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'Hereditary: el legado del diablo': terror originalísimo que se te mete bajo la piel

Devastador retrato de una familia americana sumida en un declive repentino e inexplicable para quien la tragedia es la vía de entrada de varias cosas terribles

Foto: Toni Collette y Gabriel Byrne protagonizan una de las mejores películas de terror del año. (DeAPlaneta)
Toni Collette y Gabriel Byrne protagonizan una de las mejores películas de terror del año. (DeAPlaneta)

En realidad, a una película de terror no le resulta especialmente complicado asustar a su público. La mayoría de ellas siguen la misma fórmula: la pantalla se oscurece, los espacios en penumbra amenazan con llenarse con algún tipo de monstruo, desde la banda sonora suena una música cada vez más rugiente y, entonces, ¡pum! Sea lo que sea lo que pase después, aunque se trate de un lindo gatito que salta desde debajo de la cama, garantiza que a los espectadores se les saldrá el corazón por la boca. Es un truco fácil, pero efectivo.

'Hereditary' no va a lo fácil. No da miedo como sus congéneres acostumbran a hacerlo. Da miedo como lo hacen las malas noticias, o la culpa, o el duelo: se te mete bajo la piel y penetra en la médula de tus huesos. El director Ari Asten toma elementos de varias obras maestras –'El exorcista', 'Don’t Look Now', 'El resplandor' y 'La semilla del diablo', entre otras— y los reconfigura para crear la suya propia. Y lo hace trazando el devastador retrato de una familia americana sumida en un declive repentino e inexplicable para quien la tragedia es la vía de entrada de varias cosas terribles, y ofreciendo una escalada de tensión que en dos horas de metraje apenas nos concede un respiro.

Conocemos a Annie Graham (Toni Collette) mientras pronuncia unas palabras durante el funeral por su madre, una mujer llena de secretos que la sometió a años de abuso. Annie teme que sus dos hijos acaben desarrollando la enfermedad mental que al parecer azotó a la fallecida, y al menos en el caso de la pequeña Charlie (Milly Shapiro) -a juzgar por algunos de sus 'hobbies', como decapitar pájaros- hay indicios de que ese es el caso. Mientras tanto el cabeza de familia, Steve (Gabriel Byrne), sospecha que es la propia Annie quien tiene problemas psicológicos. No tarda en hacerse patente que la familia está lastrada por un pasado traumático. Y mediada la película otra tragedia sucede, algo tan terrible que hará a algunos espectadores cerrar los ojos, y a otros los privará de la capacidad para pestañear.

'Hereditary'.
'Hereditary'.

Inmediatamente los muertos empiezan a hacerse presentes, de formas que amenazan con destruir a la prole en su conjunto. Y, a medida que atraviesan sus etapas personales de duelo, Aster nos transmite la sensación de que sus miembros están siendo movidos como si de piezas de ajedrez se tratara por fuerzas ajenas a su control o siquiera a su comprensión. Pero el caso es que sí hay una explicación, y parte de la capacidad de impacto de 'Hereditary' es que no hace ningún intento de ocultarla. En cada una de sus meticulosamente controladas escenas, la película nos dice exactamente lo que está pasando, aunque es cierto que lo hace lentamente y de acuerdo a un intrincado patrón narrativo que se revela del todo solo en sus demenciales momentos finales.

La verdad va emergiendo a través de insinuantes detalles y, sobre todo, de la mirada desgarradora de Collette, cuya interpretación va escalando de la angustia a la miseria y finalmente al terror casi extático. Encarna a una mujer que ha vivido toda su vida sintiéndose maldecida e inadecuada tanto en el papel de hija como en el de madre. Y de hecho 'Hereditary' saca casi todo su poder de esa idea: que estamos condenados a ser hijos de nuestros padres, y a heredar todo lo malo que ellos tienen para transmitirlo a las generaciones futuras.

Cartel de 'Hereditary'.
Cartel de 'Hereditary'.

Aster pasa buena parte de la película haciendo que comprendamos el dolor de esta familia y gracias a ello sintamos de primera mano la tensión que va creciendo dentro de la casa, y en todo momento se resiste a avanzar el relato a golpe de susto o siguiendo el caudal de la sangre derramada. Describir la película como un drama doméstico trufado de elementos de género resultaría apropiado de no ser porque corre el riesgo de no dejar suficientemente clara su capacidad para ponernos malos, no solo con algunas de sus imágenes –una figura que se decapita a sí misma con un alambre, serruchando de un lado a otro como si su cuello fuera un tronco, otra figura completamente carbonizada y en posición de plegaria– sino sobre todo con esos momentos en los que los personajes se hablan los unos a los otros con absoluta brutalidad, infligiéndose los unos a los otros unas heridas que nunca sanarán. En 'Hereditary' no hay una maldición familiar; en 'Hereditary' la familia es la maldición.

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