UN RETRATO

Raúl del Pozo: "Ahora miran cada día los clics y si no tienes te vas a tomar por saco"

Jesús Úbeda y Julio Valdeón escriben su vida, obra y milagros. “No quería superar a Umbral: me dieron un rincón importante y lo defiendo como un soldado en una garita”

Foto: Raúl del Pozo con su perrita (Sergio Sánchez).
Raúl del Pozo con su perrita (Sergio Sánchez).

Raúl atiende al teléfono fijo de casa con un sí interrogativo bajo en tono, acaso un tanto desganado. Son las 12.28 de un viernes de octubre.

Enseguida su voz se transforma. Es el Raúl del Pozo motivado, vitalista, con ganas de beberse la vida. Tiene ganas de conversar.

— Los chicos han acertado, ¿verdad?

“Los chicos” son dos excelentes periodistas contagiados sin remedio del virus del periodismo literario y de la tradición del Nuevo Periodismo. Se llaman Jesús Úbeda (1989), excelente entrevistador que sabe preguntar, escuchar y recrear atmósferas, y Julio Valdeón (1976), corresponsal en Nueva York, y un soberbio escritor de perfiles que elabora obituarios para lectores gourmet.

Valdeón y Úbeda acaban de publicar ‘No le des más whisky a la perrita. Vida, obra y milagros de Raúl del Pozo’ (La Esfera de los Libros). Son 358 páginas que se degustan como la novela más adictiva. Un libro de no ficción que parece irreal y no lo es; trabajado con entrevistas, con estilo en la escritura, un goce para los amantes del Periodismo en mayúscula.

— No es una hagiografía. Es un caos, pero con cierta organización.

— Es muy tuyo, Raúl.

— Lo dijo el propio Alsina: “Es un caos maravilloso”.

"Yo dije que tuvieran cuidado con alardear de conquistas y esas cosas porque yo había tenido más desastres que victorias"

Carlos Alsina ha escrito el prólogo. Alsina: “Raúl es un reportero de 80 años con 25 siglos de lecturas a sus espaldas, que lleva toda la vida preparándose para escribir la próxima columna”.

Del Pozo, niño del 36: “Estoy asombrado del talento de estos dos periodistas. Yo apenas quería hablar y no he leído el libro hasta después de publicarse, y no del todo, porque me da miedo. Yo dije que tuvieran cuidado con alardear de conquistas y esas cosas porque yo había tenido más desastres que victorias”.

“Les he dejado libertad, no les he coaccionado en ningún momento. Me leyeron algunos párrafos y estoy bastante asombrado. Las mujeres se lo quitan a los maridos y los maridos a las mujeres porque quieren leerlo”.

Raúl del Pozo, en París, en 1962.
Raúl del Pozo, en París, en 1962.

PREGUNTA. Ante todo es el libro de un reportero.

RESPUESTA. Es lo que soy. Dicen que soy articulista. Lo que soy es un reportero que al llegar a cierta edad se sienta en la mesa. Pero, como leerás en mis columnas, siempre hay algo de reporterismo, de contacto con las fuentes. Soy un reportero desde que nací y moriré con el ordenador buscando la noticia.

P. Ya cumplidos los cincuenta dijiste que había llegado el momento de escribir novelas. ¿Cuál es el balance de tu carrera literaria?

R. Pues… bueno. He escrito unas cuantas novelas. Algunas han tenido un éxito, pero siempre modesto.

Cuenta Paco Reyero que en la presentación de ‘Noche de tahúres’ en Madrid Camilo José Cela dijo que ese libro, su opera prima de ficción, era la mejor novela del siglo XX. Tal cual. “Gracias al comentario de Cela, vendió mucho y eso le sirvió para comprarse una casa en Marbella”, contó su amigo Serafín Quero según el relato de Reyero.

Yo creo que o estabas en el plantel de la literatura ‘oficial’ o la verdad es que era difícil triunfar en la novela. Estoy satisfecho y he tenido muchas alegrías en mi vida como escritor.

Umbral y El Mundo

P. Atesoran estilos diferentes, pero muchos los intentan medir. ¿Sientes que compites con Umbral?

R. Yo nunca he intentado superar a Umbral. Sencillamente me dieron un rincón importante en un periódico, en la contraportada, y la defendí como un soldado en una garita. Y ahí llevo 13 años en la columna de El Mundo y no me han echado. Por algo será.

P. Lo difícil es mantenerse.

R. Ahora te miden todos los días por los clics y como no tengas lectores te mandan a tomar por saco enseguida.

P. Y sigue muy atento los comentarios en Internet.

R. Por supuesto: es importante. También una cosa de aldeanos. Yo no creía que le caía tan mal a la gente. [Risas]. Está el qué dirán de mí. Me dicen que eso nadie lo ve, pero yo quiero ver lo que dicen, aunque sea malo. Lo hago por curiosidad y porque a veces dicen cosas que son útiles. El mundo de Internet es fascinante. Es superior a la imprenta. Va a cambiar el mundo. Es la cultura instantánea e inmediata, pero también tiene sus estragos, naturalmente. Hay días que te linchan y te pasean como si fuera una guerra civil virtual.

Raúl del Pozo, tras ganar el Premio Primavera de Novela con 'El reclamo' (EFE).
Raúl del Pozo, tras ganar el Premio Primavera de Novela con 'El reclamo' (EFE).

P. En un momento del libro dices que lo peor de los viejos es cuando empiezan a contar batallitas.

R. Sí, las batallitas [risas]. Yo intento ser humilde, pero me acuerdo de algunos viejos amigos míos que siempre contaban batallitas. Les daba una especie de ataque de vanidad. Por eso yo estoy más con los jóvenes porque los enemigos que tenía de mi generación ya han ‘palmado’ y solo me quedan los enemigos de las redes sociales que son muy divertidos.

P. ¿Te arrepientes de algo en tu vida?

R. De muchísimas cosas, claro. Pero no en plan católico. Errores, he cometido errores… he malgastado mucho el tiempo y ahora el tiempo me malgasta a mí.

P. Siempre has sido muy generoso con los jóvenes que inician su aventura en este oficio.

R. Porque yo lo pasé muy mal cuando empecé en esta puta profesión y siempre me he acordado de eso. Y también porque cuanto más viejo soy, más joven me siento. Tendría que consultarlo al psiquiatra.

P. ¿Regresará a Marbella, a esa Chicago con buganvillas?

R. Marbella para mí está llena de melancolía por muchas cosas. Por mi mujer… [se emociona]. Y luego lo he pasado muy bien con Camilo [Cela]. Hacíamos los viajes en los burros [a Rute, Córdoba] e íbamos a bailar tangos. Comíamos pajaritos fritos. Yo le decía, “Camilo, ¿cómo siendo Premio Nobel comes pajaritos fritos si los pájaros están para alegrar los poemas?”. Y me decía: “Ah, ah, no seas gilipollas”.

P. Tu etapa de corresponsal en París, Roma, Moscú, Lisboa, Londres y también de enviado especial a Latinoamérica, Estados Unidos… está un poco escondida dentro de una biografía tan agitada, fascinante y de cine. ¿Fue tan importante en tu carrera?

R. Desde luego que sí. He viajado por el mundo entero. He estado en una clase de inglés y de 300 era el más tonto aprendiendo el idioma. Me decían: “Joder, ¡qué vanidoso eres! Hasta presumes de ser el más tonto". Para aprender otras lenguas he sido una catástrofe, pero de algo me he enterado. He estado en las grandes ciudades. Mi etapa de París fue fundamental. Solo estuve unos meses, pero en poco tiempo me cambió la cabeza. Era la razón, la libertad, la alegría, el amor. Tengo a París como un verdadero mito, como lo más importante de mi vida, lo que más me enseñó.

"En el libro hablan varios amigos que han dicho cosas tremendas y se cree que las he dicho yo, pero han sido ellos"

P. ¿Qué es eso del ciruelo del Rey Juan Carlos?

R. En el libro hablan varios amigos que han dicho cosas tremendas y se cree que las he dicho yo, pero han sido los amigos. Estando junto a Félix Sanz Roldán [entonces director del CNI] le dije “rey”. Félix me dijo que le llamara “señor” o “excelencia”.

Así fue la conversación:

— Rey, ¿cómo va?

— Me van a operar.

— Bueno, lo importante es el ciruelo.

Del Pozo se ríe como si hubiera acabado de soltar un petardo.

“En el libro han hablado los amigos y ha sido peor". Y más risas. "Ah, no te olvides de decir que soy Premio Manuel Alcántara. Estoy muy orgulloso”

Hay muchos Raúles.

El que fue vecino del rey Fahd en Marbella y aquella sobremesa de risas y complicidades en la terraza del Río Real con Carmen Rigalt, Antonio Casado y Natalia tras verle patear al golf; el jugador arruinado y guapo del casino de Estoril y Torrelodones; el lector apasionado de los clásicos grecolatinos; el joven de Júcar que compartió el Madrid de Ava Gardner y de Orson Welles; el periodista que ha ganado los más prestigiosos premios del periodismo; el reportero que contó exclusivas de Bárcenas, que relató el tardofelipismo, que cuenta las miserias de la política; el que estuvo en Cabo Cañaveral; el niño gamberro, divertido y tímido; el luminoso miembro de tertulia del café Gijón como le enseñó a Jesús Nieto; y el conversador único de un almuerzo memorable en Lhardy con Antonio Lucas e Ignacio Camacho...

Y no le gusta que le digan maestro. Dejémoslo en leyenda muy viva.

Cultura

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