estreno de 'el gran hotel budapest'

Wes Anderson en estado puro (y en plena forma)

Llega a los cines españoles una nueva muestra de la imaginación extravagante del cineasta estadounidense de culto

Foto: Fotograma del nuevo filme de Wes Anderson
Fotograma del nuevo filme de Wes Anderson

La película de apertura suele suponer un quebradero de cabeza para cualquier festival. Por lo general, la elegida es una apuesta fuerte de Hollywood o alguna superproducción local, el tipo de propuesta rodeada de altas expectativas y que llegará inmediatamente a las salas. La crítica parece disfrutar azotando a los programadores desde el primer pase, las sesiones inaugurales se convierten en sangrías de tinta, aunque en la mayoría de casos la cólera está justificada. No obstante, los grandes festivales parecen haber encontrado al hombre perfecto para solucionar sus problemas: Wes Anderson.

Si hace dos años Cannes arrancó de forma brillante con Moonrise Kingdom, la Berlinale 2014 repitió experiencia y también resultados con El Gran Hotel Budapest, que llega hoy a los cines españoles. En esta ocasión Anderson plantea una historia que envuelve otra historia, con el arte de narrar como tema clave.

En 1985 un célebre escritor, interpretado por Jude Law, se desplaza hasta un monumental hotel situado en medio de las montañas de la República de Zubrowka, en el este de Europa. Allí conoce al propietario del complejo, el señor Moustafa (F. Murray Abraham), cuyo pasado está ligado estrechamente al hotel.

El relato de este hombre fascinante nos lleva hasta 1932, cuando Moustafa era más conocido como Zero, un joven botones (Tony Revolori)  que tenía como mentor al conserje del lugar, M. Gustave, encarnado por Ralph Fiennes, auténtico protagonista de la cinta.

Fotograma del filme de Wes Anderson
Fotograma del filme de Wes Anderson

Como motores de la trama se encuentran un cuadro (heredado por Gustave tras la muerte de su amante, que le llevará a la cárcel) y un pastel (que esconderá una herramienta con la que podrá huir de prisión), Anderson utiliza los elementos más insospechados para emprender su propia interpretación de la comedia de aventuras.

El filme llega a su última fase con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el director se atreve también a reinventar algunos iconos de la Historia, proponiendo por ejemplo un diseño alternativo al símbolo de las SS.

La película, como las anteriores de su autor, destaca por su exuberancia visual y por su imaginario inagotable

Esta película, como las anteriores de su autor, recuerda por su exuberancia visual y por su imaginario inagotable al magnífico tándem que formaron Michael Powell y Emeric Pressburger. Anderson reconoció en la conferencia de prensa de presentación del filme en la Berlinale que el cine clásico había sido una referencia fundamental a la hora de preparar este filme: "Revisé muchas películas de los años treinta junto a mis colaboradores, entre otras Ser o no ser de Ernst Lubitsch, Gran hotel de Edmund Goulding o Ámame esta noche de Rouben Mamoulian".

El Gran Hotel Budapest  toma como fuente de inspiración la literatura de Stefan Zweig. Anderson explicó que no tuvo en mente ninguna obra concreta, sino en el espíritu de los relatos y las memorias del autor austríaco: "Zweig dijo que cuando la gente sabe que eres escritor, todos quieren contarte su vida, quizás sea verdad. Lo que más me interesa de él son sus atmósferas, quería partir de su manera de contar historias y dar mi propia versión".

Cine
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios