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'Varda por Agnès': la mejor lección de cine a la que puedas asistir

La última película de la directora francesa resulta una perfecta recapitulación en primera persona de su obra y figura

Foto: 'Varda por Agnès'.
'Varda por Agnès'.

Desde el primer momento en que aparece sentada en una butaca de director frente a un grupo de espectadores para repasar su trayectoria artística, Agnès Varda pone en evidencia en este su último título hasta qué punto ha contribuido a romper con la imagen tradicional del cineasta-autor como figura masculina vinculada a la ficción o a los documentales sobre grandes temas. En esta clase magistral en torno a su obra que nos brinda a través de diferentes charlas, la directora comparte su concepción estética y política de la imagen desde una sabiduría que despliega sin ningún tipo de arrogancia. Sus nutritivos comentarios sobre sus diferentes películas no tienen desperdicio y en ningún momento se quedan en la mera anécdota extracinematográfica. Como panorámica por su trayectoria, 'Varda por Agnès' permite ir más allá del titular simplista de la “abuela de la Nouvelle Vague” para adentrarse en la figura y la obra de quien probablemente ha encarnado de forma más completa que nadie la idea de cineasta moderna.

Más que la abuela, Agnès Varda fue la pionera en la renovación del cine emprendida por la Nouvelle Vague. Su película más conocida en este sentido y aquella que ha quedado como su aportación personal a las inquietudes estéticas de la Nueva Ola francesa es 'Cléo de 5 a 7' (1962), el seguimiento a tiempo real por las calles de París de una protagonista que debe asumir que padece una enfermedad incurable. Pero Varda debutó en el largometraje con un título anterior, 'La pointe courte' (1955), que dirigió antes de las respectivas puestas de largo de François Truffaut o Jean-Luc Godard. Al contrario que estos, Varda no provenía del mundo de la cinefilia ni de la crítica en revistas como 'Cahiers du cinéma'. Y sin embargo, pocos filmes como 'La pointe courte' resumen tan bien las bases del cine de la modernidad tal y como las planteó desde la teoría el núcleo duro cahierista. El filme aúna las ansias de libertad, el rechazo al cine industrial y rodado en estudios, y el compromiso con la sociedad propios del neorrealismo, en ese retrato cotidiano del barrio marinero de Sète del título, con la exploración de los abismos del mundo de la pareja desde una postura de extrañamiento (atención a sus explicaciones sobre el uso del sonido) que la acerca a Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni.

'Varda por Agnès'.
'Varda por Agnès'.

En 'Varda por Agnès', la directora explica de qué manera un movimiento de cámara en 'Cléo de 5 a 7' permite mostrar cómo la mujer protagonista pasa de sentirse objeto a sujeto de la mirada, un cambio clave para dejar atrás la inercia falocéntrica de buena parte de la historia del cine. Agnès Varda acompañó el auge del movimiento feminista en Francia y el resto del mundo con sus películas. En 'La felicidad' (1965), plasmó la angustia femenina de saberse fácilmente reemplazable en una sociedad que tipifica a través de los medios de comunicación y los productos de consumo el rol de la mujer. Con 'Réponses de femmes' (1975), firmó una suerte de manifiesto colectivo en que féminas de todas las edades y condiciones respondían a la pregunta ¿qué es una mujer?. Y en 'Una canta, otra no' (1977), llevó a cabo una suerte de musical feminista que además rompe con otra inercia machista del cine: aquí la relación más importante para las dos mujeres protagonistas, emparejadas cada una por su cuenta y madres felices, es la amistad que mantienen entre ellas a lo largo de los años. Con la colaboración de Jane Birkin, rodó dos de sus títulos más desconocidos e insólitos, que rompían con los tópicos de la mujer de 40 años, 'Jane B. par Agnès V' (1988) y 'Kung Fu Master' (1986), esta última una inesperada historia de amor en la ficción entre Birkin y el amigo adolescente de su hija.

Varda no se dejó eclipsar en ningún momento por la fama o el trabajo de su marido, Jacques Demy

¿Cuántos directores han dedicado parte de su filmografía a reivindicar la obra y la vida de su pareja? Agnès Varda estuvo casada desde 1962 con Jacques Demy, el gran director de musicales del cine francés. Cuando él murió con apenas 59 años en 1990, Agnès dedicó títulos como 'Jacquot de Nantes' (1991) y 'Les demoiselles ont eu 25 ans' (1993) a preservar la memoria de las películas y la infancia del director de 'Los paraguas de Cherburgo' y 'Las señoritas de Rochefort'. Pero Varda no se dejó eclipsar en ningún momento por la fama o el trabajo de su marido. Cuando este viajó a Los Angeles para rodar 'Model Shop', esa suerte de secuela de su primer largometraje, 'Lola', ella aprovechó su estancia en Estados Unidos para filmar algunos de sus trabajos menos conocidos y más necesarios de recuperación, desde 'Black Panther' (1968) a 'Lions Love' (1969), registros extraordinarios del momento político y sociocultural que vivía el país.

Porque, al contrario que la mayoría de sus colegas de la Nouvelle Vague, Agnès Varda en ningún momento redujo su concepción del cine a la ficción convencional, y desde sus inicios trabajó también en el campo del documental, en una continuación por otro lado de su carrera inicial como fotógrafa. 'Varda por Agnès' demuestra en sí misma esta idea amplia del cine de la directora, que tanto podía practicar este registro próximo al documental didáctico como otro tipo de variantes. Ella misma explica, cuando habla de 'Daguerréotypes' (1975), su visión poco grandilocuente del documental, más interesada en poner en valor asuntos o tipos humanos poco visibilizados que en tratar supuestos grandes temas.

'Varda por Agnès'.
'Varda por Agnès'.

Además, Varda supo ver en la aparición de los nuevos dispositivos digitales que empezaron a popularizarse con el cambio de siglo la oportunidad para que una cineasta como ella, ya por entonces septuagenaria, siguiera en la brecha en sus ansias de continuar conociendo el mundo a través de una cámara. Su 'Los espigadores y la espigadora' (2000) sigue siendo en este sentido un título de referencia en la revisión y el 'boom' del documental propio del siglo XXI. 'Varda por Agnès' también representa una oportunidad para conocer otra de las vertientes más ignoradas de la cineasta, su trabajo en el ámbito de los museos a partir de proyectos como 'L'île et elle' (2006). Una incursión en esta idea expandida del cine que confirma a Agnès Varda como una pionera en su concepción y práctica del arte de las imágenes en movimiento.

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