obituario

Adiós a Manuel Alcántara, el decano de los columnistas españoles

Poeta, Premio Nacional de Literatura y uno de los mejores cronistas de boxeo de la historia, llevaba seis décadas escribiendo a diario en periódicos

Foto: Manuel Alcántara. (EFE)
Manuel Alcántara. (EFE)

Manuel Alcántara seguía leyendo cada día un manojo de periódicos. Ya hacía un par de meses que no publicaba su columna en los periódicos regionales de Vocento, pero jamás perdió la curiosidad. Esos ojos vivos, las ganas de interesarse por su mundo, por los amigos, la memoria y el futuro. Acaba de fallecer en su casa de Rincón de la Victoria, desde donde veía aparcar las gaviotas, en su Mediterráneo sureño.

Alcántara (Málaga, 1928) fue amigo de González Ruano y de Umbral. También de Pablo Neruda. Devoto de Quevedo. Se bebió el Madrid bohemio de los cafés literarios de los años cincuenta. Fue el mejor cronista del boxeo español de toda la historia. Ganó el Premio Nacional de Literatura y consiguió los más importantes galardones periodísticos.

Pero Manolo, como le tratábamos los amigos (imposible de no repetir esta palabra en cada párrafo), fue mucho más. Llegó a ser el decano de los columnistas españoles (seis décadas escribiendo sin interrupción) y sus artículos, siempre llenos de ingenio, humor e ironía, se convertían en el salvavidas diario, con su contrapunto de mirada siempre lúcida, para varias generaciones.

El poeta amigo de las distancias cortas, de la buena conversación, del gintónic, de ver contemplar la vida y disfrutarla a cada momento, sabía de la fugacidad de los instantes, de cómo “sobreponerse es todo”, una frase que le encantaba repetir en sus almuerzos en el restaurante María, en su mesa favorita, la primera entrando a la izquierda.

Cofrades de la columna

Alcántara fue admirado por muchos de los columnistas españoles contemporáneos, pero no creó escuela. Su estilo no era fácil de imitar. Le gustaba leer a los jóvenes y mantuvo excelente relación con ilustres cofrades de la columna como Raúl del Pozo o Ignacio Camacho. También con Antonio Lucas (a quien conoció de niño), Manuel Jabois, David Gistau, Eva Díaz Pérez, Emilia Landaluce, Jorge Bustos, Javier Caraballo, Juan Soto Ivars, Jesús Nieto Jurado... Todos han venido a Málaga a los cumpleaños de Alcántara y hemos brindado por su longevidad y maestría. Todo esto gracias a la Fundación Manuel Alcántara, fundada en 2007 por Francisco Barrionuevo y que hoy preside Antonio Pedraza; siempre con el trabajo de su nieta, Marina Maier Alcántara.

A Teodoro León Gross, actual articulista de 'El País' y dos décadas columnista de 'Sur', la casa de Alcántara desde finales de los ochenta, le consideraba su “hijo adoptivo”. Fue León Gross quien me abrió el universo alcantariano hace 12 años. Con él y la profesora María Angulo organizamos congresos en honor a su figura que sirvieron de homenajes en vida, como debe ser, y granjearon amistades entre periodistas. Y se consolidó su legado.

Teo había elaborado una tesis doctoral en 1995 sobre la retórica de sus columnas y yo acabé escribiendo mi tesis sobre sus crónicas de boxeo en el diario 'Marca' (1967-1978). Recopilamos, junto a una extensa entrevista, sus mejores crónicas en 'La edad de oro del boxeo. 15 asaltos de leyenda' (Libros del KO, 2014). Alcántara recordaba los detalles de cada combate, qué pasó en cada asalto, cómo enviaba la crónica, un reporterismo urgente de altísima calidad literaria en la edad de oro del pugilismo español.

Amaba el periodismo y las redacciones. Fue muy feliz en las de 'Arriba' y 'Marca'. Se interesaba por la tramoya de este oficio y el trabajo de los reporteros

Porque Manolo amaba el periodismo y las redacciones. Fue muy feliz en las de 'Arriba' y 'Marca'. Se interesaba por la tramoya de este oficio, por el trabajo de los reporteros: conoció de cerca a Mikel Ayestarán, Premio de Periodismo Manuel Alcántara, que ya lleva 16 ediciones (su premio de poesía va por las 26 temporadas), o a David Jiménez, cuando era corresponsal de 'El Mundo' en Asia, y a quien trajimos a la Universidad de Málaga para dar una charla a los estudiantes de Periodismo. Su juventud de alma queda reflejada en cómo detestaba la frase nostálgica "en mis tiempos". "Mis tiempos son también estos", precisaba al interlocutor con contundencia.

Íntimo de José Luis Garci, se telefoneaban en los descansos de los partidos del Real Madrid. Compartían las vivencias del bar La Tortuga de la plaza Manuel Becerra de Madrid, la sabiduría del boxeo y la voraz lectura de periódicos y libros.

"Cuando termine la muerte, si dicen: ¡A levantarse!, a mí que no me despierten"​.

Sirvan estos versos de Alcántara para recordar siempre al maestro.

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios