Críticas de cine: Wonder Wheel: vuelve con ganas el Woody Allen más crudo y pesimista. Noticias de Cine
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'Wonder Wheel': vuelve con ganas el Woody Allen más crudo y pesimista

El director neoyorquino vuelve a colaborar con el grandísimo Vittorio Storaro, que retrata un Coney Island de colores brillantes y estridentes

Foto: Justin Timberlake, Kate Winslet y Juno Temple en 'Wonder Wheel'. (A Contracorriente)
Justin Timberlake, Kate Winslet y Juno Temple en 'Wonder Wheel'. (A Contracorriente)

Y gira la noria. Dice Woody Allen que amar es sufrir y que no amar también es sufrir. Que todos los caminos llevan al sufrimiento. Que para ser feliz uno debe amar, o amar el sufrimiento, o sufrir de tanta felicidad. Si antes lo decía con esa puntilla de humor descreído, el Allen de 'Wonder Wheel' parece haberse dejado arrastrar por el pesimismo: el peor castigo es quedarse a vivir en el desencanto y que la clarividencia, como una maldición, te obligue a ser consciente de ello. Y gira la noria, y uno finge que vuela, pero nunca se es más consciente del suelo que cuando ha terminado el viaje.

Allen sigue estando lejos del mejor Allen, pero 'Wonder Wheel' no pincha en hueso, como algunas de sus últimas películas, sino en la boca del estómago. Habla Ginny (Kate Winslet) en 'Wonder Wheel' de lo triste que es vivir desde dentro la decadencia de un parque de atracciones tan simbólico como cualquiera de los de Coney Island, el oasis de diversión para los habitantes de Nueva York hasta finales de los años cuarenta, época en la que se ambienta la película, cuando tras la Segunda Guerra Mundial empezó a transformarse en un área deprimida y en foco de criminalidad. El escenario perfecto para un relato sobre la degradación —física y moral— del ser humano.

Vittorio Storaro ('Apocalypse Now') dirige la fotografía de 'Wonder Wheel'. (A Contracorriente)
Vittorio Storaro ('Apocalypse Now') dirige la fotografía de 'Wonder Wheel'. (A Contracorriente)

Ginny, a punto de cumplir 40 años, lleva una vida muy diferente a la que había soñado. Separada de un hombre del que no sabe nada —de lo que se siente responsable— y madre de un hijo con impulsos pirómanos (Jack Gore), ha acabado trabajando de camarera en la ostrería del parque de atracciones, con sus aspiraciones de actriz abandonadas en un par de vestidos antiguos y bisutería barata. Como en un libreto de Tennessee Williams, Ginny ha rehecho su vida con Humpty (Jim Belushi), un hombre simplón, bruto —maltratador, según le hace ver a su madre el niño— y exalcohólico que trabaja en el tiovivo del parque, ganando entre los dos lo justo para pagar la renta de un apartamentucho pegado al parque. Todo en el parque de atracciones son colores y alegría, pero para quienes conocen sus entresijos, más allá de la fachada, solo hay ruido.

Ginny, a punto de cumplir 40 años, lleva una vida muy diferente a la que había soñado

Woody Allen recurre de nuevo a la figura del foráneo que irrumpe en la rutina de los protagonistas para trastocarla, primero con la llegada de Carolina (Juno Temple), la hija perdida de Humpty, catalizadora de esta tragedia contemporánea, y que huye de su marido mafioso; y segundo con la aparición de Mickey (Justin Timberlake), socorrista en una de las playas de Coney Island y aspirante a dramaturgo, quien actúa como narrador de la historia. 'Wonder Wheel' sigue entonces a personajes frustrados, que se agarran a la ilusión para soportar el peso de la realidad: todos los personajes fantasean con un futuro idealizado en el que desempeñan un papel diferente al que les ha tocado.

James Belushi y Kate Winslet, en 'Wonder Wheel', de Woody Allen. (A Contracorriente)
James Belushi y Kate Winslet, en 'Wonder Wheel', de Woody Allen. (A Contracorriente)

Allen habla sobre las expectativas, sobre todo en el caso de las relaciones amorosas, con unos personajes que se debaten entre la monotonía, los celos y la traición. Y el director, aunque lo cuente a través de la voz de Mickey —sus aspiraciones como dramaturgo permiten que la puesta en escena sea teatral y que los personajes sean arquetípicos—, toma como protagonista a Ginny, el gran exponente de ese amor sufriente del que habla Allen. También la utiliza para contraponer el personaje de la mujer madura al de la mujer joven que, a pesar de haber pasado por una experiencia extrema, todavía no ha dejado que cale el poso de la amargura. Y en la comparación del director, Ginny no tiene las de ganar.

Allen habla sobre las expectativas, sobre todo en el caso de las relaciones amorosas

Mientras el personaje de Carolina representa la aventura, una belleza fresca y desenfadada, la posibilidad de un futuro por delante, el personaje de Ginny ofrece el atractivo maduro y la estabilidad. Pero también es el triunfo del miedo, de las inseguridades, la angustia y la sensación de que el tiempo se acaba. Ginny parece empeñada en boicotear cualquier atisbo de posible felicidad. Y el miedo lleva a la mezquindad, muchas veces.

Justin Timberlake es uno de los protagonistas de 'Wonder Wheel'. (A Contracorriente)
Justin Timberlake es uno de los protagonistas de 'Wonder Wheel'. (A Contracorriente)

En este despliegue de emociones extremas, el grandísimo director de fotografía Vittorio Storaro vuelve a colaborar con Allen tras 'Café Society' (2016) y aprovecha la propuesta teatral de Allen para jugar con la luz y el color de forma expresiva. Ya no solo retratando un parque de atracciones colorido y un vestuario vibrante —al estilo de las pinturas de Norman Rockwell sobre el 'american way of life' de finales de los cuarenta— y contrastarlo con los tonos más apagados del apartamento de los personajes, sino manchando la propia luz que ilumina a los personajes de rojo cuando están iracundos, de azul cuando se dejan llevar por el amor y 'desaturando' cuando vuelven a esa monotonía que tanto aborrecen.

Cartel de 'Wonder Wheel'.
Cartel de 'Wonder Wheel'.

El momento más dramático de 'Wonder Wheel' llega con un monólogo a cargo de Ginny, donde Allen no deja ni un solo resquicio para la redención o la dignidad, en la decisión más controvertida de la película. El personaje de Winslet, como una Charlotte Hollis de 'Hush, Hush, Sweet Charlotte', ataviada con el vestido y la bisutería de sus años como actriz, pero con el sujetador carne a la vista y el maquillaje corrido, borracha, llega a un nivel de patetismo difícil de mirar. No hay piedad. Y con su negativa final a acompañar a su marido a pescar, el deshonor es insalvable. Allen vuelve, pero sin la mirada nostálgica de 'Midnight in Paris', sin el humor ácido de 'Si la cosa funciona' y sin la tristeza suave de 'Blue Jasmine'. En 'Wonder Wheel' el pesimismo escuece. Y la clarividencia es nuestra condena.

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