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José María Aristrain Noain, el señor del acero: una vida de misterio y una muerte trágica
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Hombres de fortuna III

José María Aristrain Noain, el señor del acero: una vida de misterio y una muerte trágica

La peripecia vital del que fuera la segunda mayor fortuna del país empieza como una bildungsroman y termina con una muerte trágica a la manera de la dinastía Kennedy

Foto: Recortes de periódicos donde se recogen la muerte y el funeral de José María Aristain Noain en 1986.
Recortes de periódicos donde se recogen la muerte y el funeral de José María Aristain Noain en 1986.

La historia de José María Aristrain Noain, uno de los señores del acero en la España del franquismo, propietario de la segunda mayor fortuna del país, empieza como una bildungsroman y termina con una muerte trágica a la manera de la dinastía Kennedy. Entre medias, su vida fue un inquietante misterio. Español nacido en Argentina, hizo cierta la fábula que dice que desde lo más bajo de la sociedad se puede llegar con esfuerzo, talento y perseverancia a lo más alto. De origen navarro y criado en Ordizia, comenzó vendiendo chatarra por la calle con 14 años de edad y terminó ocultando su fortuna en paraísos fiscales y cuentas secretas en Suiza. Quiso ser ciclista profesional.

Terminó siendo lo suficientemente poderoso para ser recibido por De Gaulle y Juan Pablo II. Aún así, parecía un hombre invisible. No existen apenas fotos suyas. Su padre, José Aristrain Iñurrieta, y su madre, Inocencia Noain, emigraron desde Navarra y Euskadi al Cono Sur, donde tuvieron cinco hijos. Uno de ellos, Celestino, padecía parálisis cerebral y murió de forma trágica. En 1920 la familia regresó a España y se instaló en Irurzun (Navarra), donde impulsó negocios que no salieron adelante, condenándolos a la ruina. Aristrain se ve obligado entonces a empezar a trabajar en distintos oficios, renunciando al sueño de convertirse en deportista.

Foto: José Manuel Lara Hernández

La España de la posguerra no era un sitio estimulante. Se pasaba hambre y necesidad. Faltaba de todo, sobre todo el trabajo y el valor. Aristrain se convierte en chatarrero ambulante, intermediario comercial y encargado de una fábrica de gasógeno y calderería. Decide hacer un viaje a América, del que no se sabe mucho. Al regresar, con un capital modesto y ayuda familiar, funda una empresa en Villafranca de Oria (Gipúzcoa). Lo que lo convertiría en el segundo empresario más rico de su tiempo, sólo por detrás de Ruiz Mateos, propietario de Rumasa, fue su extraordinario don de gentes. Enseguida aprendió, dedicándose al comercio, que para avanzar en la vida había que saber relacionarse. De esta forma conoció a Calixta de la Cruz Carriedo, hija de una familia adinerada de Elgoibar que había hecho fortuna con la chatarra. Se casaron. Su suegro les compró un camión como regalo. Familia y negocios caminaban entrelazados.

Aristrain fue chatarrero ambulante, intermediario comercial y encargado de una fábrica de gasógeno

De Aristrain, además de los inicios humildes, se cuentan un sinfín de hazañas avivadas por su discreción. Se dice que importaba manganeso de la Argentina para poder fabricar acero al por mayor y que se manejaba bien en las esferas económicas y políticas. En 1955 abrió su fundición en Olaberria. Allí comenzó su carrera como señor del acero vasco. Los capitalistas del Norte de España crearían verdaderas estirpes industriales con ramificaciones en el campo del transporte, las finanzas y la política. Aristrain venía de la nada, pero no tardó en convertirse en un magnate gracias a su cercanía con Nicolás Franco, el hermano del dictador, y sus negocios en Madrid, Valencia y Hospitalet, donde sus acerías trabajaban sin competencia, prácticamente en régimen de monopolio, convirtiendo la chatarra en chapas metálicas y derivados.

Foto: Retrato de Juan March (Zuloaga)

Exportaba a Argentina, Rumania, Francia y Alemania. Y practicaba, con devoción, el paternalismo de empresa. En la prensa nacional se le retrataba como un benefactor. Como consejero del Banco Central y el Banco de Fomento desarrollaba labores de intermediación con un estilo de dirección personalista y se relacionaba directamente con el poder franquista, que le concedió la Gran Cruz de la Orden Civil de Beneficencia. Era recibido en El Pardo y asistía a las célebres cacerías del dictador. Su vínculo con el ministro de Industria, López-Bravo, uno de los hombres claves del caso Matesa, es capital para entender su éxito empresarial. Ambos formaban parte del Opus Dei, a quien la dictadura confió la política económica. Por manos de ambos pasaron todas las grandes decisiones de inversión, adjudicaciones y contratos del desarrollismo.

Excelentes contactos

Aristrain hizo en esos años la mayor parte de su fortuna, lograda merced a sus excelentes contactos políticos. Su firma alcanzó una producción de 222.000 toneladas de acero, cinco veces superior que la que tenía antes de asociarse con el Estado, que le prestó apoyo para mejorar sus exportaciones. López-Bravo terminaría ejerciendo como su conseguidor y administrador de la Fundación Gordi de Liechtenstein, uno de los eslabones de la ingeniería societaria gracias a la cual evitaba cumplir con sus obligaciones tributarias. Su patrimonio rondaba los 25 millones de dólares y tenía ramificaciones en paraísos fiscales como Zurich, Curaçao o Panamá. En 1985, su valido, el exministro, muere en un accidente de aviación.

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Menos de un año más tarde, el 20 de mayo de 1986, le tocó el turno a Aristrain, que se había quedado viudo en 1978. Con 69 años y su fortuna personal oculta se había convertido en un personaje de la jet set. Distanciado del Opus por su fama de mujeriego, vivía su particular crepúsculo dorado viajando a casinos, hoteles y reuniones de la alta sociedad europea. La tarde de su muerte se subió a un helicóptero en la Costa Azul francesa para volar entre Cannes y Niza. Le acompañaba, junto a dos amigas, Anja López, supuestamente su amante, una actriz y cantante alemana, esposa de un compositor de operetas y asidua a las fiestas del diminuto Principado de Mónaco. Habían pasado el fin de semana en el Grand Prix de Montecarlo. Cogieron un helicóptero para trasladarse al aeropuerto Cannes-Mandelieu, donde el magnate había alquilado un jet. El helicóptero, un Squirrel de cuatro plazas, rodeó el cabo de Antibes y se adentró en el golfo de Juan.

Cuando su estela se divisaba desde la Croisette cayó al mar. No hubo supervivientes.

La historia de José María Aristrain Noain, uno de los señores del acero en la España del franquismo, propietario de la segunda mayor fortuna del país, empieza como una bildungsroman y termina con una muerte trágica a la manera de la dinastía Kennedy. Entre medias, su vida fue un inquietante misterio. Español nacido en Argentina, hizo cierta la fábula que dice que desde lo más bajo de la sociedad se puede llegar con esfuerzo, talento y perseverancia a lo más alto. De origen navarro y criado en Ordizia, comenzó vendiendo chatarra por la calle con 14 años de edad y terminó ocultando su fortuna en paraísos fiscales y cuentas secretas en Suiza. Quiso ser ciclista profesional.

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