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1998, el año en el que todo el mundo vio Titanic y España iba "bien"

Las colas del cine doblaban la esquina y llegaban hasta la carretera. Fue un fenómeno a nivel mundial y todavía hoy es la película que más entradas de cine ha vendido en la historia

Foto: Fotograma de 'Titanic'
Fotograma de 'Titanic'
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Las colas del cine doblaban la esquina y llegaban hasta la carretera. La policía tenía que cortar el tráfico. Muchos ya la habían visto, pero daba igual. Querían sumergirse otra vez en esa historia de amor contemporánea que su director, James Cameron, había vendido a la Fox como los nuevos Romeo y Julieta luchando contra los prejuicios de las clases sociales y un iceberg. Era el invierno de 1998 y, por supuesto, la película era ‘Titanic’, que se había estrenado el 9 de enero (el 19 de diciembre de 1997 en EEUU). La más cara hasta entonces de la historia. Pero también la que más ha recaudado en la venta de entradas en taquilla, todavía hoy por delante de las películas de superhéroes. En total, 2.185 millones de dólares, de los cuales 44 millones se recaudaron en España. Estuvo 16 semanas como la película más vista y se mantuvo todo un año en la cartelera. Y es una de las que más ha gustado a la Academia de Hollywood, que le dio once Oscar, entre ellos el de Mejor Película y Mejor Director. Todo en Titanic, como su propio nombre, es abrumador. El último gran estreno de la era moderna del cine.

“Yo me acuerdo de que iba al instituto y todo el mundo hablaba de la película. Mis amigas iban a verla dos o tres veces. La gente tenía fotos, posters en su casa. Además, la única manera de revivir la película que tenía la gente era yendo al cine otra vez o comprándose la BSO, porque Internet estaba en pañales”, comenta José Madrid, periodista de esta casa y autor del libro ‘Titanic: Historia de un fenómeno’ (T & B editores). La banda sonora de James Horner con la cantante Sissel y la canción de Celine Dion, 'My heart will go on', también dieron la vuelta al mundo.

Todo el mundo hablaba de la película. Mis amigas iban a verla dos o tres veces. La gente tenía fotos, posters en su casa. La única manera de revivir la película que tenía la gente era yendo al cine

'Titanic' había sido un esfuerzo grande -titánico sería la palabra si no quedara demasiado visto y redundante -pero consiguió tocar una tecla que es muy difícil. No partía con buenas expectativas. La producción se había alargado porque Cameron había querido crear un transatlántico tal y como fue aquel que salió del puerto de Southampton el 10 de abril de 1912. Con los mismos camarotes y cubertería. La de los ricos y la de los pobres. Incluso había rodado el pecio sumergido a varios kilómetros en el océano Ártico, que son las imágenes con las que se topaba el espectador nada más iniciarse la cinta para dar lugar después a una reconstrucción fidedigna de cómo era el barco y sus suntuosos compartimentos. Era todo de una magnitud enorme.

Y esto, que podría haber sido un desastre, funcionó. “Lo que consiguió Cameron fue una película en la que había de todo, era una historia de amor, de acción, histórica, pero también para cinéfilos a los que les gustaba el Hollywood clásico. De hecho, se la comparó con 'Lo que el viento se llevó', y a día hoy estas dos películas son las que más gente ha visto en todo el mundo. Abarcaba mucho más que otras grandes películas comerciales, que tenían el target más definido”, comenta Madrid. Precisamente, el fin de semana del estreno 'Titanic' tuvo que competir con 'El mañana nunca muere', otra de James Bond con Pierce Brosnan, y 'Scream 2', que atraía bastante a la chavalería. Desde aquel día quedó claro que Titanic se iba a llevar la partida. “Es que la podía ver desde un niño de 8 años a una señora de 80, como dijo el propio Cameron. Y llevó al cine a gente que nunca iba al cine. Eso no lo consiguieron otras películas”, apunta este periodista. Ni siquiera otros blockbuster como 'El señor de los anillos' o los filmes de 'Harry Potter'.

Era una película en la que había de todo, era una historia de amor, de acción, histórica, pero también para cinéfilos a los que les gustaba el Hollywood clásico

Lo que tenía, además, esta historia de catástrofes -todos sabíamos que el barco se había hundido, que habían muerto la mayoría de los pasajeros y tampoco era la primera película sobre el tema- era que ponía a disposición del espectador los estereotipos que siguen funcionando en los relatos desde que estos existen. Desde el pobre que se enamora de la rica, que los ricos sean los personajes malvados, que todo esté abocado a la tragedia y a un amor imposible… “Es un cuento de hadas en alta mar. Recurre a lo universal y además lo moderniza porque el personaje de Rose no es la clásica damisela a la que hay que salvar”, sostiene Madrid. La propia Kate Winslet señalaba en 2012 que no le gustaba verse en 'Titanic' porque parecía mayor de lo que era -23 años de edad-, incluso mayor que Leonardo Di Caprio, que tenía un año más. Pero eso reforzó la película. Había muchas chicas que querían ir a ver a Di Caprio, pero también gustaba que Winslet no fuera la típica barbie mona y frágil, sino que ella parecía más apta para salvarse que al revés. Y, al final, como no podía ser de otra manera, es la que sigue con vida. “Esto es también muy típico de los personajes femeninos de las películas de Cameron. Ahí está Linda Hamilton en 'Terminator' o Sigourney Weaver en 'Alien'”, apostilla Madrid.

Una entrada para Titanic: 3,5 euros

Ir al cine a ver 'Titanic' en aquel invierno del 98 costaba unas 600 pesetas, es decir, unos 3,5 euros. Esta cantidad da la medida de cómo estaban las cosas pocos años antes de que entrara el euro en circulación. Y sí, todo costaba la mitad o menos que hoy para, atención porque esto es lo más chirriante, un sueldo medio de unas 200.000 pesetas mensuales, según los datos del INE (unos 1200 euros). Efectivamente, más o menos como ahora.

Y Jack Dawson no pudo subirse a la tabla
Y Jack Dawson no pudo subirse a la tabla

Otros datos de precios llamativos: un piso de unos 70 metros cuadrados en Madrid costaba doce millones de pesetas (76.000 euros). Eso sí, sólo un año después ese mismo piso costaría dos millones de pesetas más. No está de más recordar otro dato: ese 1998 el Gobierno de José María Aznar aprobaría la nueva Ley del Suelo que abocaría la mayor construcción de viviendas de la era contemporánea con las consecuencias que hoy todos sabemos.

Pero aquello era otro mundo. Hasta el presidente Aznar, que había ganado las elecciones en 1996, comentaba en público aquello del “España va bien”. Bajaba el paro, todo era barato, como ese menú diario por 800 pesetas -menos de seis euros, cantidad por la que hoy no comes ni en el peor sitio valorado en Tripadvisor. El abono de diez viajes en transporte público costaba 700 pesetas en Madrid, es decir, poco más de seis euros. Hoy son 12 euros para un sueldo similar.

Septiembre de 1998: Aznar y su buena relación con el PNV de Arzalluz (EFE)
Septiembre de 1998: Aznar y su buena relación con el PNV de Arzalluz (EFE)

La era del optimismo, como la ha llamado Ramón González Ferriz, que hacía que ni siquiera se movieran las cosas en el Gobierno. Aznar estaba respaldado por Francisco Álvarez Cascos y Rodrigo Rato como sus vicepresidentes. Ese 1998 solo cambió a Miguel Ángel Rodríguez como portavoz por Josep Piqué. Un poco de seny catalán. Porque entonces también se hablaba catalán en la intimidad -y el PP pactaba feliz con CiU y PNV. En abril de aquel año se produjo el desastre de la mina de Aznalcóllar que produjo un ingente vertido tóxico en el Parque Nacional de Doñana. No provocó ni medio rasguño en el Gobierno.

El mundo ante la bragueta de Clinton

En el resto del planeta las cosas tampoco parecían ir tan mal. Hasta en Irlanda del Norte se arreglaba el asunto del Sinn Fein con los acuerdos del Viernes Santo. Fin del conflicto armado y un respiro también para España donde se llegaba a una tregua de ETA que duraría hasta el año 2000.

Aquel fue el año en el juez Baltasar Garzón pediría la extradición de Augusto Pinochet, que estaba en Reino Unido con su amiga Margaret Thatcher. Hubo una polémica ardua, pero al final el dictador salió andando en el aeropuerto de Santiago de Chile y ahí acabó todo.

Los asuntos más graves en el país hegemónico, lo que demuestra cómo estaba el mundo, eran de bragueta. En concreto la de Bill Clinton. En enero del 98 saltaba en The Washington Post el romance con la exbecaria Monica Lewinsky. Clinton se vio obligado a salir junto a Hillary - hoy no está nada claro que saliera junto a él -para explicar que “no había tenido relaciones sexuales con la señorita Lewinsky”, una frase que dio todas las vueltas posibles -hasta hizo aparecer un vestido azul con manchas de semen que Lewinsky se había guardado- y acabó provocando un impeachment al presidente. Sí, en EEUU se debatía en un tribunal sobre si una felación eran relaciones sexuales o no. Finalmente Clinton sería absuelto -todo se zanjó con un “relación inapropiada”- pero había sido un año de lo más entretenido para la prensa. Y esto ocurrió muchos años antes del #metoo.

La famosa foto en la que el expresidente Clinton saludaba a Lewinsky en 1996 (Gtres)
La famosa foto en la que el expresidente Clinton saludaba a Lewinsky en 1996 (Gtres)

Además de esta historia, en el mundo ocurrieron cosas que anunciaban el siglo XXI. Por ejemplo con las tecnologías. En 1998 se empezaba a utilizar el móvil a nivel popular - Nokia, Alcatel y Ericcson dominaban el mercado-, se usaban cada vez más las direcciones de correo electrónico (aunque fuera con nombres absurdos) y dos tipos de la universidad de Stanford, Larry Page y Sergui Brin, creaban el buscador Google. También Microsoft lanzaría su Windows 98. Y faltaban solo unos meses para el lanzamiento de Napster (y todo lo que conllevaría en cuanto a la discusión sobre la propiedad intelectual).

En otro orden de cosas en Eurovisión ganaba Israel con la canción ‘Diva’ que cantaba Dana International. Fue la primera trans en ganar este festival y fue el inicio de una nueva era para este certamen relacionado con la lucha por los derechos de la comunidad LGTBI.

'Titanic' llegó a ser tan asquerosamente famosa que poco tiempo después sería una de las más odiadas. Hoy, sin embargo, es ya un clásico de la cultura pop

Todo esto ocurría mientras a Jack Dawson, el personaje de Di Caprio, se le apagaba la vida en las heladas aguas del Ártico todos los días. La película llegó a ser tan asquerosamente famosa que poco tiempo después sería una de las más odiadas. Es la simbiosis eterna entre la pasión y el rechazo. Sin embargo, como dice el periodista José Madrid, hoy parece que ha pasado por su purgatorio. “Ahora ya es un clásico popular, un símbolo del cine”, afirma. Y si hoy la pusieran por la tele, lo cual no sucede muy a menudo - los derechos de emisión siguen siendo caros- más de uno se tumbaría en el sofá a disfrutar de esas tres horas de amor, acción y catástrofe.

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