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'El lago del ganso salvaje': el cine negro 'made in China' más bello del mundo

Tras ganar el Oso de Oro en la Berlinale de 2014 con 'Black Coal', el cineasta chino Yi'nan Diao vuelve con un 'noir' laberíntico, hipnótico y violento

Foto: Ge Hu protagoniza 'El lago del ganso salvaje', de Yi'nan Diao. (Segarra Films)
Ge Hu protagoniza 'El lago del ganso salvaje', de Yi'nan Diao. (Segarra Films)

Cuidado con los paraguas. Primero, sirven para ocultar el rostro de una mujer que espera bajo la lluvia en los soportales de una estación de tren. Después, para protagonizar una de las muertes más imaginativas de los últimos tiempos. Igual que la tela de un paraguas, la narrativa de Yi'nan Dao juega al escondite y a la imagen velada, al puzle de saltos temporales, de puntos de vista. El director chino, que ganó el Oso de Oro de Berlín con su anterior película, 'Black Coal', vuelve a sumergirse en los barrios bajos en este nuevo 'noir' romántico, pop y violento, rebosante de ideas visuales que se incrustan en el hipocampo: la secuencia de la persecución entre zapatillas luminosas es difícil de olvidar.

Gracias a Segarra Films, 'El lago del ganso salvaje' pasará por la cartelera española. Resulta difícilmente comprensible que un filme seleccionado en Cannes y en San Sebastián haya estado a punto de quedarse sin fecha de estreno en España. Sobre todo, una película imaginativa que convive en una extraña dicotomía entre la delicadeza de sus imágenes y la crudeza de aquello que cuenta. La visión idealizada del mundo del hampa y las mafias chinas no distrae de un contexto social de pobreza, marginalidad y prostitución, y de la fatalidad del destino de quienes entran en él.

Otro momento de 'El lago del ganso salvaje'. (Segarra Films)
Otro momento de 'El lago del ganso salvaje'. (Segarra Films)

Si el 'Largo camino hacia la noche', de Bi Gan, es una reinterpretación mordiente del cine del maestro Wong Kar-wai, Yi'nan Dao añade aún más causticidad y humor negro a la manera de Tarantino o Kaurismaki, pero tan estilizados como una coreografía de ballet clásico. Los colores ácidos, las luces estroboscópicas y el neón como elementos festivos para disimular la suciedad de los bajos fondos. Los diálogos —escasos— son inútiles en un discurso en el que la imagen y el sonido son absolutamente hegemónicos. La cámara se mueve y juega al despiste, y el espectador, al igual que los propios protagonistas, intuye los estereotipos del 'noir' pero duda a la hora de asignarlos. El bueno, el malo, se transmutan y se disfrazan.

Lo que empieza como una clase magistral sobre cómo robar motos acaba en una batalla campal

El descenso a los infiernos de Zenong Zhou (Ge Hu), un maleante raso de la ciudad de Wuhan, comienza tras su encuentro con Aiai Liu (Lun-Mei Kwei), una misteriosa prostituta que le envía un recado de parte de su mujer. Zenong Zhou está en busca y captura por una banda de ladrones con la que ha tenido un enfrentamiento: lo que empieza como una clase magistral sobre cómo robar motos acaba en una batalla campal rodada con una atención al detalle y un humor sorprendente y sofisticado. En su huida, también mata a un policía. Tanto las autoridades como la mafia han puesto precio a su cabeza y no tiene dónde refugiarse.

Lun-Mei Kwei y Regina Wan, en otro momento de 'El lago del ganso salvaje'. (Segarra Films)
Lun-Mei Kwei y Regina Wan, en otro momento de 'El lago del ganso salvaje'. (Segarra Films)

En un escenario imbricado y confuso, rodeado por sus potenciales asesinos, los únicos dos puntos de referencia para el protagonista son dos mujeres: su esposa, Shujun Yang, y Aiai Liu. Y para impedir la fuga, en su camino se cruzarán bandas rivales, bailes colectivos, la lluvia y el romance —o la pulsión sexual— en el que se entrecruzan ambas mujeres, o sus fantasmagorías.

Cartel de 'El lago del ganso salvaje'.
Cartel de 'El lago del ganso salvaje'.

Yi'nan Dao conduce al espectador en un paseo por callejones traseros, almacenes y narcopisos con 'travellings' elegantes que se alternan con un montaje agresivo que despieza el espacio: en algunos momentos, el espectador debe reconstruir, con los elementos que el director le proporciona, qué es lo que ha ocurrido fuera de cuadro, como en la escena de un crimen. Las coreografías tanto de los actores como de la cámara se expanden por una ciudad que se presenta hostil, agresiva y laberíntica: una trampa para ratones. Entonces, ¿quién es la presa? ¿Y quién el cebo?

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