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Los Dardenne buscan el triplete
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aspiran a su tercera palma de oro en cannes

Los Dardenne buscan el triplete

Los directores belgas plantean un dilema en su nuevo filme: ¿Solidaridad obrera o estatus social? Marion Cotillard protagoniza el filme

Foto: Los hermanos Dardenne posan en la alfombra roja de Cannes con Marion Cotillard (REUTERS)
Los hermanos Dardenne posan en la alfombra roja de Cannes con Marion Cotillard (REUTERS)

Una pequeña empresa, como tantas hay en Europa, se ve obligada a efectuar recortes. Otros países construyen los mismos paneles solares que ellos a precios más asequibles. El jefe propone a sus 16 trabajadores dos opciones: o que cada uno reduzca en mil euros su prima anual o despedir a una de las trabajadoras, Sandra. En una primera votación, la mayoría se decanta por echar a la compañera. Pero Sandra tiene una segunda oportunidad. La votación se va a repetir el lunes y dispone de todo el fin de semana para convencer al resto de colegas de que voten a su favor.

De La promesa (1996) a El niño de la bicicleta (2011), los personajes del cine de Jean-Pierre y Luc Dardenne siempre se ven confrontados a un dilema ético en una situación de precariedad laboral o social. En su nueva película, no es la protagonista quien se encuentra en una encrucijada moral, sino el resto de sus compañeros.

Como es habitual en el cine de los belgas, Deux jours, une nuit rehuye el discurso social de tintes épicos para moverse a pie de calle. Sandra ni tan siquiera es un personaje de una sola pieza. La protagonista ha sufrido una depresión (una de las causas por la que la quieren despedir), no le cuesta nada echarse a llorar y su actitud no es precisamente la de una heroína obrera. Con el apoyo de su marido, reúne las fuerzas necesarias para visitar a sus colegas a fin de mantener su trabajo. Deux jours, une nuit la sigue en este peculiar puerta a puerta por su ciudad. Sandra habla con todos y cada uno de los trabajadores que tienen en sus manos decidir su futuro.

Los directores no buscan juzgar sino entender que cada persona tiene sus motivos para votar a favor o en contra de su compañera

Los Dardenne han evitado el aleccionamiento político oficialista o el discurso-mitin al situar el filme en un contexto de pequeña empresa donde los conflictos laborales no se dirimen entre ejecutivos y sindicatos. Siguiendo la filosofía de Jean Renoir, los directores no buscan juzgar sino entender que cada persona tiene sus motivos para votar a favor o en contra de su compañera. La crisis ha propiciado que a una familia de clase media-baja no le resulte tan fácil renunciar a una prima de 1.000 euros por mucha solidaridad obrera que pueda sentir.

Deux jours, une nuit no es una película sobre ganar una votación que a primeras se había perdido, no es el Doce hombres sin piedad de la solidaridad obrera. La dignidad de Sandra no radica en si consigue finalmente quedarse o no con su trabajo, sino en que luche por mantenerlo y se acerque al resto de compañeros para hablar sobre el tema. Deux jours, une nuit subraya la importancia de reactivar las redes de comunicación entre trabajadores, reivindica el poder de decisión y participación, y deja claro hasta qué punto un voto resulta decisivo.

El filme vuelve a demostrar que los Dardenne no tienen rivales en el terreno del cine social comprometido y destinado a un amplio espectro de público

Sin ser su película más redonda ni osada, Deux jours, une nuit vuelve a demostrar que los Dardenne no tienen rivales en el terreno del cine social comprometido y destinado a un amplio espectro de público. A casi nadie le parecería una exageración que con esta película los belgas consiguieran su tercera Palma de Oro, tras Rosetta (1999) y El niño (2005). Serían los primeros directores en lograr este triplete.

Para su filme con mayor componente coral hasta el momento, los hermanos han contado por primera vez con una actriz de fama internacional, Marion Cotillard. La protagonista se adapta a la perfección al estilo de los belgas, en las antípodas del glamur y los oropeles. En la rueda de prensa, Cotillard ha citado a la Penélope Cruz de No te muevas (Sergio Castellitto, 2004) como referencia que admiraba en lo que a actrices capaces de transformarse físicamente por las necesidades de un papel se refiere.

placeholder Fotograma del nuevo filme de los hermanos Dardenne

El lago azul de Naomi Kawase

Still the Water, nueva película de la japonesa Naomi Kawase, sitúa una historia de amor adolescente en una región paradisíaca donde la vida de los habitantes sigue muy ligada a los ciclos de la naturaleza. Un giro en la carrera de una directora que siempre ha trabajado, desde el documental y la ficción, sobre un entorno que le era próximo tanto en lo temático como en lo geográfico. Aquí abandona la comarca de Nara que la vio crecer y donde ha localizado la mayoría de sus películas para filmar en Amami Oshima, una isla de paisajes espectaculares. Y, a pesar de seguir tratando temas que le son habituales como las familias poco ortodoxas, la experiencia de la muerte o los ritos y liturgias colectivos que permiten a los seres humanos trascender lo tangible, se centra en una pareja de adolescentes que deben superar sus problemas y traumas familiares para vivir plenamente su amor.

La directora de El bosque de luto mantiene intacta su capacidad para filmar la fuerza desencadenada de la naturaleza (aquí un tifón marca la catarsis dramática de los personajes) y acercarse a las transformaciones emocionales de sus protagonistas. Pero Still the Water, coproducida por el español Lluís Miñarro, es una película lastrada por sus excesos: resulta excesivamente bonita (se acumulan los encuadres de paisajes soberbios, de crepúsculos en el mar, de árboles exuberantes, de fondos marinos de un azul intenso...), rezuma pseoudofilosofía oriental sobre la vida y la muerte (hay un anciano que no para de lanzar sentencias trascendentes) y fuerza el devenir de rituales que deberían desarrollarse de manera más espontánea, como en la larga secuencia de la muerte de la madre. Still the Water es un buen ejemplo de película que se esfuerza en resultar premiable, además de apoyarse en un fotogénico orientalismo para venderse al público occidental. Una lástima la deriva de Naomi Kawase, una directora que precisamente se dio a conocer en Cannes, donde consiguió la Cámara de Oro a la mejor primera película en 1997 por Suzaku.

Una pequeña empresa, como tantas hay en Europa, se ve obligada a efectuar recortes. Otros países construyen los mismos paneles solares que ellos a precios más asequibles. El jefe propone a sus 16 trabajadores dos opciones: o que cada uno reduzca en mil euros su prima anual o despedir a una de las trabajadoras, Sandra. En una primera votación, la mayoría se decanta por echar a la compañera. Pero Sandra tiene una segunda oportunidad. La votación se va a repetir el lunes y dispone de todo el fin de semana para convencer al resto de colegas de que voten a su favor.

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