'El Jueves' ya no es lo que era
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'El Jueves' ya no es lo que era

Los exlectores de 'El Jueves' salen de debajo de las piedras. Echan en falta en la revista a las tías en pelotas, el canalleo masculino, la provocación en todas direcciones

Foto: Guillermo Martínez-Vela, director de 'El Jueves'. (Álvaro Rincón)
Guillermo Martínez-Vela, director de 'El Jueves'. (Álvaro Rincón)

La consecuencia más espectacular del señalamiento de Vox contra el editor de RBA, responsable de la revista 'El Jueves', fue el hecho insólito de que 'El Mundo Today' lanzara un comunicado en serio. Para Guille Martínez Vela, director del semanario, "es una maniobra de distracción de Vox. Durante esa semana los estaban arrinconando con acusaciones de instigar al odio después del asesinato de Samuel, y han optado por darle la vuelta y mostrarse como víctimas de una persecución. Lo más práctico que han encontrado son esas viñetas de La patrulla Voxura. Pero creo que no les ha salido como ellos esperaban. De hecho hay varias almas en la derecha, y la parte más liberal se ha puesto de nuestra parte. Es que era absurdo".

Bien, zanjado el asunto. No es de eso de lo que quiero hablar con él, sino de una idea: 'El Jueves' ya no es lo que era. Esta cantinela acompaña a la revista como un escuadrón de manolas tras el paso de la Dolorosa. Los exlectores de 'El Jueves' salen de debajo de las piedras. Echan en falta en la revista a las tías en pelotas, el canalleo masculino, la provocación en todas direcciones. Se lo digo a Guille y para él es casi la constatación de algo obvio. "Que la revista no es lo que era llevan diciéndolo desde el número dos, te lo puede contar JL Martín. Decepcionar es parte de nuestro encanto. Pero es que España tampoco es lo que era".

El pico de tirada de la revista se alcanzó en los años 90, cuando las Mamachichos recorrían España, Felipe González empezaba a engordar y Jesús Gil daba carta de realidad a personajes más propios de viñetas satíricas, de hecho, típicas de 'El Jueves'. Los 90, la década de gloria para el mal gusto en España, cuando un simple kiosco de la época hubiera provocado huracanes en las redes sociales de hoy, tuvo a esta revista como estandarte del mal gusto. Era el giro ridículo, burlón, obsceno, cuando las fotos eróticas todavía excitaban. Pero mientras Aznar prohibía la "puta mili" y morían Ivá, Nieto, Perich y Gin, España seguía cambiando.

Foto: Noria de feria

Llegó internet. En aquellos 10 o 15 años, como ha reflejado Ana Iris Simón, las ciudades y pueblos españoles se estandarizaban, se prohibía fumar en los bares, se extendían las franquicias y los centros comerciales, la industria musical se desmoronaba, los cines se convertían en tiendas y se peatonalizaba hasta la grasa de encima de las barras. El tiempo de macarras como Maki Navaja había pasado, pasó después el del bakalao y llegaron los ninis, los quillos y los reguetoneros, y luego la crisis y los precarios, mientras el 'moromierda', encerrado en un barrio marginal, empezaba a fliparlo con los vídeos del Califato Islámico en YouTube.

Después llegó 'Charlie Hebdó'. Le pregunto a Guille si, como suelen decirles en Twitter, es verdad que con Mahoma no tienen cojones a meterse, y recuerda aquella portada mítica de 2012, cuando las caricaturas danesas hicieron arder varios países islámicos, en la que la revista lo confesaba abiertamente: "Íbamos a dibujar a Mahoma, pero nos hemos cagao". Añade que, normalmente, quienes dicen eso delatan cierta "envidia de fatua", en palabras de Vigalondo, pero entrando en harina admite que el tema es delicado: "La amenaza es tan desproporcionada y tan absurda que en general a Mahoma no lo pones. Tendría que estar muy justificado".

Le propongo una hipótesis: después del atentado de Las Ramblas, te viene uno de los dibujantes con una tira con Mahoma conduciendo una furgoneta. "Lo que sí hemos hecho es meternos con los yihadistas. Meternos con toda una religión nos parece desproporcionado. Hay una analogía: sería como meterte con todos los vascos después de un atentado de ETA. Hay que afinar más. Sería injusto. Y luego está el tema de la otredad. La religión que hemos heredado es la cristiana católica. Lo que es aceptable es hacer chistes sobre tu propia religión. Si los haces sobre otra, eso se percibe como una cruzada. Esa crítica al islam la tendrán que hacer quienes han sido criados como musulmanes. De hecho en Francia ya está pasando".

Lo que es aceptable es hacer chistes sobre tu propia religión

De modo, repregunto, que no os atreveríais. Y le cuento que yo mismo, en una conferencia reciente sobre la blasfemia y la libertad de expresión, pensé en poner la portada de 'Charlie Hebdó' en una diapositiva y finalmente no lo hice, no por respeto, sino por miedo. Responde que "es todavía más difícil cuando eres una revista, porque las consecuencias no las paga solo quien hace el dibujo, sino que pueden desbordarse. No se trata de que tú hagas ese dibujo y luego vivas como Salman Rushdie, sino que no sabes a cuántas personas vas a poner en peligro". Recordemos que en la redacción de 'Charlie Hebdó' no solo fueron asesinados dibujantes.

De ahí viene, en parte, una de las críticas más habituales en los famosos exlectores: que 'El Jueves' se ha vuelto 'woke'. Dice Guille que esas críticas suelen venir de lo que se ve en las redes, que es solo una parte. "Allí se suele mover más lo que molesta a cierta gente. Pero mucha gente habla de la revista sin tener la idea de conjunto. Ten en cuenta que, a lo mejor, en torno a un 20% de las más de 80 páginas de cada número tienen un contenido más marcadamente político, mientras que el resto se mueve entre el absurdo, el costumbrismo, el humor más personal, los personajes, etcétera. Pero, claro, si de pronto se viraliza una viñeta, como ha pasado con las que han ofendido a Vox, pues la gente tomará esa parte por el todo".

¿Tienen más cuidado de no ofender a la izquierda que a la derecha?

Tras el cisma que supuso la compra de la revista por el grupo RBA, con la marcha de algunos de sus dibujantes más míticos y el secuestro judicial del número con una portada de los Príncipes de Asturias en la postura del perrete, el nuevo equipo ha buscado renovación. Para mí es una palabra vacía. Para Guille significa: "Renovación generacional, estar atento a nuevos talentos, en particular a mujeres dibujantes, que no habían tenido espacio hasta hace poco tiempo, pero no solo. 'El Jueves' es, en parte, un buque escuela de la profesión del humor gráfico. Por otro lado, renovación es tomarle el pulso a las corrientes de opinión y tomar partido. Hay cosas que ya no hacen gracia. En 10 años el humor ha cambiado muchísimo".

Le pregunto por la autocensura. ¿Tienen más cuidado de no ofender a la izquierda que a la derecha? "Intentamos usar el sentido común. No hay ningún tema tabú. Muchas veces con el humor hay malentendidos, así que intentamos que quede claro el mensaje. Hay temas que son muy delicados y no sabemos cómo tratar. No se hacen los mismos chistes cuando entiendes un problema que cuando no lo entiendes. Nos parece más interesante informarse un poco, entender la problemática y a veces tomar partido por una causa". ¿Qué tipo de temas? "Las reivindicaciones de las mujeres o las minorías, que eran marginales, ahora llegan a mucha más gente y hay que intentar comprenderlas. Plantean problemas que hay que tener en cuenta".

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