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Muere Rosa Maria Sardà a los 78 años, una de las actrices más queridas de España

Ganadora de dos Goya, recientemente había publicado su primer libro, 'Un incidente sin importancia', en el que recordaba la historia de sus abuelos cómicos y la Guerra Civil

Foto: Rosa Maria Sardà. (EFE)
Rosa Maria Sardà. (EFE)
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La actriz catalana Rosa Maria Sardà, una de las más conocidas y queridas de España ha muerto hoy en Barcelona a los 78 años de un cáncer. Recientemente había publicado su primer libro, 'Un incidente sin importancia', en el que recuerda a sus abuelos, cómicos antes de la Guerra Civil, y cómo era la convivencia en Cataluña. "Me inspiraba más escribir sobre personas que casi no conocí porque si no las recuerdo yo, quién se va a acordar de ellas. Ahora mucha gente leerá sobre la ‘avellanaconpatas’ y eso me da un cierto calorcillo… Esos personajes maravillosos que yo conocí", contaba este pasado diciembre en una entrevista con El Confidencial.

En ella, la Sardà, como se llama a las grandes damas del teatro, y ella se lo ganó con creces —ganadora de dos premios Goya, uno por '¿Por qué lo llaman amor cuando quiere decir sexo?' y el otro por 'Sin vergüenza', y de un Max Honor de teatro—, hablaba también de su humor y cómo nos tomamos la vida con muy poco: "Algunas cosas hay que tomárselas en serio y otras con una mirada más optimista. El sentido del humor aquí es muy del garrote y del plátano en la cara. No hay un humor sutil como el inglés o el francés. Es un poco de sal gorda. Yo tengo una cierta ironía y muchas veces no me han entendido lo que hago. La ironía no se entiende mucho aquí".

La dura posguerra

La actriz había nacido en una Barcelona de posguerra. Año 1941. Un año feo. Eran una familia trabajadora. Del barrio de San Andrés en el que los críos todavía jugaban a la pelota en la calle. Y poco más. Sus abuelos maternos se habían dedicado al teatro como cómicos de la legua, aquellos que tan bien retratara Fernando Fernán Gómez en 'El viaje a ninguna parte'. Su madre había preferido seguir otros caminos y acabó como enfermera. De hecho, durante la Guerra Civil conoció al padre de Sardà. Desde muy pequeña, ella, sin embargo quiso seguir la profesión de sus abuelos, pese a la oposición de su madre. "Mi madre no quería que fuera actriz… Pero mis abuelos se lo pasaban estupendamente, ese era su medio de vida", comentaba recientemente.

Algunas cosas hay que tomárselas en serio y otras con una mirada más optimista. El sentido del humor aquí es muy del garrote y del plátano en la cara


Algunos de los recuerdos de la guerra y la posguerra los volcó en su libro autobiográfico. En uno de los pasajes contaba cómo mataron a su abuelo paterno de un tiro por la espalda por pertenecer al bando republicano. "Yo he vivido con gente que estaba asustada porque la posguerra duró 40 años. Es que eso era una dictadura", recordaba con cierta rabia. Pero más le molestaba que ahora se comparasen aquellos tiempos con los actuales, sobre todo en Cataluña: "¡Qué sabéis lo que es una dictadura! Pero si podéis estar quemando cosas, podéis acampar y hacer numeritos… porque deben de haber oído hablar de Mayo del 68 y estas cosas y dicen, “bah, no vamos a ser menos”. Porque si no es que no lo entiendo. ¡Pero qué saben lo que es una dictadura! ¿Cómo pueden decir ‘fascista’ con esa facilidad? Y bueno, en el libro no cuento nada de lo que podría…", afirmaba.

Con poco más de 20 años comenzó a trabajar en el teatro aficionado en el barrio de Horta. Poco a poco, iría pasando a compañías más estables

Con poco más de 20 años comenzó a trabajar en el teatro aficionado en el barrio de Horta. Había aprendido mucho de su abuela que fue la que le hablaba del teatro y le decía "que había que vocalizar, leer mucho, leer en voz alta en castellano y en catalán para dominar bien las dos lenguas que se hablaban en este país", contaba la actriz. Poco a poco iría pasando a compañías más estables. Y también llegaron programas de televisión, ya en los setenta. En aquellos años, trabajaría con algunos de los que fueron sus grandes amigos, como Ventura Pons, Josep Maria Benet, Terenci Moix, Lluís Pasqual, Núria Espert... Benet llamaba a aquel grupo Camelot, "y en él Terenci era el rey", apostilla la actriz. Tiempos felices que también estuvieron marcados por alguna desgracia, como el fallecimiento de su hermano Juan a causa del sida en los inicios de los ochenta. En los últimos meses, tanto Rosa Maria como su otro hermano, el popular periodista Xavier Sardà, recordaron "el infierno" que pasaron durante los dos años en los que su hermano, que solo tenía 26 años cuando falleció, sufrió la enfermedad.

Los éxitos de los noventa

En los ochenta se haría muy conocida para el público de toda España por programas de televisión como 'Ole tus vídeos' o 'Ahí te quiero ver', en los que soltaba su flema humorística como presentadora. Fue una época en la que reconocía que quizás había un humor más fresco, "porque estábamos estrenando una democracia, pero aun así y todo, no te creas", alertaba: "Estábamos en un país democrático, pero no acababa de ser cierto".

Rosa Maria Sardà, en una gala de los Goya.
Rosa Maria Sardà, en una gala de los Goya.

Sin embargo, fueron los noventa los que le dieron el gran espaldarazo dentro del cine, y sobre todo de la comedia —aunque más tarde en su vida artística optara por el drama—. De aquella época vienen películas tan conocidas como '¿Por qué lo llaman amor cuando quiere decir sexo'?, con unos jovencísimos Jorge Sanz y Verónica Forqué, y que le valió el Goya en una gala que ella misma presentó: lo haría hasta tres veces y es de las pocas que han sobrevivido bien a una gala de los Goya, 'Suspiros de España y Portugal', 'El efecto mariposa', 'Siempre hay un camino a la derecha', 'Airbag' y 'La niña de tus ojos', entre otras. Con ese bagaje, la actriz siempre ha contado, no obstante, que tuvo que trabajárselo mucho para que la tomaran en serio: "Quizás es que antes no había tantas oportunidades como ahora de hacer televisión, series… Estaba el teatro. Yo el cine ni me lo había planteado y empecé muy mayor en el cine, con Berlanga…", resumía.

Durante los dos mil tampoco dejó de trabajar. Fue protagonista de la serie 'Abuela de verano', que también la acercó al gran público y en la que compartió escenas con su hijo Pol Mainat, nacido de su matrimonio con Josep Maria Mainat, productor y miembro de la Trinca, de quien se divorciaría en los noventa. Aunque nunca había abandonado el teatro lo retomó con fuerza con obras como 'Wit', que le valió numerosos premios y en los que recreaba la historia de una escritora enferma de cáncer. Esta obra fue dirigida por Lluís Pasqual, que también la dirigió en 'La casa de Bernarda Alba' en 2009. Mientras, en el cine estrenaba 'Todo sobre mi madre', 'Sin vergüenza' —otro Goya—, 'Te doy mis ojos' y 'La reina de España', su última película, dirigida por Fernando Trueba en 2016.

Contra el independentismo

Sardà se había reído de los tópicos catalanes en 'Ocho apellidos catalanes'. En esta película ejercía el papel de una matriarca con sueños húmedos independentistas. Todo lo contrario a lo que era la propia actriz, que en 2017 devolvió la Cruz de Sant Jordi que le había otorgado la Generalitat porque no estaba conforme con sus políticas separatistas. En su último libro y en la entrevista que ofreció a este periódico en diciembre recordaba con dolor cómo se había perdido la convivencia en Cataluña y cómo todavía persistía el racismo con todo aquel que viniera de fuera, incluso de Murcia. "Es un racismo que sigue: estos no son de los nuestros y estos no son de aquí y estos fuera… Ahora, un señor dice que los retrasos en los hospitales son porque viene gente de fuera. Y mira, dices: vete a la mierda", decía hace solo unos meses. Y le daba rabia también porque ella siempre defendió que "el pueblo convive. A la gente, si no la espolean no…" lamentándose de lo ocurrido en los últimos años en su tierra: "Es Cataluña la que está dividida. Yo no tengo nada en contra de nadie de ningún sitio. A la que no aceptan es a mí porque no soy independentista. Pero, vamos, la fractura donde está es aquí".

En 'Ocho apellidos catalanes' ejercía el papel de una matriarca con sueños húmedos independentistas. Todo lo contrario a lo que era la propia actriz

La actriz catalana será recordaba por varias generaciones. Por pertenecer a una época de una televisión, un cine y un teatro en España. La apertura a la democracia. Unas ciertas libertades y ese cierto humor que quizá estamos perdiendo encorsetándonos y tomándonos demasiado en serio. En esta entrevista finalizaba así: "Cuando he dicho algo es que montan un drama que hostia tú. ¿Tú crees que se puede hacer un drama porque dije 'un día me desperté y era vieja'? Pero... ¡si eso hace reír en mi pueblo! Pues no, se ve como un drama nacional". Los dramas, como sabemos, son otra cosa. Sardà lo que nos hizo fue felices.

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