La obra reivindica la memoria como identidad

Miguelanxo Prado, Premio Nacional de Cómic por ‘Ardalén’

Miguelanxo Prado (A Coruña, 1956) es el nuevo Premio Nacional de Cómic por su obra Ardalén, publicada por Norma en 2012. El jurado ha destacado “el

Foto: Salón internacional del cómic de a coruña
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    Miguelanxo Prado (A Coruña, 1956) es el nuevo Premio Nacional de Cómic por su obra Ardalén, publicada por Norma en 2012. El jurado ha destacado “el carácter poético de su obra, que mezcla realidad con sueño, memoria con olvido y su maestría técnica en el uso del color”. Esas son las claves del autor español más reconocido en el extranjero, que en este caso le han valido para ganar los 20.000 euros que acompañan al galardón.

    Ardalén es la historia de las raíces de Sabela, que regresa al pueblo natal de su abuelo en busca de la reconstrucción de su pasado, de su vida. El abuelo emigró a hacer las Américas en los años treinta y no se volvió a saber nada de él. Entonces Sabela entra en contacto con Fidel, el único nexo con su abuelo desaparecido. Miguelanxo Prado aprovecha a desarmar la cordura de este personaje para levantar una puerta de acceso a Ardalén, un territorio inhóspito entre la memoria y el olvido.

    “El libro debe funcionar como una caja, encontrada en el desván de los abuelos, en la que hay alguna foto de familiares y amigos casi olvidados, algún objeto curioso, documentos de hace muchos años... Y a partir de todas esas cosas acabamos construyendo un "todo" posible, una historia”, cuenta el autor.

    Un lugar que, en cierto modo, el autor ya había recorrido en sus inicios en la ciencia-ficción, con Fragmentos de la enciclopedia délfica, en la mítica editorial de Toutain. Empezó a leer comics tarde, pero sobre seguro: Moebius, Bilal, Toppi, una troika para la ciencia-ficción. Llegó tarde al mundo del cómic, pero con un bagaje cinematográfico, pictórico y literario. Mucho Asimov, mucho Arthur C. Clarke, mucho Stanislav Lem. Con Crónicas incongruentes asoma por primera vez su realismo mágico, con notable carga social.

    El universo de Prado es la ambigüedad, en el que el humor siembra inquietud porque esconde la violencia. Hasta su obra de madurez, Trazo de tiza (Norma), donde fuerza al lector a comprender, definitivamente, su propuesta: el arte no es esclavo de la realidad. Un universo paralelo en el que los nexos con la realidad son mínimos. Fue precisamente con Trazo de Tiza cuando se convirtió en autor sin fronteras, que culminó en el año 2004 con el Premio Eisner (a la mejor antología por Sandman: Noches eternas). Y de aquella magnífica obra a Ardalén, el vínculo poético y los conflictos de sentimientos de pocos personajes en un entorno rural, aunque él mismo asegure que no hay tantos puntos en común en el tratamiento narrativo.

    El ejercicio de Prado es una reivindicación de la memoria como parte de la identidad, y del olvido como una forma de morir. El abuelo náufrago es la metáfora del naufragio interior del ser humano. El mar es tan enigmático como la memoria. Las viñetas de Ardelán se convierten en pequeñas peceras de animales marinos, que animan un mundo ensoñado. Ballenas que sobrevuelan bosques de eucaliptos, escenas que le acercan tanto al cine que ya lo probó con éxito en De Profundis (nominada al Goya en su categoría). Precisamente, esta y Ardalén coincidieron en el tiempo sobre la mesa de dibujo de Prado. Una es una metáfora constante, en la que importan las sensaciones. La otra, una historia, con aroma a posguerra, en la que se cruzan los recuerdos de varias vidas.  

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