Fin de los sobresaltos del gran proyecto de Borja Villel: el Reina Sofía actualiza a Sabatini
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Fin de los sobresaltos del gran proyecto de Borja Villel: el Reina Sofía actualiza a Sabatini

Terminan las obras de la planta 0 del edificio de Sabatini con siete meses de retraso por la pandemia, Filomena y el desastre del canal de Suez

Foto: El director Manuel Borja-Villel presenta la nueva ampliación del Reina Sofía (EFE)
El director Manuel Borja-Villel presenta la nueva ampliación del Reina Sofía (EFE)

Cuando todo estaba previsto para comenzar las obras de remodelación de la planta 0 del Edificio Sabatini del Museo Reina Sofía llegó la pandemia. Cuando ya se habían puesto en marcha se produjo la gran nevada de Filomena. Y cuando todo parecía seguir un curso normal un barco se quedó encajado en el canal de Suez produciéndose una crisis mundial de suministros. La pinacoteca ha tenido la suerte de no tener un volcán cerca en este 2021 y, por fin, siete meses después de lo previsto, se han podido ver la veintena de nuevas salas de este ala del museo que ocupa 2.000 metros cuadrados, cuyo coste ha sido de más de 1,7 millones de euros (un millón aportados por el Ministerio de Transporte), y que estarán destinadas al arte concebido a partir de los años noventa del siglo XX. Al gran proyecto con el que Manuel Borja-Villel llegó a la dirección en 2009 solo le faltan los cuadros y las instalaciones. Todo se inaugurará a finales de noviembre.

“Los museos tienen que tener un concepto de flexibilidad para ir adaptándose a los nuevos tiempos y a las exposiciones. Hemos recuperado las verjas originales, la fachada principal [por la que se entraba en los tiempos en que era un hospital y que llevaba tres décadas tapiada] y hemos creado un sistema tecnológico [por el que transcurre la climatización y la luz] que le dé versatilidad sin perder su fisonomía”, explicaba este viernes el arquitecto Fernando Pardo, cuyo estudio se ha encargado de dirigir las obras después de que estas hubieran sido adjudicadas en 2017 a los arquitectos Juan Pablo Rodríguez Frade y Aurora Herrera.

Hemos recuperado las verjas originales, la fachada principal y hemos creado un sistema tecnológico que le dé versatilidad sin perder su fisonomía”

Es obvio que ha sido un proyecto que no ha carecido de sobresaltos por todos los contratiempos. Las obras se tenían que haber terminado en febrero de 2021, pero con los retrasos el contrato de Frade y Herrera, que eran los proyectistas, caducó y no se pudo ampliar, como explican desde el museo. Se sacó uno nuevo a concurso de dirección de obra que ganó Fernando Pardo en marzo de este año. Por lo tanto es una creación con varios padres, los redactores del proyecto, Frade y Herrera, y la dirección de Pardo.

Obras en abierto

“Toda la obra se hizo con el museo abierto, el ‘Guernica’ y los visitantes arriba y los trabajos abajo”, comenta Rafael Hernández, jefe del área de Arquitectura de la pinacoteca, que destaca que este ha sido uno de los mayores retos, puesto que habitualmente los museos cierran para sus obras de rehabilitación, como sucede ahora con el Pompidou de Francia.

placeholder Las obras en las salas (Museo Reina Sofía)
Las obras en las salas (Museo Reina Sofía)

Los cambios más fundamentales han tenido que ver con las tecnología. Estas salas han sido en las últimas tres décadas utilizadas como almacén, talleres de oficios y oficinas. Antes, entre 1986 y 1992, cuando todavía era el Centro de Arte y no el Museo Nacional Reina Sofía, sí que se usaron para exposiciones como la de Fernando Botero, Jaspers Johns, Matisse y Tapiès, entre otros. En fotografías de aquellos años se pueden ver las canalizaciones del aire acondicionado y los halógenos para la iluminación. En algunos casos hasta humedades. Todo muy “ochentero”. Hoy, sin embargo, ha desaparecido. La climatización e iluminación están escondidas, se ha recuperado el granito del antiguo hospital y el mármol blanco de Macael para el suelo. Además, explican los arquitectos, se ha conseguido recuperar los ejes laterales del edificio y una conexión directa con el edificio Nouvel.

El hospital que se convirtió en museo

Estas obras ponen fin al gran proyecto de remodelación de Borja-Villel que ya tiene así su museo. En total se han tocado 20.000 metros cuadrados del edificio. Es el último gran cambio de una construcción que es bastante singular en la historia de Madrid puesto que las primeras piedras datan de la época de Felipe II cuando mandó concentrar aquí, en lo que eran unas eras y poco más, los hospitales de la ciudad.

No obstante, el Hospital de San Carlos -excepto obviamente la parte de Nouvel, que es de 2005- es de 1758 cuando Fernando VI decide tirar lo que había y construir un gran hospital que se le encarga al arquitecto José de Hermosilla. El nombre al principio era Hospital General de Atocha. Estas obras tampoco carecieron de problemas financieros y a la muerte de Hermosilla y ya con Carlos III como rey, el proyecto pasa a Francisco de Sabatini, del que se cumple este año el 300 aniversario de su nacimiento y al que Madrid le debe, entre otras obras, la Puerta de Alcalá y la finalización del Palacio Real.

El hospital es de 1758 cuando Fernando VI decide tirar lo que había y construir un gran centro sanitario que se le encarga a José de Hermosilla

Sabatini había proyectado un hospital monumental. De hecho, lo que vemos hoy son solo dos quintas partes de lo que podría haber sido. La actual plaza de Juan Goytisolo era otro patio más. Solo se edificó la lengua que hoy es el Real Conservatorio de Música. No había dinero. Se acabaría inaugurando en 1781, pero sin terminar. Partes de las obras las mantendría Juan de Villanueva a la muerte de Sabatini, pero las penurias económicas fueron tales que jamás se llegó a finalizar la obra tal y como estaba proyectada. Historias de este país. A finales del XIX se decidió que la calle Santa Isabel tuviera salida a la calle Atocha por lo que se demolió una parte de esa lengua que es hoy el Conservatorio (todavía en sus frisos se puede leer Hospital San Carlos). Y el hospital quedó aún mucho más reducido.

Cuando casi se tira

Su uso como hospital se mantuvo hasta finales de los años sesenta del siglo XX (entonces se llamaba Hospital Provincial de Atocha). En 1968 todas sus dependencias se trasladaron a la nueva Ciudad Sanitaria Francisco Franco (hoy el Hospital Gregorio Marañón) y el edificio poco a poco quedó abandonado siendo ocupado por los gatos. Hubo entonces quien propuso demolerlo, como el arquitecto Fernando Moreno Barberá, que señalaba que los terrenos tenían más valor que el inmueble. La actuación del también arquitecto Fernando Chueca Goitia con sendos informes a la Academia de Historia y la Academia de Bellas Artes consiguió que en 1977 fuera declarado Monumento Histórico-Artístico y por eso lo tenemos todavía hoy.

placeholder Así estaban las salas antes de la rehabilitación (Museo Reina Sofía)
Así estaban las salas antes de la rehabilitación (Museo Reina Sofía)

En esos años el edificio fue adquirido por el Ministerio de Cultura. Al principio no se sabía muy bien qué hacer con él: museo del pueblo español, museo de reproducciones artísticas… Finalmente se decidió que fuera un Centro de Arte dedicado a exposiciones temporales para las que se utilizaron esas salas humildes que hoy se han rehabilitado. El éxito no fue el esperado, pero todo cambió cuando en 1988 se aprobó el Real Decreto para convertirlo en el Museo Nacional Reina Sofía. Se encargaron unas nuevas obras a los arquitectos José Luis Íñiguez de Onzoño y Antonio Vázquez de Castro y se inauguró en 1992 con la llegada de su cuadro más emblemático: el ‘Guernica’ de Picasso. Y, hoy, las salas de la planta baja han vuelto, casi cuatro décadas después, a ver la luz.

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