ESTRENOS DE CINE

'Aguas oscuras': cuando el veneno está en nuestras sartenes

El abogado Robert Bilott (Mark Ruffalo) regresa al pueblo de Parkersburg, en Virginia Occidental, donde vive su abuela, para visitar a un vecino de esta, Wilbur

Foto: Anne Hathaway y Mark Ruffalo, en la última película de Todd Haynes.
Anne Hathaway y Mark Ruffalo, en la última película de Todd Haynes.
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El abogado Robert Bilott (Mark Ruffalo) regresa al pueblo de Parkersburg, en Virginia Occidental, donde vive su abuela, para visitar a un vecino de esta, Wilbur Tennant (Bill Camp), que ha pedido su ayuda. El granjero se queja de que su ganado muere a mansalva y por causas no naturales desde hace años. Tennant sospecha que en sus muertes tiene mucho que ver la industria química instalada en la zona, DuPont. Mientras Bilott recorre las calles de Parkersburg en su coche, en la radio suena el clásico de John Denver, 'Country Roads'. Como rima la canción, a su manera, el abogado también está volviendo a uno de los lugares a los que pertenece pero del que, una vez instalado en la gran ciudad, en Cincinnati, con un trabajo de prestigio en un importante bufete y una familia de foto, ha tendido a desconectar.

El paisaje que lo acompaña en su recorrido, sin embargo, no sintoniza con la imagen casi paradisíaca que evocaba Denver. El nombre de DuPont aparece en casi todos los espacios del pueblo, de la escuela al campo deportivo...

'Aguas oscuras' se inspira en la historia real de Bilott tal y como la explicaba el artículo "The Lawyer Who Became DuPont's Worst Nightmare", escrito por Nathaniel Rich y publicado en 'The New York Times Magazine'. A partir del guion de Mario Correa y Matthew Michael Carnahan, el director Todd Haynes recorre la ingente labor de este abogado que trabajaba en una firma especializada en defender los intereses de las grandes empresas químicas y sin embargo decidió denunciar a una de las más poderosas, DuPont, por los residuos tóxicos que vertió durante años en Parkersburg. DuPont era ni más ni menos que la fabricante del teflón, la sustancia antiadherente habitual hasta hace poco en las sartenes y que nos ha salvado tantas tortillas. La fabricación del teflón implicaba el uso de un polímero, el ácido perfluorooctanoico.

En su investigación, Bilott descubrió que DuPont no había informado a la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos de la utilización de ese compuesto químico ni de los estudios sobre su toxicidad que había llevado a cabo. A partir de una demanda colectiva y un estudio epidemiológico en que participaron miles de los habitantes de la zona, se pudieron demostrar los efectos cancerígenos del ácido perfluorooctanoico.

Una película al servicio de su protagonista, a su vez, uno de esos personajes que los actores de Hollywood adoran encarnar

Coproducida por Mark Ruffalo, 'Aguas oscuras' se desvela como una película al servicio de su protagonista, a su vez uno de esos personajes que los actores de Hollywood adoran encarnar alguna vez en su vida. El caso de los vertidos tóxicos de esta empresa química queda totalmente personificado en la figura de Bilott, en una historia de David contra Goliat que subraya el empeño de un individuo en la denuncia de una injusticia que comete una compañía muy poderosa contra una comunidad vulnerable. Además, en sintonía con una de las principales preocupaciones contemporáneas, la medioambiental. Así, el filme se sitúa en esa tendencia propia del cine estadounidense de reivindicar estos héroes casi anónimos que se enfrentan dentro del sistema a los abusos de poder desde instituciones que salvaguardan la democracia, como el periodismo o la Justicia. Excepto en algunos diálogos concretos, la película, sin embargo, evita la tendencia a la épica de algunos de estos filmes para poner en evidencia lo largo, engorroso, complejo y poco gratificante de denunciar compañías de estas dimensiones, que siempre cuentan con una abogacía a su servicio que les cubre las espaldas en las cuestiones legales.

'Aguas oscuras'.
'Aguas oscuras'.

A pesar de su elegante ejecución y la espléndida fotografía del maestro Edward Lachman, 'Aguas oscuras' resulta la película más prosaica de Todd Haynes, nombre de referencia del New Queer Cinema y responsable de 'Carol', 'Lejos del cielo' y 'Velvet Goldmine', entre otras. Sin embargo, se entiende perfectamente por qué le ofrecieron dirigirla. Al fin y al cabo, uno de sus primeros largometrajes, 'Safe' (1995), se centraba en un ama de casa del Valle de San Fernando, Julianne Moore, que sufre de sensibilidad química múltiple sin que los médicos sean capaces de identificar el origen de su dolencia. La idea central de la película coincidía con la de 'Aguas oscuras': algún tóxico invisible envenena la vida normal de los hogares de Estados Unidos. En el caso de 'Safe', la enfermedad de la protagonista devenía también el síntoma físico de un malestar psicológico mucho más profundo, el que padecía como ama de casa de vida tan modélica como vacía. El personaje de Moore sufría una reacción a las rutinas cotidianas de un sueño americano que, lejos de hacerla sentir segura, le generaban un estado de angustia total.

Poco queda de la fuerza metafórica de 'Safe' y su capacidad para rayar en el terror en 'Aguas oscuras', más anclada en el realismo de lo concreto. E incluso choca en una película del director que mejor ha actualizado la herencia del 'woman's film' que uno de los personajes más desdibujados sea el de Sarah, la mujer de Bilott, interpretada por Anne Hathaway, que en un momento exige en voz alta que no se la trate como 'esposa de', pero no tiene más desarrollo que este en la trama. El toque Haynes se deja notar, sin embargo, en pequeños detalles. El cuerpo de Robert Bilott también enferma progresivamente a causa de DuPont, aunque no por los residuos tóxicos. Y el filme habla a su manera de unas identidades no hegemónicas que permanecen ocultas o menospreciadas por 'los normales'.

Cartel de 'Aguas oscuras'.
Cartel de 'Aguas oscuras'.

Muy potente en este sentido es la escena inicial tras el prólogo, cuando la figura del rudo granjero de la América profunda irrumpe en el bufete como una anomalía incómoda en el presente acomodado del protagonista. La causa que acaba defendiendo Bilott, por tanto, tiene algo de reconexión con esta vertiente de su identidad, de la que se había alejado. Y su lucha pretende visibilizar estas comunidades de trabajadores de zonas no urbanas despreciados tanto por las clases medias y altas de las ciudades como por una parte de gente que se considera de izquierdas pero no considera otro proletariado que el industrial metropolitano. En esta dirección, la película también esboza una problemática que nos resulta próxima (saludos a Tarragona): la dependencia por parte de ciertos territorios de complejos industriales que hipotecan la seguridad y la salud de sus ciudadanos, de manera que las denuncias o protestas hacia las malas prácticas de estas compañías son vistas con malos ojos por parte de una población que teme perder a consecuencia de ello la única posibilidad de ganarse la vida que se les ofrece.

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