Operación Mito: ¿logró Hitler escapar con vida del búnker?
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Operación Mito: ¿logró Hitler escapar con vida del búnker?

A finales de abril de 1945, ante la absoluta destrucción de Alemania, Hitler decidió al fin suicidarse junto a Eva Braun. Pero, ¿cómo lo sabemos?

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Seis posibles caras de Hitler fuera de Berlín

La historia, irrefutable, es conocida: los últimos días de Hitler y del Tercer Reich transcurrieron entre el patetismo, la locura y la angustia entre los disparos de artillería del Ejército Rojo que se encontraba a escasos kilómetros de Berlín. Bajo tierra, en los túneles y estancias del búnker de la Cancillería, Hitler y el círculo íntimo del terror nazi agotaron los últimos instantes del Reich de los mil años celebrando el cumpleaños del Führer, su boda con Eva Braun y los ilusorios y patéticos planes de una inexistente contraofensiva primero, de una huida para rehacer el sueño del nazismo después y, por último, de la asunción de la debacle final a la que se entregaron sus máximos dirigentes.

A finales de abril, ante la absoluta e inminente destrucción de toda Alemania, Hitler decidió al fin suicidarse junto a su reciente esposa mordiendo una cápsula de cianuro antes de pegarse un tiro en la sien, para asegurarse, y después de haber dado órdenes de que se incineraran sus cuerpos. En la mente del mayor monstruo de la humanidad, según la psique colectiva, estaban muy presentes las imágenes de la profanación de los cuerpos de su aliado Benito Mussolini y su amante Clara Petacci, arrastrados como cerdos por las calles de Milán, vejados y colgados boca abajo por la turba para mayor escarnio del antiguo dictador fascista.

En 1945 Stalin manifestó que no tenía pruebas de la muerte en contra del informe del mariscal Zhukov

Pero, ¿por qué es irrefutable?, ¿por qué sabemos que ocurrió así? Volvamos al segundo supuesto que se barajó entre los cimientos del búnker en abril de 1945: ¿Y si Hitler y los planes de sus colaboradores hubieran tenido éxito y realmente escapara con vida en los instantes finales de la debacle? La realidad es que toda información sobre el hallazgo de los cuerpos calcinados de Hitler y Braun partía de los soviéticos: fueron ellos quienes tomaron Berlín y llegaron hasta el último refugio del Führer.

El informe del MI5

Para desentrañar la maraña de la URSS, la inteligencia británica recurrió a Hugh Trevor-Roper, un agente del MI5 reconvertido en experto del nazismo posteriormente, que construyó la historia conocida en sus puntos básicos y que décadas más tarde haría en cambio el ridículo con algunas de sus aseveraciones. Mientras, recordemos que Stalin había manifestado ya en el mismo 1945 que no tenía pruebas de su muerte, contradiciendo los primeros informes del mariscal Zhukov, al frente del Ejército Rojo que arrasó la capital del Reich.

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Hilter entrega medallas a las jventudes nazis en el búnker en abril de 1945.

En los siguientes meses tras la caída del nazismo se desató una febril actividad por parte del resto de los aliados, Gran Bretaña y EEUU, -que también puso a trabajar al FBI en la cuestión- por conocer el verdadero destino de Hitler. Ambas investigaciones se enfrentaban a la principal traba de que la información esencial estaba en manos de los soviéticos. Surgieron dudas. También informes contradictorios con posterioridad hasta incluso bien entrados los 60. Parece una locura todo pero, ¿más que el propio nazismo o la paranoia de Stalin?

Las refutaciones de la "historia oficial" comenzaron al final de la guerra y han continuado hasta hoy

Comenzó entonces un baile de suposiciones, supuestas incongruencias, indicios y pruebas que apuntaban a la versión inicial de Stalin, unas con más fantasía que otras, algunas ridículas, otras no tanto aunque parezca increíble. Lo más interesante lo recoge en su nuevo libro el biógrafo de Hitler y experto en nazismo, Richard Evans,- 'Hitler y las teorías de la conspiración' (Crítica)- un historiador nada sospechoso de falta de rigor, es cómo se construyeron los datos que refutarían la versión canónica de Hugh Trevor-Roper, quién lo redactó para la inteligencia británica en 1945 y que plasmó en su bestseller 'Los últimos días de Hitler'.

Una historia reciente

No es una cuestión demodé. En la no tan lejana fecha de 2011 dos historiadores, Simon Dunstad y Gerrard Williams publicaron 'Grey Wolf: The escape of Adolf Hitler: the case presented'. El primero, un concienzudo historiador militar que había dedicado su obra a ladrillazos para auténticos expertos del estilo del monográfico sobre los tanques británicos 'Centurion', 'Chieftain' y 'Challenger' además de programas para la BBC. Williams en cambio era un periodista de la BBC y Sky News.

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Adolf Hitler y Eva Braun

Su libro acabó en una película para televisión en 2014. La diferencia fundamental con el resto de teorías conspiranoicas es que estaba bien escrito, era una buena historia más allá de la fantasía y daba por buenos los hechos que narran sin recurrir al consabido esquema de las teorías conspiratorias: informes que no han visto, la luz ocultados etc. Simplemente volvían a 1945 y los agujeros de las primeras versiones de Trevor Roper.

Los cuerpos del búnker eran dobles, Eisenhower como Stalin lo negaron, no hubo testigos...

En esencia siguieron las tesis básicas de los 'negacionistas' de la muerte de Hitler, es decir que los cuerpos del búnker eran dobles, que tanto Eisenhower como Stalin lo habían negado, que no hubo testigos del suicidio, que los archivos del FBI en la posguerra incluyen informes sobre la detección y el seguimiento de "Hitler en Argentina", en Bariloche, a más de 1000 km de Buenos Aires.

Los agujeros oficiales

No encontraron pruebas de testigos por supuesto, pero refutaron las teorías de Trevor Roper que es uno de los pilares de los conspiranoicos. Se basaban, según explica Evans, en algo que es cierto: en el informe del británico se descubrió que había citas de testigos de los últimos días del búnker que luego afirmaron no haber hablado con él, especialmente el caso de Heinz Linge, ayuda de cámara de Hitler.

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El historiador británico Hugh Trevor Roper

Sólo a partir de la década de los 50 con la avalancha de memorias como las del propio Linge u Otto Günnsche, edecán personal de Hitler, se pudieron reconstruir realmente, como los conocemos hoy, los últimos momentos. Todo esto lo recopilaría el historiador alemán Joachim Fest con el testimonio además de una de las secretarias Traud Jungle, en su monumental 'El Hundimiento', que fue la base de la magnífica y popular película y el mejor relato de la debacle final. Volviendo a las teorías de la conspiración lo que ocurría es que a partir de una primera investigación apresurada -que se matizó, corrigió y consolidó con pruebas irrefutables con el tiempo- como fue la de Trevor Roper, se montó prácticamente una industria sobre las supuestas mentiras de la historia oficial, ofreciendo una alternativa basada en detalles mucho más incompletos aún.

Existe una comunidad de defensores de la historia alternativa bien organizados en internet

Como señala Roger Clark: "Hay un mundo de diferencia entre las películas de guerra malas pero entretenidas, que se presentan como obras de ficción, y las películas bélicas que afirman ser históricamente rigurosas pero desprecian la verdad". El mito de la supervivencia de Hitler ha seguido unos derroteros que encajan con una exageración y manipulación de esa supuesta verdad. En definitiva una comunidad de defensores de la historia alternativa, bien organizados y cuyo laboratorio es internet donde es fácil construir redes de "conocimiento oculto" que han proliferado con los años.

La razón por la cual Stalin y la URSS después de su muerte jugaron a la confusión fue política: querían mantener viva la llama de la amenaza nazi con fines propagandísticos. Es verdad que las pruebas de las que disponían tardaron años en ver la luz. Mientras la versión británica dio cierto pábulo cuando se demostró a mediados de los 70 que otra de las fabricaciones sobre el Führer como lo fue el supuesto hallazgo de sus diarios y que fue avalada por el "experto" Trevor Roper se demostró que era una estafa. Todo leña para el fuego de la conspiración. Hitler, a pesar del interés soviético, se suicidó en el búnker de la cancillería y fue incinerado junto a Eva Braun, los escasos restos encontrados fueron hallados y escondidos por la URRS hasta la caída del muro, pero existían.

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