Cómo usar la guillotina sin mancharse de sangre
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Cómo usar la guillotina sin mancharse de sangre

Nadie como Henri Sanson utilizó el instrumento de ejecución en la Revolución francesa, casi 3.000 decapitaciones, pero el artilugio llegó a utilizarse en Francia hasta el año 1977

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La guillotina en Francia se utilizó por última vez en 1977.

Interesa preguntarse cuándo fue empleada por última vez en Francia la guillotina. La cuestión parece entresacada de un concurso televisivo, pero viene a cuento porque el artilugio del doctor Guillotin despojó la testa a un reo en 1977.

No hay error en la fecha ni en la cifra: 1-9-7-7. Es una aberración instrumental que se mantuvo en vigor hasta la abolición de la pena de muerte en 1981, aunque el último verdugo constreñido a manejar la Viuda —así se denomina alternativamente la cuchilla— no estaba obligado a oficiar el ritual con las 10 reglas que dejó escritas Charles Henri Sanson en la edad del terror posrevolucionario.

1- El reo viaja en la misma carreta que el verdugo durante el trayecto al patíbulo.

2- Se despoja al condenado de la ropa, menos el pantalón y la camisa.

3- Se le atan las muñecas a la espalda.

4- Se le corta el cabello en el caso de que lo tenga largo.

5- Se le despoja del cuello de la camisa para facilitar el trabajo.

6- Se le sujeta boca abajo en un banco paralelo al suelo.

-7 Una vez manipulada la guillotina, se exhibe al público la cabeza del reo sujetándola del cabello.

8- En caso de que el condenado sea calvo, el verdugo sujeta la testa por las orejas.

9- Finalmente, se introduce la cabeza en una cesta grande.

10- El cuerpo del condenado termina enterrado en una fosa común.

Fue Charles Henri Sanson el primero en estrenar la guillotina y el artífice de la decapitación de Luis XVI, aunque el verdugo recurrió a un artículo de prensa para sacudirse la ignominia: "Si los verdugos somos una vergüenza, no deberíamos existir. Y si somos necesarios, que se nos trate con el respeto de tales. Por favor".

placeholder Retrato de Charles Henri Sanson. (Wikipedia)
Retrato de Charles Henri Sanson. (Wikipedia)

Después aparecería el estéril debate sobre la abolición de la pena de muerte, aunque el hallazgo humanitario e industrial de la guillotina —así fue descrita por su inventor— y los juicios sumarios le permitirían acumular una enorme fortuna sobre el cadalso. Cuestión de números y de comisiones: había oficiado Sanson durante su existencia la ejecución de 2.918 personas. De ellas, 370 eran mujeres, como María Antonieta, mientras que 2.548 eran hombres, como Danton y Robespierre. Y como Luis XVI.

El antepenúltimo monarca francés y Sanson habían coincidido un par de veces antes de reunirse en el cadalso. La primera sucedió en abril de 1789, cuando el verdugo tuvo ocasión de exponer al rey que la drástica disminución de las ejecuciones le había colocado al borde de la bancarrota.

No tenía dinero para liquidar las deudas. Tampoco podía costearse las 16 personas que vivían a su cargo —familiares, empleados, servicio—, de modo que Luis XVI, sensible a los lagrimones de Sanson, concedió al verdugo un periodo de inmunidad de seis meses que servía esencialmente para preservarlo de la policía, de la Justicia y de sus abundantes acreedores.

La segunda vez se encontraron por razones técnicas y logísticas. Resulta que el rey de Francia había convocado una reunión para verificar la eficacia de la guillotina en la primavera de 1791. Allí estaba, naturalmente, el propietario intelectual de la idea, Joseph Ignaz Guillotin, pero también acudieron al encuentro el maestro encargado de patentarla, Tobías Schmidt, y el propio Charles Henri Sanson como especialista en decapitaciones.

Luis XVI aprobó el mecanismo. Le pareció eficaz, rotundo, aséptico, aunque hizo saber a los presentes que el uso de una cuchilla con forma de cruasán le parecía menos adecuada que una cuchilla oblicua.

placeholder Retrato de María Antonieta por Martin van Meytens (1767).
Retrato de María Antonieta por Martin van Meytens (1767).

El verdugo interpretó la objeción como un gesto de sabiduría. De hecho, Tobías Schmidt, constructor de instrumentos musicales, se atuvo al consejo del monarca y diseñó la maquinaria tal como se la iba a encontrar Luis XVI el 21 de enero de 1793 en la plaza de la Revolución.

"Cuando descendió de su carroza para la ejecución, le dije que tenía que despojarse de su hábito", narra Sanson en el manuscrito de sus memorias. "Me dio a entender que no quería hacerlo, pero finalmente accedió. También se resistió a que le atáramos las manos. Y preguntó si era necesario que los tambores redoblaran todo el tiempo. Se le dijo que no sabíamos".

El rey tuvo que someterse a la vergüenza que suponía dejarse cortar el cabello por el ayudante del verdugo. Había 100.000 personas contemplando la escena, casi siempre en silencio, aunque de vez en cuando prorrumpían desde el gallinero las consignas justicieras: "¡Muerte a Luis XVI!". Charles Henri Sanson estaba seguro de que finalmente se iba a producir la liberación del monarca. Imaginaba que sus leales lograrían llevárselo del patíbulo. Quizá porque el rescate hubiera permitido al verdugo abstenerse de actuar contra su voluntad.

Nunca como entonces maldijo su profesión. Nunca como aquella mañana regresó tan abatido ni avergonzado a su casa. Celebraba el aniversario de su matrimonio. O no celebraba nada, porque el hogar de los Sanson languidecía desde hacía muchos años entre la discriminación de los vecinos, la expresión fantasmagórica de los decapitados y la exasperante tradición lúgubre de sus propios antepasados.

placeholder Una tienda en Malasaña vendió guillotinas.
Una tienda en Malasaña vendió guillotinas.

Era hijo de verdugo, nieto de verdugo, bisnieto de verdugo. Todo porque el primer Sanson llamado a manejar el hacha y los útiles de tortura hubo de satisfacer el chantaje de su suegro a cuenta de un pecado de amor. Sucedió en 1688, cuando Charles Sanson I fue sorprendido en actitudes pecaminosas con 'mademoiselle' Margarita. El desliz precipitó la solución tradicional del matrimonio, pero el padre de la futura esposa, conocido con el apelativo de 'maestro Jouënne', exigió la condición de que el marido 'heredaría' la antiquísima profesión de verdugo en la ciudad de París. Puede que Berlanga conociera la historia cuando llevó al cine 'El verdugo'.

Se trataba el de verdugo de un trabajo bien remunerado y extraordinariamente impopular. No solo porque el 'bourreau', he aquí el denigrante término en francés (que además de verdugo significa burro de carga), vivía del dolor y del pavor ajenos. También porque buena parte de sus recursos provenía de una cuota impositiva 'en género' que debían facilitar los comerciantes, los fruteros, los campesinos y los restantes gremios.

Charles Sanson, orgulloso de su pasado militar, aprendió el oficio con habilidad en compañía del suegro. Era bastante diestro en la técnica de la decapitación con la espada, pero también había adquirido una singular eficacia en la tarea de administrar las torturas y los suplicios. Sabía arrancarles el labio superior a los blasfemos, quemar a fuego lento a las meretrices, arrancar la lengua a los mentirosos, amputar las manos a los ladrones, fustigar a los pecadores, herrar como ganado a los desertores o flagelar a los menores de edad que habían incurrido en delito grave.

Semejantes medidas disciplinarias solían aplicarse en presencia del público, aunque los ceremoniales más concurridos coincidían con la aplicación exhibicionista de la pena capital en las plazas mayores. Era entonces cuando Charles Sanson adquiría plena consciencia de que el oficio de verdugo equivalía a la mayor degradación humana expresamente consentida por la ley. Hasta 1981, cuando Francia, muy tarde, abolió la pena de muerte.

placeholder El último guillotinado en Francia.
El último guillotinado en Francia.

Solo cuatro años antes, la Viuda se utilizó en suelo francés. Más en concreto, entre las paredes de la prisión marsellesa de Baumettes. Se ajustició a un inmigrante tunecino para hacerle expiar el asesinato de una mujer. Y puede que su nombre, Hamida Djandoubi, no hubiera pasado a la historia de no haber caído su cabeza a la cesta por última vez.

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