"Klaus Kinski era un mierdecilla". Así se arruinó la gran marcianada del cine español
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La odisea de 'El caballero del dragón'

"Klaus Kinski era un mierdecilla". Así se arruinó la gran marcianada del cine español

Fernando Colomo estrenó hace 35 años la mayor fantasía maldita del audiovisual nacional. El filme se estrelló por exceso de tamaño, ego y ambición. Historia de un rodaje tenso

placeholder Foto: Miguel Bosé y Klaus Kinski, en la película.
Miguel Bosé y Klaus Kinski, en la película.

Hace 35 años, aterrizó en los cines uno de los mayores ovnis de la historia del cine español: ‘El caballero del dragón’. Mezcla imposible entre ‘Encuentros en la tercera fase’ y ‘Juego de tronos’, con un extraterrestre (¡Miguel Bosé!) llegando a España en plena Edad Media, el mayor presupuesto de nuestro cine y un reparto internacional de postín: Klaus Kinski y Harvey Keitel ('Malas calles', 'Pulp Fiction'). ¿Que al cine español le costaba entonces hacer grandes películas de época o de ciencia ficción? Vamos a mezclarlo todo a ver qué pasa. Lo que pasó fue 'El caballero del dragón'.

¿El resultado? Es difícil de explicar, pero seguro dejará estupefactos a los 'millennials' ('El caballero del dragón' se puede ver ahora en Amazon Prime). Parte de la crítica le atizó de lo lindo ("Descabellada e inoperante fantasía medieval"; "Lamentable y majadero ejercicio de desmitificación"), pero aún estamos a tiempo de convertir 'El caballero del dragón' en película de culto.

Al frente del ovni (director, productor, coguionista) estaba Fernando Colomo ('Bajarse al moro', 'Tigres de papel'), que tuvo que hacer aparatosas maniobras para que 'El caballero del dragón' no acabara con su carrera… y con su cuenta corriente. Taquilla tibia, litigios en EEUU y divos fuera de control: Klaus Kinski, mito del cine europeo por sus tortuosas películas con Werner Herzog ('Aguirre, la cólera de dios', 'Fitzcarraldo'), hizo grandes amigos durante el rodaje de 'El caballero del dragón' (o algo).

35 navidades después, hablamos con Fernando Colomo (Madrid, 1946) de las increíbles tribulaciones de 'El caballero del dragón'. Conclusión de la entrevista: como buen experto en comedias, Colomo sabe que tragedia más tiempo siempre es igual a comedia.

PREGUNTA. ¿Cómo logró financiar la película?

RESPUESTA. Casualmente, fue el primer año de ayudas anticipadas a los productores, por la ley Miró, y nos dieron el tope: el 50% del presupuesto, lo que sorprendió a algunos en la industria: ¡Por qué le dan tanto dinero al Colomo ese! Teníamos 200 millones de pesetas de presupuesto y nos dieron una ayuda de 100 millones, pero como el presupuesto se disparó a más de 300 millones, la ayuda acabó siendo un tercio.

El resto lo cubrimos con preventas para el estreno en cines en Estados Unidos y el lanzamiento en vídeo en España. Y nos lanzamos a ello.

P. ¿A quién se le ocurrió convertir a Miguel Bosé en un marciano?

R. Miguel fue el último en incorporarse al proyecto. Para el papel, pensamos primero en Imanol Arias, al que le gustaba la idea, pero nos dimos cuenta de que Imanol no tenía cara de extraterrestre…

P. No la tiene, no.

R. Hicimos unas caricaturas de Imanol vestido de extraterrestre y no pegaba nada. Lo hablé con él y lo entendió. Con el rodaje ya encima, empezamos a buscar a alguien más andrógino y surgió el nombre de Miguel Bosé.

placeholder Miguel Bosé, en 'El caballero del dragón'.
Miguel Bosé, en 'El caballero del dragón'.

P. Bosé era entonces una estrella del pop en plenitud de sus poderes. ¿Qué tal se portó?

R. Fenomenal, y eso que las circunstancias de rodaje no fueron las mejores para él, porque el traje espacial le hacía sudar a chorros y casi no podía respirar con la escafandra, si respiraba se empañaba, tenía que respirar... bajito. Muy profesional.

P. No se puede decir lo mismo de otra de las estrellas del filme, ¿verdad? ¿Qué pasó con Klaus Kinski?

R. Llegamos a él por casualidad. Pensamos en muchos actores para el papel del alquimista. Buscábamos un nombre potente del cine americano que no estuviera de actualidad. Tanteamos a Burt Lancaster, a Charlton Heston, a Kirk Douglas y a Robert Mitchum. Al final, nos decantamos por Vincent Price, que hubiera sido un acierto, pero no pudo porque tenía que operarse. El agente de Price nos ofreció a Kinski. Sabíamos que tenía muy mala fama, pero estábamos desesperados por encontrar a alguien. Pensamos, bueno, no será para tanto, bastará con tener tacto y tratarle bien, no tendría por qué haber problemas…

Klaus solo respetaba a los gitanos y a Miguel Bosé

P. Pero los hubo…

R. Sí. Era un liante. El día que llegó, fuimos a dar un paseo por Rosas, un pueblo maravilloso del Ampurdán. Klaus no estaba especialmente antipático, solo un poco seco, pero nos pidió más dinero. "Me pagáis muy poco, si queréis, lo dejamos y no hago la película". Se me pusieron de corbata. Luego, dijo que Rosas le parecía una "mierda" turística y que quería vivir en Barcelona [a 128 kilómetros del rodaje]. El chófer nos dijo que en Barcelona se dedicaba a ir a tablaos. Le gustaban mucho los gitanos. En el rodaje, solo respetaba a los gitanos (encargados de cuidar a los animales) y a Miguel Bosé.

P. ¿A Miguel Bosé?

R. Le respetaba porque sabía que era hijo de Luis Miguel y Lucía Dominguín y ahijado de Picasso. Kinski era muy selectivo: le gustaban los gitanos, pero también el mamoneo.

placeholder El director Fernando Colomo. (TVE)
El director Fernando Colomo. (TVE)

P. ¿Y el resto de cosas?

R. Las odiaba. El primer día de rodaje, tuvo que esperar un rato subido a un caballo, se enfadó y se pasó rebotado toda la película. Creaba un ambiente tan desagradable que intentaba siempre quitármelo de encima por la mañana, para poder comer tranquilos y relajarnos un poco, porque cuando se quedaba a comer, se sentaba solo.

P. Siga.

R. Los primeros días, comieron algunos con él, pero había tanta tensión en la mesa que no volvieron. Comía él solo, con vacío alrededor y el resto de mesas llenas.

P. ¿Qué problemas tenía? ¿Ego? ¿Carácter explosivo? ¿Divismo? ¿Todo a la vez?

R. Para empezar, exigió que no le maquillaran. No quería perder tiempo en eso… ni en nada. Llegaba a plató, se ponía un poncho y pedía un espejo para colocarse el pelo (no quería que nadie le tocara). El tiempo que tardaba en llegar el espejo, de un minuto a cinco, según nuestro grado de despiste, no paraba de insultar a todo el mundo. "¡FUCKING MIRROR! ¡NO TIENEN UN FUCKING MIRROR!". Como un poseso.

P. Ja, ja, ja.

R. "¡VAYA MIERDA DE PELÍCULA!", gritaba. Así hasta que llegaba el "fucking mirror", se removía el pelo y decía: "Estoy listo". Entonces le decíamos temerosos: "Ahora mismo empezamos, Klaus, que faltan las luces". Y se volvía totalmente loco: "¡LAS LUCES! ¡LAS LUCES! ¿PERO ESTO QUÉ ES? ¿UNA JODIDA PELÍCULA DE DAVID LEAN? IROS A LA MIERDA".

P. ¿Qué le pasaba con David Lean?

R. Le había dirigido un papelito en 'Doctor Zhivago' y no acabaron bien. Klaus le odiaba, supongo que porque David Lean era dios y él un mierdecilla ['Doctor Zhivago' se rodó 20 años antes que 'El caballero del dragón'; los odios de Klaus eran indelebles].

P. Más o menos aguantó todo el rodaje...

R. Sí, más o menos, le aguantamos a él todo el rodaje.

Me quedé debiendo 50 millones de pesetas. Lo pagué todo con la recaudación de mi siguiente película, 'La vida alegre'

P. Cuando se murió Klaus Kinski (1991), escribió usted un obituario heterodoxo en 'El País'. Cuando se muere alguien, se tiende a la hagiografía, pero usted decía de Kinski: "Mucha gente pensaba que estaba loco. Yo no lo creo así. Era un niño mimado, consentido y maleducado. De haber sido una persona mayor, solo le cabría el calificativo de hijo de puta. Pero ahora se ha muerto y nos ha dejado. Descansemos en paz".

R. Sí, no lo pude evitar (risas). Me pidieron el artículo y dije: "No tengo nada que decir de este señor, salvo que era un hijo de puta". "Pues dilo", insistieron. Lo escribí del calentón en 20 minutos.

P. ¿Con Harvey Keitel le fue mejor?

R. Es un tipo fantástico. Una anécdota: Klaus no se presentó al rodaje un lunes porque decía que no le habíamos pagado, aunque era un simple retraso del banco. Se iba los fines de semana a Italia porque tenía una novia allí. Yo creo que no le apetecía venir a trabajar ese día, porque su transferencia se hacía los viernes y solía llegar el lunes o el martes. Pues bien: Harvey Keyiel se ofreció a pagar a Klaus de su bolsillo para que volviera. Al final, no hizo falta. Es muy majo Harvey, seguimos siendo amigos.

P. Llegado el estreno, siguieron los sustos… económicos.

R. El estreno en España no fue un desastre exactamente: fue la séptima película española más taquillera ese año, un éxito para cualquier obra mía… pero no de ese presupuesto. Nos quedamos colgados. Para colmo, a la distribuidora americana no le gustó la película y rompió el contrato alegando que les habíamos mandado tarde los materiales; lo que, por otro lado, era cierto. Me vi en multitud de líos: broncas con abogados en EEUU, arruinado en España. En fin...

Abordé un proyecto que me venía grandísimo

P. ¿Perdió mucho dinero?

R. Me quedé debiendo 50 millones de pesetas. Lo pagué todo con la recaudación de mi siguiente película, 'La vida alegre', que fue un éxito comercial. Todo lo que gané con 'La vida alegre' lo utilicé para saldar las deudas de 'El caballero del dragón'. Todo menos mi sueldo: nunca cobré nada por esa película.

P. No está mal: se recuperó muy rápido del batacazo.

R. Sí, fue un milagro.

P. ¿Mereció la pena el viaje?

R. Es como todo en la vida. Dicen que en la mili te hacías más hombre, pero, claro, a base de putadas. Creo que lo peor de esa película es que no tenía suficiente experiencia como guionista. Cualquier guion lo trabajo ahora muchísimo más. Todo fue fruto de mi locura. Había rodado y producido varias películas antes, pero abordé un proyecto que me venía grandísimo.

Cine Miguel Bosé Imanol Arias
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