Estreno online del documental ‘Ciutat Morta’

Las cloacas del oasis catalán

Un filme premiado en festivales denuncia un estremecedor caso de corrupción política, policial y judicial en Barcelona

Foto: Cartel de 'Ciutat morta' con el ex alcalde de Barcelona, el socialista Joan Clos
Cartel de 'Ciutat morta' con el ex alcalde de Barcelona, el socialista Joan Clos
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Cuando la expresión “uno que pasaba por ahí” se convierte en hito de la impunidad policial, política y judicial en la Cataluña del siglo XXI. He aquí  la historia de un/unos inocentes condenados injustamente, que es lo que cuenta el documental Ciutat morta, que se estrena ahora online (Filmin) tras triunfar en 2014 en el circuito festivalero (premio al mejor documental en Málaga, seleccionado en San Sebastián, etc.).  

En efecto, los casos de personas que “pasaban por ahí” y acabaron siendo arrolladas por las maquinarias estatales han dado lugar a varias películas de alto voltaje. Recuerden títulos como El caso Almería (Pedro Costa, 1983), sobre tres jóvenes calcinados por la Guardia Civil tras confundirles con tres etarras, o En el nombre del padre (Jim Sheridan, 1993), sobre unos jóvenes irlandeses acusados falsamente de terrorismo.

Ya sea por fe en nuestras instituciones, por exceso de inocencia o simplemente para mantener la cordura, tendemos a pensar que estos atropellos suceden en otras épocas o en otras latitudes. De ahí que las imágenes y los testimonios de Ciutat morta, documental sobre el caso 4F, generen una dolorosa mezcla de desasosiego e indignación: resulta que la arbitrariedad estaba a la vuelta de la esquina. En efecto, los niveles de impunidad oficial mostrados por el filme son tan exagerados que aquello parece a ratos una parodia de un lugar inventado llamado Impunilandia. Salvo que el lugar se llama Barcelona, y es real.   

El cuatro de febrero de 2006 la policía de Barcelona cargó en los alrededores de un centro social okupado. Uno de los policías quedó en coma (y tetrapléjico) tras recibir un macetazo. Ante la imposibilidad de saber quién había arrojado el objeto desde lo alto de un edificio, los cabreados agentes (Guardia Urbana y Mossos) tiraron por la opción que tenían más a mano: varios detenidos al azar a pie de calle.

La película denuncia que dos de los detenidos, Patricia y Alfredo, no estaban presentes en el lugar de los hechosEl término "al azar" no solo ha de tomarse aquí literalmente, sino en su sentido más grotesco: Ciutat morta denuncia que dos de los detenidos, Patricia y Alfredo, no estaban presentes en el lugar de los hechos. Esa noche habían sufrido un accidente de tráfico en otro lugar de la ciudad, pero tuvieron la mala suerte de acabar en el mismo hospital que algunos de los detenidos/heridos esa noche (Amnistía Internacional denunció torturas en comisaría) y tener, ay, pintas raras. O cuando la ira policial por el ataque a un compañero muta en venganza arbitraria.

Más grave quizás sea que dicha venganza viniera respaldada por el sistema judicial y político. Cuatro de los detenidos acabaron siendo condenados a varios años de cárcel por atentado a la autoridad. Patricia Heras, la detenida aleatoria, acabó suicidándose durante su condena carcelaria; incapaz, quizás, de encontrar sentido a todo aquello. Así de duro es lo que denuncian los directores Xavier Artigas, Xapo Ortega en Ciutat morta.

En el documental intervienen personajes relevantes de la sociedad catalana como el antropólogo Manuel Delgado, el líder de las CUP David Fernández o el periodista Gregorio Morán, que critican la falta de garantías que rodeó a todo el proceso judicial.  

La amarga historia de Patricia Heras empieza como esos guiones de Hollywood, donde los policías mienten, los ciudadanos miran para otro lado, los jueces bostezan, los carceleros corrompen..Morán escribió en 2011 un artículo sobre el caso 4F en La Vanguardia que arrancaba así: “La amarga historia de Patricia Heras empieza como esos guiones de Hollywood, donde los policías mienten, los ciudadanos miran para otro lado, los jueces bostezan, los carceleros corrompen y los presos esnifan hasta los polvos de talco. Mientras, la víctima inocente contempla más allá de la desolación y el espanto, que se está ‘comiendo un marrón’ del que apenas sabe nada, salvo que acaba de entrar en el infierno. Y que gritar la inocencia en una cárcel es como leer la Biblia en un prostíbulo; gimnasia intelectual”.

Dos policías (Guardia Urbana) implicados en este dantesco suceso acabarían cayendo, pero no por este caso, sino por otro posterior igual de truculento: pena de cárcel e inhabilitación por torturas a un joven negro que resulto ser, ay, el hijo del embajador de Trinidad y Tobago en Noruega, y no un mindundi que pasaba por ahí. ¿Justicia poética?

Jordi Hereu en un cartel de 'Ciutat morta'
Jordi Hereu en un cartel de 'Ciutat morta'

Y ojo porque hablamos del año 2006. Cuando la crisis económica aún no había estallado y el oasis catalán era un remanso de paz progresista, con el tripartit (PSOE, IU, ERC) en el Parlament y alcalde socialista en Barcelona (Joan Clos). De ahí que el filme apunte desde sus carteles promocionales hacia la bancada socialista al hablar de responsables políticos del 4F: Joan Clos y el entonces concejal de Seguridad (y futuro regidor) Jordi Hereu.

Tras una larga campaña de presión a TV3 por parte de los creadores de Ciutat morta y diversos grupos de activistas, la televisión pública catalana se comprometió ayer a emitir el filme en las próximas semanas. 

“¿Se va a hacer justicia? Ya ni siquiera me importa… La justicia para mí ha perdido sentido”, zanja uno de los encarcelados en un documental que ha transformado el oasis catalán en la cloaca catalana. 

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