ESTRENOS DE CINE

'Los caballeros blancos': El gran fiasco humanitario

Joachim Lafosse se inspira en el caso de El Arca de Zoé para firmar un drama sobre los límites y las contradicciones de la labor humanitaria en África

Foto: Fotograma de 'Los caballeros blancos'
Fotograma de 'Los caballeros blancos'

El caso apareció en todas las portadas de la prensa internacional en 2007. Los miembros de una ONG francesa llamada El Arca de Zoé habían sido detenidos en el Chad mientras intentaban llevarse del país a más de un centenar de niños en un avión de la compañía española Girjet. Según ellos, se trataba de huérfanos víctimas del conflicto en Darfur que iban a ser adoptados por familias francesas. Pero tanto ACNUR como UNICEF revelaron que en realidad los menores eran chadianos y la mayoría tenían algún padre o familiar cercano vivo.

El presidente del país, Idriss Deby, llegó a acusar a la ONG de secuestrar a los niños con fines pedófilos o para destinarlos a las redes de tráfico de órganos. La gestiones diplomáticas de Nicolas Sarkozy llevaron a la liberación de algunos de los detenidos, entre ellos la tripulación española, y al traslado a las cárceles francesas de los responsables del intento de rapto de los menores. Los periodistas presentes durante el intento de abducción declararon que los supuestos cooperantes cubrían a los niños con vendas para que parecieran heridos. El caso propició un debate en torno a los límites de la ayuda humanitaria y las posturas neocoloniales respecto a África que siguen vigentes en Europa a través de supuestas tareas de colaboración.

'Los caballeros blancos': El gran fiasco humanitario

'Los caballeros blancos', la nueva película del belga Joachim Lafosse tras el drama 'Perder la razón', se inspira claramente en el caso de El Arca de Zoé, aunque la ONG que aparece en el film se llama Move for Kids y el país africano en guerra donde trabajan no tiene nombre -un paisaje arenoso, unos extras de piel oscura, unos niños llorando, un par de camellos, unas casas de adobe... y ya estás en esa África sin matices-. Vincent Lindon encarna a Jacques Arnauld, el trasunto del fundador de El Arca de Zoé Éric Breteau, que llega al territorio con una misión: conseguir 300 niños en tres semanas para los respectivos padres que en Francia han pagado 2.200 euros por cada uno de ellos. Suena más a encargo comercial que a labor humanitaria.

Conseguir 300 niños para los respectivos padres que en Francia han pagado 2.200 euros por cada uno suena más a negocio que a labor humanitaria

Porque en lo que a retrato de las intenciones de la ONG se refiere, Lafosse prefiere mantenerse siempre en un territorio de grises. Señala las contradicciones de un grupo a priori bien intencionado que no tiene la conciencia de dedicarse al tráfico de niños. Las decisiones que toman dejan clara sin embargo la naturaleza de sus actos. El director sigue la trayectoria del grupo desde dentro y carga la película de tensiones, tanto internas como externas. Por un lado, existe la presión colectiva ante la necesidad de llevar a cabo la misión. Todo el grupo se ve sometido a una serie de pruebas a superar para "salvar" a los niños: desde conseguir un avión en condiciones hasta el hecho de adentrarse en una zona de guerra prohibida por los militares. De esta manera, Lafosse otorga al film un ritmo más cercano al género que mantiene despierta la atención del espectador más allá de las cuestiones propias de un drama social.

Por otro lado lado, el director traza las paradojas dentro de la ONG a partir de las tensiones internas. En un grupo formado por una decena de personas, la mayoría de decisiones se hablan y se discuten hasta el punto de crearse diversos conflictos que aumentan a medida que se hacen evidentes las lagunas en las formas de actuar de la organización: la negociación monetaria con el jefe de la aldea, la falta de control a la hora de comprobar el origen y la identidad de los niños, las discursos de autoconvencimiento tipo  "las ganas de dar amor bastan" con que se tapan las dudas y los fallos de protocolo...  

Del drama íntimo al género

En sus dos largometrajes anteriores, Lafosse había optado por dramas íntimos e incluso claustrofóbicos en torno a los límites de la dominación en el ámbito emocional. En 'Élève libre' (2008) señalaba la naturaleza predatoria del proceso de iniciación de un joven estudiante por parte de un carismático treintañero y en 'Perder la razón' (2012) también se inspiraba en un caso real, el de la mujer belga que asesinó a sus cinco hijos, para explorar los procesos de control y subyugación dentro de un matrimonio.

Lafosse prefiere perfilar a un personaje que tiende al autoengaño que no dibujar a un engatusador frío y maquiavélico

En 'Los caballeros blancos' amplía su ámbito de estudio de las relaciones privadas a las de una pequeña ONG europea respecto al continente africano. El personaje que encarna como siempre con gran convicción Vincent Lindon equivaldría a otras figuras en el cine de Lafosse que ejercen la autoridad interna desde una postura a priori poco evidente. En este caso, Arnauld parece creer de verdad en la misión que llevan a cabo y Lafosse prefiere perfilar a un personaje que tiende al autoengaño que no dibujar a un engatusador frío y maquiavélico.

Cartel de 'Los caballeros blancos'
Cartel de 'Los caballeros blancos'

La vocación de filmar desde dentro las tribulaciones del grupo acaban limitando el propio alcance del film. Las contradicciones que aquejan la tarea de la ONG quedan más que claras pero Lafosse no profundiza más allá de lo que podíamos deducir leyendo los reportajes sobre el caso. Y ese punto de vista interno parece justificar el hecho de que el cineasta no se posicione de forma más clara respecto a los hechos o no extienda el alcance de la reflexión en torno a las labores humanitarias. Mientras tanto, África sigue siendo un mero paisaje general de fondo.

Cine

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios