valencia veníamos de 15 años del PP”, empieza Victor Cabanes, vicepresidente de Samarucs. “Nunca nos han puesto ningún impedimento pero tampoco han venido a decir 'oye, ¿vais a hacer una ceremonia de inauguración? ¿Queréis que vaya alguien?'. Sin embargo, con el nuevo Gobierno [en manos de Compromís con el apoyo del PSPV y València en Comú] que tenemos es notable que hay una simpatía, una sensibilidad por las causas que defendemos mucho mayor. Hay visibilidad política. El alcalde, Joan Ribó, viene a las inauguraciones”, concluye.

La buena respuesta por parte de las instituciones (no solo logística sino además financiera, como ahora veremos) también se extiende a los rivales contra los que se enfrentan en las diferentes competiciones, pero reconocen que de vez en cuando hay comentarios aislados de mal gusto. “La sociedad es mucho más inclusiva de lo que los medios o la gente piensa. Es bastante más respetuosa con la diversidad de lo que parece”, afirma con rotundidad Cabanes.

Financiación en tres pasos

Varias secciones, alquiler de espacios deportivos, organización de torneos y competiciones... ¿Cómo sufragan los equipos estos gastos? Con algunas variaciones, los clubes se financian fundamentalmente por tres vías. La primera y más básica corresponde a las cuotas (oscilan entre los 20 y los 40 euros) que aportan los socios anualmente, aunque en Panteres Grogues se abona una cantidad “mensualmente, por el entrenador y las instalaciones deportivas. Nuestros entrenadores son todos trabajadores y están contratados por el club”, explica Toni Travieso.

Las subvenciones por parte de las administraciones (municipales o autonómicas) conforman la segunda pata sobre las que se sostiene la economía de estos equipos. Samarucs, por ejemplo, y como nos cuenta Cabanes, ha solicitado ayudas últimamente “a la Fundación Deportiva Municipal” o a “concejalías de Igualdad”. También es común solicitarlas a las comunidades autónomas.

El tercer porcentaje que cierra el triángulo de la financiación -“muy minoritario”, según Travieso- proviene de lo que aportan los patrocinadores, que pueden optar por apoyar al club en general, a una sección en concreto o bien ayudan a sacar adelante un torneo o una acción en particular.

“Un club más”

De cara al futuro no piensan frenar la marcha. Mucho ha cambiado desde el nacimiento de Panteres en los años noventa. Ese hecho aislado ha permitido que en la actualidad germinen clubes y asociaciones de esta índole con mayor frecuencia. Su multiplicación ha facilitado que varios equipos crearan en 2009 la Asociación Deportiva Ibérica (ADI) con la intención de hacer fuerza y conseguir sus objetivos de manera conjunta.

Travieso espera que, en el futuro, Panteres se convierta “en un club más y quitarle el apellido LGTBI+”. Esa búsqueda de la normalización la comparten el resto de equipos consultados pero no será su única meta para los años venideros. Cabanes afirma que Samarucs quiere poner el foco en la finalización de “las iniciativas legislativas y poder modificar ciertos reglamentos en pro de una igualdad real y que se pueda ver la diversidad en el deporte”.

Mientras los equipos prosiguen con sus reivindicaciones, Roberto, recuperado de su lesión en la espalda, vuelve a disfrutar del baloncesto, y eventualmente también con los colores de GMadrid. Conoció el club por internet y entró al momento tras una prueba de nivel. Ahora, dos años y medio después, el equipo establece un número de fichas tope para competir debido a que el número de socios (unos veinte) no es manejable para entrenar y jugar. Son las consecuencias del crecimiento en impacto y popularidad de estos clubes combativos, inclusivos y, sobre todo, deportivos.

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