Crónica negra de la Transición
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'La isla mínima' compite por la concha de oro

Crónica negra de la Transición

El director sevillano Alberto Rodríguez viaja a los sumideros de la España de 1980 en el impactante policíaco ‘La isla mínima’

placeholder Foto: Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez, en una escena de 'La isla mínima'.
Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez, en una escena de 'La isla mínima'.

Recuerdos olvidados que salenalaluz por algún extraño motivo. Tras salir deverLaislamínima, que se presenta hoy a competición en el Festival de San Sebastián, este reportero recordó de pronto que un compañero del colecoleccionaba ejemplares de El caso,legendario periódico de sucesos y charcutería fina. Estábamos a principios de los ochenta y teníamos 8 o 9 años; es decir, éramos lo suficientemente mayores como para intuir querecopilar noticias sobre parricidios... era un poco raro.

Lo que no entendíamos entonces, yLaislamínimaexplica ahora bastante bien, es quelacrónica negra se cruza a veces conlacrónica política, más aún en épocas de cambio social comola Transición (la acción transcurre en 1980).

La isla mínima, quizáslamejor película hastalafecha del casi siempre notableAlberto Rodríguez(After,Grupo 7), es un viaje a los sumideros dela Transición en el que un periodista de El caso juega un papel decisivo para desvelar las conexiones entre sucesos y política.

El director sigue los pasos de dos policías de Madrid que investigan ladesaparición de unas adolescentes enlasMarismas del Guadalquivir. Localización andaluza que le permitereinventarlaiconografía del cine negro cañí en una sucesión de secuencias magnéticas enlasque el paisaje se funde conlatrama.

En efecto, hemos visto tantos policiacos ambientados en lospantanos de Luisiana y Floridaque se nos había olvidado que podíamos ver películas sobre nuestros propios cadáveres flotando en nuestras propias aguas estancadas. O laciénaga dela Transición.

¿Es entonces La isla mínima una película de denuncia? No exactamente, aunque luzca músculo político.

El director nunca pierde de vista el objetivo de rodar un thriller trepidante, entretenido y con pegada comercial. No obstante, puestos a reflexionar sobre los agujeros de la Transición, Alberto Rodríguezresuelve habilidosamente uno de los peligros del cine con ínfulas de denuncia: caer en una historia esquemática de buenos y malos.

La isla mínima es un policiaco ambiguo que desvelalascontradicciones delaépoca. De ahí los cambios de humor/comportamiento delapareja de policías protagonistas,presentados bajo el estereotipo facha/demócrata, que irán intercambiando sus roles a medida quelatrama se emponzoña ylamierda comienza a salpicar a todos. En otras palabras: Puede que a Alberto Rodríguez no le gusten las ideas de alguno de sus policías, pero respeta las decisiones de suspersonajes.

Lo que parece querer decirnos el directores que es muy sencillo creerque entre 1977 y 1980 España pasó dela oscuridad social alademocracia impoluta, como si fuera tan fácil. Y que lo que mal empieza, mal acaba."La isla mínima se pregunta si nos vale un pacto que hicimos hace cuarenta años,impulsado por unos militares que nos dijeronhasta aquí y punto", dijo el cineasta hace unos días a El Correo.

Quizás haya visto ustedes un thriller coreano de hace unos años llamadoMemories of murder (Bong Joon-ho, 2003). Una larguísima investigación de unos crímenes sin resolverque se convertía en un viaje alascloacas dela Transición coreana.Memories of Murder es, sin lugar a dudas, una delaspelículas más importantes de este siglo. Aunque le falte su grado de locura obsesiva y su apuestapor elcallejón sin salida,Laislamínimaes una más que digna variación de este histórico filme coreano.

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