ESTRENOS DE CINE

'Diego Maradona': alcohol, cocaína, mujeres y complacencia con un dios caído

Asif Kapadia vuelve a recurrir al estilo de 'Senna' y 'Amy', pero sin lograr el retrato demoledor del personaje protagonista

Foto: Asif Kapadia dirige el documental sobre Diego Armando Maradona. (Avalon)
Asif Kapadia dirige el documental sobre Diego Armando Maradona. (Avalon)

Durante el Mundial de fútbol de Rusia del año pasado, Diego Armando Maradona se dejó ver prácticamente a diario protagonizando algún tipo de escena pintoresca, casi siempre en evidente estado de embriaguez; al final del partido entre Argentina y Nigeria, asimismo, las cámaras lo cazaron haciendo dos peinetas —una con cada dedo corazón— a los fans del equipo rival, y parece ser que en otro momento del campeonato también se burló de los seguidores surcoreanos haciendo gestos racistas. Para entonces, a nadie le sorprendió ya que quien en su día fue considerado el mejor futbolista de la historia se pusiera en ridículo de tan patética manera porque, en realidad, Maradona llevaba muchos años convertido en un chiste.

El cómo de esa estrepitosa caída —pero, desafortunadamente, no los porqués— es el asunto central de este documental en el que el director británico Asif Kapadia pone el foco en los siete años (1984-91) que el astro argentino pasó jugando en el Nápoles, que representan la etapa más larga y fecunda de su carrera: a lo largo de ella, llevó a un equipo hasta entonces mediocre a la consecución de dos Scudetti, y entretanto ganó el Mundial de 1986 con su selección. Escaló las cumbres más altas, pero al mismo tiempo inició un tránsito por el infierno. Saludado como un Mesías a su llegada a la ciudad más pobre y despreciada de Italia, privado a causa de la fama del más mínimo espacio para respirar, encontró refugio en la vida nocturna; allí entró en contacto con uno de los jefes de la Camorra, Carmine Giuliano, que se convirtió en su principal proveedor de cocaína y mujeres. El dios pasó a convertirse en demonio tras marcar para Argentina el penalti con el que Italia fue eliminada de su propio mundial en 1990.

Para relatar ese periplo, Kapadia incide en el método narrativo que ideó en 'Senna' (2010), según el que todas las imágenes que aparecen en el metraje son material de archivo ilustrado a través de una sucesión de narradores —antiguos compañeros de equipo, periodistas, amigos, socios y el propio Maradona—, a los que oímos pero en ningún momento vemos. También como en el cine documental previo del director, el gran aliciente de la película en ese aspecto es el acceso que nos proporciona a una serie de imágenes hasta ahora inéditas: durante los años napolitanos de Maradona, su representante, Jorge Cyterszpiler, tuvo la idea preclara de mantener en nómina a un cámara para que se dedicara a capturar la intimidad del astro décadas antes de que los selfis e Instagram fueran inventados.

Fotograma del documental de Asfi Kapadia 'Diego Maradona'.
Fotograma del documental de Asfi Kapadia 'Diego Maradona'.

Además de ese tesoro visual, obviamente, 'Diego Maradona' incluye muchas imágenes de regates y goles. Pero muchas. Criticar un documental sobre el mejor futbolista de su generación por la cantidad de fútbol que hay en él puede parecer una insensatez, pero en esas estamos. A causa de esa falta de medida, es posible que incluso los fanáticos más indiscriminados sientan que a la película le sobran al menos 20 minutos de metraje, especialmente porque no logran compensar todo lo que le falta.

La estrategia narrativa arriba mencionada no sirve para enriquecer la narración sino para limitarla

A diferencia de lo que sucedía con Senna y Amy, aquí la estrategia narrativa arriba mencionada no sirve para enriquecer la narración sino para limitarla. Las mujeres presentes en la vida de Maradona durante sus años en Nápoles, en particular su esposa ahora exesposa Claudia Villafane y su amante secreta Cristiana Sinagra, permanecen como presencias fantasmales. Del otoño profesional del argentino, como entrenador y mánager y agitador, prácticamente ni hay rastro, tampoco de sus amistades con líderes como Fidel Castro, Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Esas ausencias sin duda contribuyen a explicar la falta de hondura psicológica que la película aqueja. Su única aportación a ese respecto es una idea tan estereotípica que lo más lógico es tomársela a broma: en realidad, Maradona son dos personas en el cuerpo de una sola. Una de ellas se llama Diego, que es un hombre humilde e inseguro y un tipo maravilloso; la otra responde al nombre de Maradona, y es una superestrella inventada por el negocio del fútbol e incapaz de contener sus peores impulsos.

Cartel de 'Diego Maradona'.
Cartel de 'Diego Maradona'.

Es un enfoque particularmente decepcionante viniendo de Kapadia, que convirtió sus retratos de Ayrton Senna y Amy Winehouse en estudios de personaje emocionalmente demoledores. Quizá para explicarlo convenga recordar que, a diferencia de esos dos protagonistas previos, Maradona no solo está vivo sino que además ha dado el visto bueno a la película y, decíamos, hasta ha participado en ella —aunque los fragmentos de audio que aporta son más bien intrascendentes—; tal vez por eso o tal vez no, Kapadia parece esforzarse mucho más de lo necesario en mostrárnoslo como un tipo esencialmente decente e inocente que se vio engañado por quienes querían sacar tajada de su genio y su fama. Para llegar a una conclusión tan simplona, no habría hecho falta tomarse tantas molestias.

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